Atraviesan las nubes
En la primera lectura de la Misa de ayer domingo, se leyó una frase escalofriante, que me hizo temblar: “los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan”. Es terrible pensar que los pecados contra los pobres, en alas de los gemidos de sus víctimas, atraviesan las nubes y llegan sin excepción ante Dios para reclamar su justicia.
Quizá los lectores piensen que no es para tanto o que, como mucho, sólo tienen que preocuparse de esas cosas los grandes magnates o las malvadas multinacionales que oprimen a los pobres del tercer mundo. Y no me extraña que lo piensen, la verdad, porque yo tiendo a pensar lo mismo, pero en esta ocasión me hice una pregunta que no me había hecho antes: ¿Quiénes son esos pobres cuyos gritos atraviesan las nubes y llegan a Dios? La respuesta me estremeció, porque no se limita, ni mucho menos, a los pobres del tercer mundo:



En el post que escribí hace unos días, criticando unas declaraciones engañosas y que calumniaban a la Iglesia aparecidasen Religión Digital, una lectora me reprochó que ese post era una muestra de falta de humildad y caridad: “[Antes] no eras así; tenías humildad y caridad de verdad […]no eres el mismo. Siento decírtelo, de verdad”. Es totalmente cierto que de humildad no he andado nunca muy sobrado, ni antes ni ahora. Lo que decía esta amable lectora sobre la caridad, sin embargo, me dejó pensativo y estuve dándole vueltas durante varios días.



