InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de esperanza

28.03.10

La pura realidad

El Domingo de Ramos siempre me ha parecido una solemnidad muy curiosa. Casi parece que “no pega” con el resto de la Semana Santa. Llevamos cinco semanas de cuaresma, de penitencia, ayuno, oración, limosna, ausencia de aleluyas y glorias… y de pronto llega esta fiesta con una entrada triunfal en Jerusalén, con palmas y ramos de olivo, cantando hosannas y bendiciones al Hijo de David, es decir, al Rey y Mesías esperado.

Y, sin embargo, estamos en tiempo de Pasión, esperando el día de la muerte del Señor. De hecho, en la liturgia del Domingo de Ramos se leen dos evangelios que relatan dos hechos muy distintos. Primero, antes de la procesión con las palmas, el pasaje precioso y triunfante de la entrada en Jerusalén. Después, como evangelio de la Misa, la pasión según uno de los evangelistas sinópticos, con el prendimiento, el juicio y la crucifixión de Cristo. El color litúrgico de hoy es el rojo, pero mañana se vuelve de nuevo al morado cuaresmal y penitencial.

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27.03.10

Benditas bendiciones

Conozco a un sacerdote que, siempre que escribe una carta o un simple correo electrónico, termina enviándote su bendición. Me parece una costumbre estupenda. Las bendiciones son algo precioso y, además, gratis, así que creo que sería bueno que los sacerdotes las dieran más a menudo. Lo que recibisteis gratis, dadlo gratis. La última vez que hice el Camino de Santiago, con un par de primos míos, cada vez que veíamos a un sacerdote, nos poníamos de rodillas y le pedíamos su bendición. Ponían cara de sorpresa, pero nos bendecían.

La liturgia está llena de bendiciones preciosas. Cuando hago de acólito, siempre pongo al sacerdote celebrante la bendición solemne propia del tiempo en el que estemos. Desgraciadamente, el pequeño esfuerzo de buscar la página y alargar medio minuto la celebración hace que estas bendiciones solemnes se usen poco, pero creo que merecen la pena, porque son textos magníficos que, además, podrían ayudarnos a rezar. Por ejemplo, la bendición solemne para la Cuaresma que hemos usado estos días es toda una catequesis:

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18.03.10

En ocasiones, veo santos

Por una gripe inoportuna y especialmente virulenta, me ha resultado difícil escribir en los últimos días. Sin embargo, no quiero dejar pasar la ocasión de comentar una noticia de esta semana pasada: Roma ha aprobado la apertura del proceso de beatificación de Don Francisco Pérez y Fernández-Golfín, primer obispo de Getafe. Es decir, el primer paso oficial para una futura canonización, si Dios quiere.

Para mí, que conocí a Don Francisco, esta noticia es una gran alegría. Y debería serlo también para los que no le conocieron. Los cristianos no veneramos “héroes” en el sentido mitológico o clásico de seres sobrehumanos que realizaron grandes hazañas. Tampoco tenemos ídolos, como los cantantes y futbolistas de la sociedad moderna. Tenemos santos, que, en su pobreza y debilidad, reflejan la santidad del único Santo.

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17.02.10

Paso a paso, volviendo a Roma

Aunque en los países hispánicos el proceso pueda pasar desapercibido, en el Reino Unido, Australia, Estados Unidos y otros países angloparlantes se están dando ya los primeros pasos hacia la creación de los Ordinariatos previstos por la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, aprobada recientemente por Benedicto XVI. Estos Ordinariatos, parecidos a diócesis personales al estilo de los Ordinariatos Castrenses o de las eparquías orientales, permitirán que los anglicanos que vuelvan a la Iglesia Católica conserven sus tradiciones propias y una buena parte de sus usos litúrgicos.

La preparación no es sencilla, porque resulta imposible prever a priori cuántas personas tomarán la decisión de volver a la Iglesia Católica a través de los nuevos Ordinariatos y, por lo tanto, ni siquiera se sabe aún cuántos se crearán, ni tampoco si habrá un Ordinariato por país o serán estructuras con mayor o menor amplitud. Además, es muy probable que en ocasiones relativamente numerosas nos encontremos con parroquias enteras que desean entrar en comunión con Roma, lo cual dará lugar a multitud de dificultades con respecto a la propiedad de los templos, el mantenimiento de su identidad como parroquias, la búsqueda en su caso de nuevos edificios, sacerdotes que las atiendan, etc.

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15.02.10

Para ser libres nos liberó Cristo

Los cristianos sabemos que Cristo nos ha liberado. Sin embargo, es una de esas cosas que, de tan sabidas, a veces se olvidan. Por eso es una alegría cuando ocurre algo que nos recuerda que, sin mérito alguno por nuestra parte, Cristo nos ha liberado de los ídolos, los pecados, los vicios, la desesperanza y la muerte.

Algo así me ha sucedido esta mañana, al leer los comentarios a un artículo de Eleuterio, en el blog “Mera defensa de la fe“. El artículo se refería a la petición que ha hecho la Asociación para la Preeminencia del Derecho de demoler el Sagrado Corazón de Monteagudo, en Murcia. Lo que me llamó la atención fue el siguiente comentario, firmado por un tal Giordano Bruno (ningún parentesco conmigo), que criticaba lo que había afirmado el autor del blog:

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