
“Quizá es lo más destacado que ve en el Occidente actual una mirada extraña. El mundo occidental ha perdido el valor colectivo, tanto en su conjunto como, incluso, país por país, gobierno por gobierno, partido por partido, y ya, desde luego, en la Organización de las Naciones Unidas.
Esta mengua del valor es especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras, que es lo que causa la impresión de que ha perdido el valor la sociedad entera. Naturalmente, sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas, pero no son ellas las que dirigen la vida de la sociedad. Los funcionarios intelectuales y políticos manifiestan esta disminución, esta molicie, esta pusilanimidad en sus actos, sus discursos, y, más aún, en las obsequiosas justificaciones teóricas de por qué esta manera de actuar, que pone la cobardía y la servilidad por fundamento de la política del Estado, es pragmática, sensata y se justifica a cualquier nivel intelectual e incluso moral.
Esta caída del valor, que, según dónde, hasta parece llegar a la ausencia total del elemento masculino, adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror. ¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”
A. Solzhenitsyn, Discurso en la Asamblea de Graduados de la Universidad de Harvard,1978
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