¿Por qué es tan mala nuestra música litúrgica?
Recojo hoy en el blog el resumen de un artículo realizado por un lector (Luis), que expone ocho mitos frecuentemente escuchados sobre la música litúrgica. Creo que podría servir como base para una interesante discusión sobre el tema de la música en la liturgia.
Por desgracia, en España la música sagrada se cuida muy poco (y ese descuido se nota). Cuando la música litúrgica se resiente, la propia liturgia se resiente también, porque música y liturgia siempre han estado intrínsecamente unidas. Se me ocurren muchas cuestiones relacionadas con el tema:

Religión en Libertad inició hace tiempo una meritoria campaña para pedir al Rey que no firmase la futura Ley del Aborto, que convierte esta barbarie sangrienta en un derecho. Como es lógico, no podría estar más de acuerdo en que el Rey, como monarca, como cristiano y como ser humano, no debe firmar esta Ley inicua y repugnante (más aún, si cabe, que la que actualmente está en vigor).
Hay tantos cantos preciosos de Navidad en la Tradición de la Iglesia que es difícil decidirse por alguno para ponerlo en el blog. He elegido uno muy cortito y muy bien cantado por un coro polaco. El himno se llama Omnis mundus jocundetur, es decir, “Alégrese el mundo entero”. No se preocupen, que además del texto latino incluyo una rápida traducción, para los que sean de Ciencias.
Una de las cosas buenas que tiene la verdad es que es universal. Las verdades teológicas son ciertas en todas partes y no dependen de zonas, idiomas, políticas o características culturales o históricas. Y sí, esto también incluye al País Vasco. Una de estas verdades teológicas que valen para cualquier lugar del mundo es el antiguo adagio: Gratia supponit naturam. La gracia supone la naturaleza. Entre otras cosas, esto significa que la gracia de Dios y la vida espiritual no van por un lado mientras que las virtudes humanas por otro. Si uno se dedica a hacer canalladas y además se enorgullece de ellas, ya puede hablar de Dios hasta en la sopa, decir que está muy comprometido con los pobres y los oprimidos o tener fama de santidad entre sus admiradores, que sus obras lo desmienten todo. Aquí, en el País Vasco y en Pernambuco.
Me ha resultado curioso el contraste entre el mensaje de Mons. Munilla a los fieles de San Sebastián y la









