InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de la fe

6.02.12

Benditos pesados

Pesado¿Quién no conoce a un pesado? ¿A dos, a tres, a multitud de ellos? El gris ejército de los pesados patrulla por calles y veredas, buscando incautos a los que aburrir hasta la nausea. Sólo verlos de lejos, hace que nos encojamos y deseemos estar a kilómetros de distancia. El pesado genuino, el de pata negra, suele sufrir un síndrome conocido por la Medicina como “percepción neuronal selectiva”. Es decir, su cerebro es incapaz de percibir que sus interlocutores hacen gestos de impaciencia, miran constantemente el reloj, intentan infructuosamente alegar que tienen prisa y, en algunos casos, mueren de frío o hambre mientras él sigue hablando y sigue hablando y sigue hablando, interminablemente.

La Iglesia no carece de sus pesados. Tiene pesados seglares y pesados clérigos, a lo Fray Gerundio. Tiene pesados y pesadas, pesaditos y pesadazos, aficionados a la pesadería y expertos en pesadismo. Pesados que pronuncian sermones en los que no se dice nada durante horas, pesados que redactan documentos que nadie puede leer sin caer dormido, pesados que escriben en blogs y pesados que viven para prolongar reuniones hasta el infinito. Toda parroquia que se precie tiene sus pesados residentes, muy orgullosos de haber conseguido que más de un párroco haya encanecido prematuramente. El número de los pesados es (o al menos parece ser) infinito.

Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que los pesados son la plaga de las parroquias y de los grupos católicos…

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13.10.11

Hurones, Nueva York y apologética

Portada Santos por las calles de Nueva YorkLa editorial Vita Brevis ha sacado tres nuevos libros. Ya sé que soy parte interesada, al ser uno de los editores, pero creo que son tres libros que merece la pena leer y por eso los traigo hoy al blog.

Un libro de apologética y dos de vidas de santos. Nos hace falta formarnos en la fe y en las razones que la apoyan, pero también contemplar ejemplos auténticos de personas que vivieron la fe hasta el extremo, entregando sus vidas totalmente a Jesucristo. En mi opinión, un católico no debería dejar que pase un mes sin leer al menos una vida de santos: pocas cosas hay que despierten más el entusiasmo por vivir un catolicismo de verdad, sin componendas.

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18.06.11

Creo por la Ley Ocho Veintiocho

Ley Ocho VeintiochoEl otro día, hablábamos de la Ley de Murphy, que dice que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Veíamos que esto no es más que la forma que tiene el mundo de demostrarnos que Dios es Dios y nosotros no lo somos. Es decir, nos recuerda una verdad fundamental de nuestra vida, que necesitamos conocer para comprender lo que somos y el sentido de nuestra existencia: somos criaturas y no el centro del universo. Entender lo que hay detrás de la Ley de Murphy nos lleva a una concepción natural y racional de Dios que, en esencia, es común a Aristóteles, Platón, Rousseau o el Islam.

No se trata, sin embargo, de todo lo que se puede decir sobre este tema. Es algo real y verdadero, pero incompleto, como sucede muchas veces con las leyes de la naturaleza. De vez en cuando, en Física, se descubre que una ley, aunque describa fielmente la realidad de su objeto, no describe toda la realidad sobre ese asunto. El ejemplo más conocido es, quizá, el de las Leyes de Newton. Estas tres leyes fueron enunciadas en el siglo XVII y describen estupendamente la realidad cotidiana desde el punto de vista de la Física: el movimiento de una bola de billar, la caída de una manzana o el deslizamiento por un plano inclinado. Sin embargo, la Teoría de la Relatividad de Einstein, en el siglo XX, mostró que las Leyes de Newton sólo son válidas para objetos y sistemas de referencia cuya velocidad no se acerque a la de la luz, ya que en estos últimos no se cumplen. En consecuencia, cuando las velocidades son muy grandes, las leyes de Newton dejan de ser una aproximación válida, porque sólo describen una pequeña parte de lo real.

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5.04.11

Creo por la Ley de Murphy

Probablemente, todos los lectores conocerán la Ley de Murphy. Es una ley famosísima que dice, en su forma más sencilla: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. O, en una formulación alternativa, “la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mantequilla”. También podríamos aplicarla al blog, diciendo: “Si uno hace un chiste inofensivo un día sobre un pescador tuerto de cangrejos malayos, puede estar seguro que precisamente ese día leerá el blog el Presidente de la Asociación de Pescadores Mutilados de Cangrejos Malayos y le echará en cara al autor su insensibilidad para con esos héroes olvidados”.

La Ley de Murphy tiene un núcleo muy importante de verdad, pero más que físico, es esencialmente espiritual. No existe una Ley de la Gravitación Particular de la Mantequilla, pero sí una tendencia presente en todos nosotros y que conviene conocer: Tendemos a esperar que todo suceda según nuestros planes. Creemos que lo “normal” es que suceda lo que queremos que suceda y, por eso, nos llaman más la atención los casos en los que ocurre lo contrario. De alguna forma y a pesar de lo que nos dice la razón, asumimos constantemente que el mundo entero está a nuestro servicio y nos sorprende que, de hecho, no sea así.

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9.03.11

El Almirante

El otro día vi la película El Almirante. Es una película rusa de hace un par de años que apenas tuvo eco en España. Una de esas historias complicadas y grandiosas, vinculadas a acontecimientos históricos, tan del gusto de los rusos. El Almirante es Kolchak, el Comandante Supremo del gobierno ruso blanco que luchó contra los bolcheviques en la Revolución Rusa. Interpreta su papel Konstantin Khabenskiy, un actor ruso que va teniendo cada vez más fama y que fue el protagonista de las películas Night Watch y Day Watch, además de participar en Wanted.

La película sorprende porque constantemente muestra a gente rezando como lo más normal del mundo. Los iconos son omnipresentes. El propio Zar lleva uno en la mano y se lo da a besar al joven oficial cuando habla con él. Llama la atención ver a los marineros y oficiales rusos arrodillados piadosamente en la cubierta de su barco mientras suenan los cañones en la I Guerra Mundial. También es impresionante ver la bendición a los soldados del Ejército Blanco antes de la batalla y el discurso piadoso del propio Almirante. Es cosa nunca vista en España, donde una escena así, si alguna vez saliese en nuestro cine, se plantearía como una muestra de hipocresía, maldad o fanatismo. Sólo por esto merece la pena ver la película.

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