Día del Padre en mi casa
Hoy, 19 de marzo, es el día del Padre en España. Lo cual es algo bueno, porque al menos lo han dejado en la fiesta religiosa que le correspondía, San José. En cambio, el día de la Madre, que solía ser el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada, fue trasladado al primer domingo de mayo por presiones de los centros comerciales: en diciembre ya vendían mucho alargando la Navidad y preferían otra excusa para vender en mayo, que estaba muy poco cubierto.
Como es lógico, mis hijos estaban mucho más nerviosos e ilusionados que yo con la llegada del día del Padre, porque han estado preparando sus regalos durante dos semanas, en el colegio. Mi hijo de cuatro años lleva tres días viniendo a mi despacho cada cinco minutos, con las manos detrás de la espalda y diciendo: “¡Adivina qué te voy a regalar!”. Cuando yo le decía algo así como “¡un hipopótamo!”, se reía a carcajadas y gritaba “¡Nooo!”, muy satisfecho de saber más que su padre, antes de salir corriendo a guardar de nuevo el regalo en su escondrijo. Mi hija mayor, más matemática, se ha molestado en contar todos los regalos y en informarme, también cada cinco minutos, de que iba a recibir siete regalos.


Participante invitado: El P. Robert Longshanks es un antiguo anglo-católico que cruzó el Tíber hace cincuenta años. Conocido (a sus espaldas) por sus compañeros sacerdotes como Father “Battleaxe” Bob, se comenta que su propio obispo le tiene algo de miedo desde que le dijo que “el problema de Inglaterra ha sido siempre que sus obispos no están dispuestos a morir mártires”. Actualmente ejerce la cura de almas en una pequeña parroquia de Sussex.




