Escudos episcopales
Ayer, consultando la página web de una diócesis, me resultó interesante ver el escudo episcopal de su obispo. Si curiosean un poco por las páginas de las diócesis españolas, verán que es habitual en ellas mostrar el escudo elegido por sus obispos y explicar el simbolismo que encierran.
No sé que pensarán los lectores de los escudos episcopales. A primera vista, puede parecer una costumbre obsoleta, un resto de tiempos pasados sin mucho sentido hoy en día. Quizá incluso se podría considerar como un signo inapropiado de ostentación por parte de los obispos, llamados a ser siervos del Pueblo de Dios. Después de todo, estos emblemas eran escudos nobiliarios en los tiempos en los que los obispos, por razón de su cargo, eran considerados miembros de la nobleza.

Leyendo el título y si les digo que este artículo trata sobre los profesores de religión (o, al menos, sobre algunos de ellos), supongo que sacarán una conclusión bastante precisa de lo que pienso sobre el tema. Para explicar mis razones, les contaré una experiencia cercana a mí, que pienso que es muy significativa.
.
Ya he dicho en alguna ocasión que, en mi opinión y al menos en el caso de mi blog, los comentarios de los lectores son a veces más interesantes, profundos o ingeniosos que los artículos que comentan.
Hace unos días, vi que varios comentaristas del criticaban mucho la Misión Joven, que ha tenido lugar este año en Madrid por iniciativa del Cardenal Rouco. Incluso daba la impresión de que, por alguna razón, deseaban su fracaso. Se me ha ocurrido pedir a un primo mío que dé su testimonio personal de lo que hicieron en su parroquia, para que los lectores puedan juzgar por sí mismos.









