La situación de la Iglesia es muy grave
Después de más de dos años de escribir en mi blog la serie “Polémicas matrimoniales” en torno a los dos Sínodos de la Familia, en los que hemos visto a multitud de obispos pronunciarse como favorables al “divorcio católico”, a los anticonceptivos o a las parejas del mismo sexo, lo que más me sorprende es que constantemente aparece gente que me dice que “no pasa nada”, que las cosas “siguen igual”, que todo es un malentendido y que no hay que preocuparse.
Por un lado, creo que la estrategia del avestruz de hundir la cabeza en tierra y negar la crisis en la que estamos inmersos es ridícula. Por otro lado, sin embargo, entiendo que hay gente que sólo ha seguido de lejos la cuestión o no tiene la preparación necesaria para entender la gravedad de la situación, no sólo por la magnitud de la confusión creada, sino ante todo por la importancia de la materia a la que afecta esa confusión. Voy a intentar, pues, dar una idea resumida de la importancia de lo que la Iglesia se está jugando en este tema.
Sería imposible tratar en un artículo todos los casos, declaraciones, textos y sucesos concretos que han ido llevando a esta situación (muchos de los cuales ya traté en la serie Polémicas matrimoniales), así que me voy a limitar a analizar el hecho más importante y decisivo: la carta de los obispos de la Región Pastoral Buenos Aires sobre la interpretación de Amoris Laetitia, fechada el 5 de septiembre de este mismo año, y la carta del Papa Francisco, que aprueba esa interpretación. Esas dos cartas supusieron, a mi juicio, un punto de inflexión de toda esta crisis por la que está pasando la Iglesia. No parece que sea una casualidad que los dubia de los cuatro cardenales se presentaran unos días después de la fecha de dichas cartas. Como veremos, tras ambas cartas la confusión se hizo tan grande que la situación se tornó insostenible.

Los norteamericanos celebran hoy su Día de Acción de Gracias, una de las principales fiestas del país, que junto con Todos los Santos y Navidad, configura todo el calendario de la última parte del año. Es una festividad entrañable, en la que las familias suelen reunirse, se preparan buenas comilonas con platos que nadie prepara durante el resto del año, se tienen las peleas y discusiones propias de estas reuniones, muchos regalan pavos de peluche a los niños o ponen enormes pavos inflables en el jardín y todo el mundo se felicita y se divierte.
En el último artículo, un lector, Feri del Carpio, escribió un comentario que me resultó muy interesante y que me gustaría analizar hoy:
Hoy se celebra la festividad de San Simón y San Judas, apóstoles. Se les conmemora el mismo día porque murieron juntos como mártires, en la lejana Persia. Las tradiciones cuentan que, cuando iban a ser ejecutados, Judas dijo a Simón que estaba viendo al Señor que los llamaba para que fueran al cielo. A San Simón se lo suele representar con una sierra, porque lo cortaron en dos, mientras que a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza o lo mataron a golpes, según las tradiciones, de modo que se le representa con un hacha o con un garrote, además del libro o rollo referente a la carta de San Judas de la Biblia. Sus reliquias se encuentran actualmente en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.



