Oraciones secretas de la Misa
A continuación, incluyo todas las oraciones secretas de la Misa según la forma ordinaria del rito romano. En este otro artículo, explico lo que son esas oraciones “secretas” de la Misa, es decir, aquellas que el sacerdote recita en voz baja.
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ORACIONES SECRETAS DE LA MISA, EN LA FORMA ORDINARIA DEL RITO ROMANO
- Antes de leer el Evangelio, el sacerdote se inclina ante el altar y dice: “Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio”. Y si es un diácono el que lee el Evangelio, le pide al obispo o sacerdote la bendición, también en voz baja: “Padre, dame tu bendición”. Y la respuesta es: “El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Antes de proclamar el Evangelio y de explicarlo a los fieles con la homilía, estas oraciones recuerdan al sacerdote que él es un pecador como los demás, que si puede anunciar la Buena Noticia de Jesucristo es por pura gracia de Dios y no porque sea mejor que los demás.

Curiosamente, la frase de Benedicto XVI que me pareció más importante del famoso Motu Proprio Summorum Pontificum no formaba parte del mismo. Estaba incluida en la Carta que el Papa dirigió a los obispos como acompañamiento del Motu Proprio: “las dos formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente“.
Creo que ya he dicho otras veces que es una pena que no nos fijemos más en las lecturas de la Escritura que se proclaman en Misa. Si lo hiciéramos, enseguida nos saltarían a la vista multitud de extrañezas que nos ayudarían a comprender mejor lo que realmente se está diciendo en la lectura.
Recojo hoy en el blog este texto que me ha enviado Cristhian y en el que nos cuenta algo de su boda y de su peculiar triángulo amoroso. Que lo disfruten.
No, no voy a hablar de los casos de pederastia. Son algo inexpresablemente horrible pero, al menos, son poquísimos en comparación con el número total de sacerdotes. Voy a hablar de algo mucho más extendido, que me resulta más cercano y cuyas consecuencias he sufrido en multitud de ocasiones.









