A votar
Una vez más, los lectores de Espada de Doble Filo me han sorprendido. Cuesta creer que sigan sorprendiéndome, pero, evidentemente, así ha sido. Los poemas participantes en el Concurso de Versos Veraniegos han sido numerosísimos y de un nivel muy superior a lo que yo esperaba. Todos ellos. Lo cual dice mucho de los lectores del blog. Al final, hemos acumulado un montón de estrofas diferentes: redondillas, silva, cuaderna vía, soneto, romance, seguidillas, haiku, décimas, pareados y ejemplos de métrica libre y nuevas estrofas inventadas. Gracias a todos por participar.
Quizá debería haberlo indicado antes. Como es lógico, yo no participo en el concurso. En el poco probable caso de que ganara, quedaría feísimo que me proclamase vencedor a mí mismo, al estilo de Napoleón. Así pues, mi poesía no era más que una “participación especial fuera de concurso”.
En cuanto al mecanismo de voto, cada lector tiene tres votos, que puede manifestar en los comentarios de este post. Se votará a poemas concretos, no a personas. Un votante no puede votar dos veces al mismo poema, pero sí votar a dos o tres poemas de la misma persona. Los poemas participantes son:

El otro día, al hilo de unos versos de otro artículo, nos preguntábamos porqué los versos terminados en palabra aguda tienen métricamente una sílaba más y los terminados en esdrújula una sílaba menos. Tanto Yolanda como Tineo tuvieron la amabilidad de explicarme porqué, así que recojo sus explicaciones al final de este post, para el que esté interesado en ello. A mi me han resultado muy útiles.
Creo que ya he dicho otras veces que es una pena que no nos fijemos más en las lecturas de la Escritura que se proclaman en Misa. Si lo hiciéramos, enseguida nos saltarían a la vista multitud de extrañezas que nos ayudarían a comprender mejor lo que realmente se está diciendo en la lectura.
Ayer decía Luis en el blog que “en el Cielo, nos alegraremos no sólo del Amor con que [Dios] nos ama, sino que nos alegraremos de que ame más a otros. Ciertamente esa será la prueba de que estemos en el Cielo, la alegría porque los demás reciban más que nosotros”. Ese rápido vistazo a algo de lo que disfrutaremos en el cielo, me recordó una oración del Cardenal español Merry del Val, las letanías de la humildad, que piden la gracia para ir practicando ya aquí en la tierra lo que decía Luis (quien espero que no me reproche el inequívoco aire jesuítico que tienen).



