La Misa antigua, en lengua vernácula
La liturgia más utilizada en la actualidad en la Iglesia Latina es, sin duda, la correspondiente al Misal de Pablo VI (o Novus Ordo), en lengua vernácula, es decir, en el idioma propio de cada lugar. Tras ésta, dependiendo del país, se encuentran la misma liturgia pero en latín (especialmente en países anglófonos, curiosamente, y con mucha menos frecuencia en aquellos con lenguas romances) y la liturgia de Juan XXIII (es decir, la forma extraordinaria del rito romano, también conocida como Misa antigua o Misa tridentina). Después, a mucha distancia, persisten algunos otros ritos como el Mozárabe, el Ambrosiano y los de diversas órdenes religiosas, bien en latín o en lenguas vernáculas.
Existe una combinación, sin embargo, que no se utiliza, que yo sepa. Me refiero a la Misa antigua pero en lenguas vernáculas en lugar de en latín. Resulta curioso imaginar si sería una buena idea utilizar la liturgia de la forma extraordinaria del rito en las lenguas propias de cada lugar. Por un lado, se perdería el milenario latín de las oraciones, que es la lengua oficial de la Iglesia y es un vehículo privilegiado de la Tradición de la Iglesia. Además, nada nos asegura que la traducción fuera buena, como tristemente nos dice la experiencia. Por otro, sin embargo, podría ser una buena introducción a la forma extraordinaria para aquellos que no saben latín y también podría contribuir al enriquecimiento mutuo entre forma ordinaria y forma extraordinaria que desea el Papa. De hecho, las normas actuales de la forma extraordinaria permiten ya que las lecturas se proclamen en lenguas vernáculas.

Hay palabras y expresiones que hacen que, al oírlas, se le pongan a uno los pelos de punta y suenen inmediatamente todas las alarmas. Algunas de esas expresiones, para mí, son las de “Iglesia oficial”, “Iglesia institucional” y “doctrina oficial”. En mi experiencia, el uso de estas expresiones indica la presencia de unos prejuicios profundamente arraigados que desnaturalizan totalmente la esencia misma de la Iglesia y de su enseñanza. En general, suelen transmitir la idea de que se puede ser católico sin pensar, actuar ni sentir como católico, porque esas cosas pertenecen a la Iglesia o a la doctrina “oficiales". Es decir, la idea de que se puede ser católico sin molestarse en serlo.









