Concurso de poesía
Como el otro día me tocó a mí escribir un par de sonetos, hoy propongo a los lectores que incluyan en los comentarios algún poema que escriban ad hoc o hayan escrito en el pasado. Así, algún día, podré enorgullecerme: El gran poeta X se dio a conocer en mi blog, con ese poema tan conocido ahora….
El tema es libre, aunque yo sugiero el Adviento. Valen poemas humorísticos, serios, orantes, alegres, melancólicos, detallistas, estrambóticos, rudos, detallistas, sentimentales, hieráticos, irónicos, irénicos, fantásticos, profundos, anchos, altos, extravagantes, buenos, malos, con olor a violetas, epigramáticos o perifrásticos. También el tipo de rima será libre, para mayor facilidad.
Como me considero totalmente incapaz de juzgar un concurso de poesía, todos los participantes se llevarán mis felicitaciones. El juez será San Efrén, un padre de la Iglesia poeta del s. IV, así que el ganador lo conoceremos, si Dios quiere, en el Reino de los Cielos, sentados a la mesa del banquete eterno.
Como primer concursante, Óscar ha enviado este divertido y esperanzado soneto, con rima algo libre:

Todos sabemos que, en el Adviento, la Iglesia prepara el nacimiento de Cristo en Belén, la Navidad. Sin embargo, muchas veces pasa desapercibido el hecho de que, durante las dos primeras semanas de Adviento, hasta mañana día 16 de diciembre, la liturgia, las lecturas y las oraciones se centran en la espera de la segunda venida de Cristo en la majestad de su gloria: su venida al final de los tiempos, como Rey y como Señor. A esa venida nos referimos cuando, en la Misa, decimos: Ven, Señor Jesús. O, en el arameo de los Apóstoles: Marana tha.
He pedido a una lectora, Arantza, que me enviara su experiencia educando en casa a sus hijos. Esta posibilidad, conocida a menudo como homeschooling, sólo está en sus comienzos en nuestro país. Eso hace que la experiencia de esta “pionera” sea especialmente valiosa.
Esta tarde, celebramos la I Vigilia Virtual Espada de Doble Filo, para que todos los lectores y participantes del blog podamos rezar unos por otros y por las intenciones de cada uno, cumpliendo así el mandato de la Escritura: Orad unos por otros para que os salvéis.









