Vida Nueva y el hombre viejo
Una de las cosas más desagradables de los (malos) políticos es su tendencia a utilizar un doble lenguaje: decir una cosa cuando en realidad quieren decir la contraria, elogiar en apariencia a quien hacen todo lo posible por destruir, prometer lo que no tienen ninguna intención de cumplir y usar palabras bonitas para enmascarar los desastres que muchas veces ellos mismos han contribuido a producir. No es extraño que la opinión de los españoles (y, en general, de todo el mundo) sobre los políticos sea pésima.
Si esta tendencia es deplorable en los políticos, que algunos eclesiásticos actúen así resulta aún más injustificable. Cuando algunos siervos de Aquel que es la Verdad utilizan un lenguaje destinado a ocultar esa Verdad, a insinuar en lugar de decir con claridad y a socavar la enseñanza de la Iglesia sin que se note demasiado, es difícil no pensar en sal que se ha vuelto sosa y que sólo sirve para tirarla y que la gente la pisotee.
Siento el tono tristón, pero no he podido evitarlo tras leer el Editorial que ha publicado la revista Vida Nueva sobre el último documento de la Conferencia Episcopal Española, la instrucción pastoral “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”, en la que los obispos españoles recuerdan la fe católica acerca de Cristo y rechazan los errores más extendidos en España sobre el tema.

En relación con el post de hace un par de semanas sobre la (falta de) formación de los católicos, un amable lector me ha enviado un escrito que presentó sobre ese tema al sínodo que celebrado en la archidiócesis de Oviedo hace unos años. Según me dice, ni siquiera le dieron un acuse de recibo, quizá por un descuido, pero en cualquier caso a mí me ha parecido muy interesante, por las cuestiones que plantea, algunas de las cuales ya se mencionaron aquí.
Cuando leo alguna noticia sobre la próxima celebración del 50º aniversario de la creación de la Conferencia Episcopal Española, suelo acordarme de la parábola evangélica de los talentos. Ya saben: un Rey se va de viaje y entrega a sus sirvientes diversas cantidades (1, 2 o 5 talentos). Cuando vuelve de su viaje, el que había recibido cinco talentos le entrega al Rey diez y es felicitado; el que había recibido dos, entrega cuatro y también es felicitado; mientras que el que había recibido uno le entrega al Rey ese mismo talento, y es condenado por su cobardía y pereza.
Creo que la mayor parte de la gente estaría de acuerdo en que, en principio, el matrimonio es el lugar ideal para la educación de los hijos. La estabilidad familiar, moral y económica del matrimonio son fundamentales para el crecimiento psicológico, intelectual y moral del niño. Como es lógico, puede haber casos de matrimonios desastrosos, pero ceteris paribus, es indudable que, por su propia naturaleza, la relación matrimonial aporta un cimiento más sólido para la familia que cualquier otra relación.









