No me caí del caballo, pero encontré la Verdad
Natalia, lectora de este blog, me ha enviado el relato de su conversión. Como verán, es una conversión más gradual que otras que se han publicado en este blog, pero no por ello es menos estupenda la actuación de Dios en su vida.
Me ha llamado mucho la atención del relato la unidad intrínseca entre la importancia de la búsqueda de la Verdad en su aspecto intelectual y la necesidad de humillar el intelecto y someterlo a la Revelación de Dios, a su Palabra y a su Iglesia. Natalia muestra muy bien la necesidad de un proceso intelectual, de una “conversión de la mente”, que tiene que ir necesariamente acompañada de una “conversión del corazón” que va más allá de nuestra limitada razón.
También me ha gustado la relación con la muerte de Juan Pablo II. No podemos conocer los caminos de la Providencia, pero estoy convencido de que la conversión de Natalia es uno de los frutos del tiempo en que Juan Pablo II se mantuvo fiel a Dios en medio del sufrimiento, desempeñando su misión a pesar de la enfermedad y de la humillación que significaba su debilidad. Dios se ha complacido en recompensar abundantemente esa fidelidad. Por cierto, si Dios quiere, mañana les contaré otro fruto sorprendente de la entrega de la vida de Juan Pablo II en sus últimos años y de su funeral, para que disfruten conmigo de las maravillas que hace Dios.
Quizá Natalia, como lectora del blog, quiera responder a las preguntas que los demás lectores puedan hacer.
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En el artículo anterior, hablábamos de Internet como un nuevo camino de evangelización, según ha dicho Benedicto XVI a los jóvenes. Una lectora, Yolanda, planteó una interesante cuestión:
Cuando los romanos construían sus calzadas por todo el mundo conocido, no eran conscientes de ello, pero estaban preparando el camino para los Apóstoles. Su propósito era facilitar las comunicaciones militares, comerciales y administrativas que les permitieran gobernar su extensísimo imperio, pero Dios tenía otros planes. Las calzadas romanas unieron puntos lejanos de Europa, Asia y África, entre los que anteriormente era muy complicado viajar, y los primeros misioneros cristianos aprovecharon esas vías de comunicación para anunciar el Evangelio hasta el último rincón del mundo grecorromano. Las águilas imperiales, sin saberlo, se convirtieron en heraldos de la Cruz.
En el
He recibido esta carta de una lectora que vive en los Estados Unidos. Me cuenta en ella cómo vive la fe en la sociedad norteamericana, sus dificultades, sus luchas, etc. Lo he titulado “Vida oculta de una católica en EE.UU.” recordando la vida oculta de Jesús durante 30 años en Nazaret, porque Conchi vive la fe sin llamar la atención y no sale en los periódicos ni cena con el Presidente, pero eso no le quita ni un ápice de intensidad a la aventura en la que se ha embarcado.



