InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Iglesia en el mundo

13.03.26

Fuera de la SSPX no hay salvación… en la práctica

En el último artículo hablábamos del adagio extra ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación, que es una verdad de fe. A ese respecto, me ha parecido oportuno traer al blog esta curiosa interpretación práctica del dogma que ha realizado el P. Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX, conocidos popularmente como lefebvrianos).

Yo diría que es muy interesante, porque, en unos pocos párrafos, resume perfectamente cuál es el problema de la postura lefebvriana y por qué quieren consagrar obispos contra lo mandado por el Papa. Aunque solo sea por eso, conviene leerla.

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3.02.26

¿Nueva caída del lefebvrismo?

Pocas frases más tristes hay en la Escritura que aquella de San Pedro (citando un refrán del Libro de los Proverbios): el perro vuelve a su vómito y la puerca lavada a revolcarse en el fango. Triste, pero como probablemente todos podemos atestiguar, muy acertada. Somos pecadores y, si no nos convertimos con la gracia de Dios, volvemos una y otra vez a nuestros viejos pecados, a pesar de saber por experiencia que nos destruyen.

Así parece que le va a suceder de nuevo a la Sociedad de San Pío X (SSPX) lefebvriana, que ha anunciado que ordenará próximamente obispos contra la voluntad del Papa. Es decir, repetirá el terrible acto cismático de 1988, lo que acarreará, si Dios no lo remedia, la excomunión latae sententiae de los obispos ordenados y los ordenantes.

Francamente, todo este asunto me apena muchísimo. No es agradable ver al prójimo a punto de caer por un precipicio y menos de forma premeditada. Está claro que no hemos rezado lo suficiente para que Dios ilumine a todos los implicados. Por otro lado, sin ánimo de ofender y como veo que afloran de nuevo los argumentos erróneos utilizados para justificar un acto cismático (incluso en numerosos comentarios en InfoCatólica), creo que conviene rebatirlos de forma resumida. En estos asuntos importantes, es fundamental razonar bien, para no engañarnos a nosotros mismos con falsas excusas.

Vamos a ver once de los argumentos más frecuentes en favor de la actuación primero de Mons. Marcel Lefebvre y, ahora, de sus seguidores. Si surgen más en los comentarios, podríamos añadirlos a la lista (que solo es un resumen, y aun así me ha quedado larguísima):

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2.02.26

Como en el mundo, así en la Iglesia

“Quizá es lo más destacado que ve en el Occidente actual una mirada extraña. El mundo occidental ha perdido el valor colectivo, tanto en su conjunto como, incluso, país por país, gobierno por gobierno, partido por partido, y ya, desde luego, en la Organización de las Naciones Unidas.

Esta mengua del valor es especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras, que es lo que causa la impresión de que ha perdido el valor la sociedad entera. Naturalmente, sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas, pero no son ellas las que dirigen la vida de la sociedad. Los funcionarios intelectuales y políticos manifiestan esta disminución, esta molicie, esta pusilanimidad en sus actos, sus discursos, y, más aún, en las obsequiosas justificaciones teóricas de por qué esta manera de actuar, que pone la cobardía y la servilidad por fundamento de la política del Estado, es pragmática, sensata y se justifica a cualquier nivel intelectual e incluso moral.

Esta caída del valor, que, según dónde, hasta parece llegar a la ausencia total del elemento masculino, adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror. ¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”

A. Solzhenitsyn, Discurso en la Asamblea de Graduados de la Universidad de Harvard,1978

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9.01.26

Sabiduría femenina

Mi esposa es muy aficionada a las novelas de Jane Austen y las relee periódicamente. No me extraña, la verdad, porque Austen era una gran novelista, con un excelente manejo de la ironía y una aguda capacidad de analizar a las personas y sus relaciones. Incluso yo disfruto de sus novelas, a pesar de que mis intereses suelen discurrir por otras sendas literarias y de que Mr. Darcy y los diversos coroneles y reverendos que pueblan el universo austeniano no me dan ni frío ni calor.

Además de leer y releer las novelas, mi esposa también ha visto prácticamente todas las versiones cinematográficas o en formato serie que existen. Le gustan mucho las antiguas versiones de la BBC, que reflejan muy bien los libros, con las adaptaciones necesarias para un medio audiovisual. Las versiones más recientes, sin embargo, le suelen producir hastío y rechazo.

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16.12.25

El odium plebis y el cardenal Fernández

Los distintos cánones jurídicos que ha aprobado la Iglesia a lo largo de la historia muestran a menudo una gran sabiduría, que maravilla al lector interesado. Es una sabiduría cimentada tanto en la fe como en la experiencia de siglos y milenios, en criterios a la vez teológicos, jurídicos y de un apabullante sentido común. Un ejemplo podría ser el concepto de odium plebis en lo relativo a los motivos de remoción de un párroco.

Antiguamente, era mucho más difícil que ahora retirar a un párroco de su parroquia. Un buen número de los párrocos, de hecho, tenían la parroquia “en propiedad”, lo que no significaba que fuera literalmente de su propiedad, sino que habían accedido por oposición al cargo de párroco de esa parroquia en particular. En esos casos, el obispo no podía cambiarles sin más de parroquia, como en la práctica sucede ahora, sino que tenía que poner en marcha un arduo proceso canónico de remoción. Como todo tiene sus pros y sus contras, con ello los obispos de entonces tenían menos libertad de acción, pero a cambio los sacerdotes ganaban en seguridad jurídica.

Sea como fuere, uno de los motivos de remoción existentes según el antiguo Código de 1917 era el de odium plebis, es decir, odio del pueblo: el hecho de que el rebaño que debía pastorear el párroco aborreciese al sacerdote en cuestión. Era un criterio practico, porque, si ese aborrecimiento fuera “tal que impidiese el ministerio parroquial útil y no se previese que fuera a cesar en breve” (c. 2147), la labor del párroco se haría imposible y no tendría sentido que continuase al frente de la parroquia.

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