InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de la fe

19.12.10

Creo por la lotería

No sé lo que sucederá en otros países, pero, aquí en España, la época navideña es tiempo de lotería. La televisión está plagada de anuncios de lotería, se venden millones y millones de billetes de lotería y todo el mundo parece tener participaciones: en los colegios, el trabajo, las asociaciones, la frutería e incluso la parroquia. Es casi imposible evitar la compra de algún décimo o participación.

Normalmente, en un blog religioso, uno esperaría ahora una invectiva contra el materialismo, el afán de ganar dinero, la huida de la realidad… pero lo cierto es que sería un hipócrita si dijera algo así, porque comprendo perfectamente a la gente que se ilusiona con la lotería. No se sienten satisfechos y están deseando que algo cambie en sus vidas para mejor. Desean un beneficio imprevisto, inesperado. Quieren algo que les permita soñar que mañana será diferente de ayer, algo nuevo que no sea la rutina gris de todos los días. ¿Es que eso es algo malo?

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7.12.10

Para que te vuelvas a quejar

Me encantan las vidas de los santos. Creo que, fuera de los sacramentos y la oración, pocas cosas hay que despierten más el deseo de vivir cristianamente, de entregar la vida a Dios, de ir al cielo y amar a los enemigos. En la vida de los santos se puede ver, de forma concreta y real, en personas concretas y reales, que el seguimiento de Cristo es posible y merece la pena, que no hace falta conformarse con medianías y que Dios está deseando hacer maravillas con nosotros.

Antiguamente, los cristianos leían continuamente vidas de santos y el Año Cristiano, incluso se leían en familia. Hoy, en cambio, parece que a muchos les parece una beatería… y así nos va. Yo, siempre que puedo, regalo buenas vidas de santos a todo el mundo.

Como no puedo traer al blog la vida entera de un santo, hoy traigo sólo una frase, brevísima pero sustanciosa, de un santo que, hasta ayer, desconocía: San Lorenzo Giustiniani, obispo y Patriarca de Venecia del siglo XV.

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29.06.10

Las pruebas de los milagros

Ayer hablábamos en el blog sobre los milagros y sobre el tipo de pruebas que pueden necesitar. Es un tema más profundo de lo que parece y los diversos comentarios sobre el tema fueron muy interesantes.

Hay un punto esencial sobre este tema, que me gustaría resaltar: un milagro, sin la necesaria apertura a la Verdad, no pasa de ser un prodigio o, como diría alguien más moderno, un “fenómeno paranormal”. Es decir, algo que, o bien no tiene explicación o es una simple expresión de leyes naturales que aún no se han descubierto. En cualquier caso, algo más o menos curioso pero carente de significado para la propia vida. Por esta razón, el mismo Cristo se negó a hacer milagros ante Herodes, quien sólo quería disfrutar del espectáculo de un prestidigitador más hábil que los demás.

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28.06.10

Están por todas partes

El otro día tuve que ir a la oficina de Correos del centro de Alcobendas a enviar una traducción jurada. Como es mi costumbre, en lugar de ir y volver por el mismo camino, a la vuelta me perdí un poco por calles secundarias. Cuando tengo tiempo, varío así de ruta porque siempre se ven cosas interesantes. Esta vez, encontré un precioso escudo en una casa antigua, con el apellido Corte Gómez, que debió de pertenecer a una familia de hidalgos.

Mucho más interesante me pareció, sin embargo, lo que vi en otra casa. Más que casa, era una casita de sólo dos pisos, pequeña y anodina, en la que no habría reparado de no ser por una plaquita que tenía en la pared. Me acerqué a leer la placa desde el otro lado de la calle y, enseguida, se despertó mi interés. La placa decía:

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17.05.10

Esos rostros gloriosos

Temporibus illis, hace muchos años, tuve un profesor de Filosofía que me dio un consejo que todavía recuerdo. Sugirió que fuésemos un día al cine y nos sentáramos en la primera fila. Después, en cuanto empezara la película, en lugar de verla, lo que teníamos que hacer era darnos la vuelta y mirar a la gente que había ido al cine. Decía que la gente, sus actitudes, sus caras y sus reacciones ante lo que estaban viendo eran muchísimo más interesantes que la propia película.

Nunca le hice caso, pero el consejo se quedó grabado en mi mente. Y este domingo me acordé de él cuando estaba en Misa. Yo estaba acolitando, así que, durante la homilía, estaba sentado junto al presbítero, de cara a la asamblea. Y desde mi sitio podía ver los rostros de todos los que habían acudido a celebrar la Eucaristía. Durante unos momentos, me quedé fascinado al mirarlos, como si nunca antes los hubiera visto de verdad.

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