InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Oraciones

2.11.15

Nadie rezará por nosotros cuando hayamos muerto

En el último viaje que he hecho a Munich, hace un par de semanas, estuve leyendo una serie de lápidas muy antiguas colocadas en la fachada de la catedral. Los alemanes suelen ser muy cuidadosos con las cosas del pasado y generalmente se preocupan por mantener y restaurar las que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. Como es lógico, las inscripciones estaban en latín, así que ya imaginarán que no había grandes colas para leerlas y pude hacerlo con tranquilidad.

Una de las lápidas me llamó la atención. Era de Henricus Vambes de Florimont. Este Don Enrique del Monte Florido era un eques gallus, es decir, un caballero francés, y me cayó bastante simpático. El pobre hombre, fue enviado en el s. XVII desde Francia a Baviera por María Victoria, la esposa del Delfín de Francia, que era alemana. Allí gastó sus energías trabajando y fue envejeciendo: “adolevit, viguit, consenuit”. Finalmente, “mortem Christiane obiit Monachi ex morbo senectute”, murió de viejo cristianamente en Munich cuando casi había llegado ya a los noventa años.

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21.10.14

Mi Señor, el gran Poeta

PoesíaEn una iglesia en la que suelo rezar todos los días, hay un gran Cristo crucificado sobre el altar mayor. Es un Cristo enjuto y con cara de castellano viejo. Sufriente, el pelo empapado en sudor y las costillas bien marcadas, pero sereno y con los golpes y llagas apenas sugeridos. Moderno, pero devoto y de talle elegante, con un leve toque de la curvatura de los antiguos crucifijos de marfil.

Por alguna razón, siempre le he atribuido en mi mente a ese Cristo en particular la advocación de “mi Señor, el gran Poeta”. No es, ni mucho menos, la imagen más bonita que he visto, pero tiene la virtud de hablarme del más hermoso de los hombres, como dice el salmista, del amado de mi alma, como suspira el Cantar de los Cantares. Cuanto rezo ante él, de algún modo, mi alma se llena de la hermosura de la creación, que refleja la Belleza eterna del Verbo de Dios, y me alegro y siento nostalgia por el recuerdo de cosas que aún no he visto y que me esperan en el cielo.

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13.03.14

Oración para que las madres recen por sus hijos

Madre rezandoLa oración es todopoderosa para el bien. Todopoderosas fueron las lágrimas de Santa Mónica, que obtuvieron, tras años de oración, la conversión de uno de los más grandes santos de la historia de la Iglesia: su hijo San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia. Todopoderosas son también las lágrimas de tantas otras madres que dedican su vida a rezar por los hijos, humildemente, sin ser vistas, sin que nadie se lo agradezca, esperando siempre contra toda esperanza y confiando en Dios, que todo lo puede.

Una lectora del blog me ha pedido una oración que le ayude a rezar por sus hijos, para que no se desvíen del buen camino. Es un verdadero placer poder contribuir a algo así, de modo que aquí está la oración que he escrito para esa lectora, por si puede servir también a otras madres para rezar por sus hijos:

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26.12.13

Dulcísimo Niño Jesús

Presentación en el TemploAún queda bastante Navidad por delante, ya que el tiempo litúrgico navideño se prolonga hasta el Bautismo del Señor. Así pues, para ayudar a los lectores a meditar durante este precioso tiempo, he traducido una oración latina tradicional, llamada Iesu Infans Dulcissime, es decir, Dulcísimo Niño Jesús.

No sé cuándo se compuso originalmente la oración, pero ya a comienzos del S. XIX fue recomendada vivamente por el Papa Pío VII, que concedió a quien la recitara numerosas indulgencias. Se trata de una breve meditación de los doce Misterios de la infancia de Cristo, algo más minuciosa que los misterios gozosos del rosario pero igualmente acompañada, como es lógico, por la Virgen. Al final, incluyo la versión en latín, para los que la prefieran.

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11.12.13

Bendición de una espada

Bendición de una espadaEn varias ocasiones, he traducido en el blog antiguas oraciones medievales, para que pudiesen ser utilizadas por los lectores. La Tradición de la Iglesia alberga una enorme cantidad de tesoros de los que, por mera ignorancia, no nos beneficiamos.

Hoy traduzco una oración que quizá los lectores no tengan ocasión de emplear muy a menudo, pero que me ha parecido formidable. Se trata de la breve oración medieval de bendición de una espada. A continuación de la traducción, incluyo el original en inglés antiguo (Middle English), para los que prefieran prescindir de intermediarios.

Y si hubiere algún lector que recite esta oración en favor de esta Espada de Doble Filo o algún sacerdote que con ella bendiga el blog, se lo agradeceré de corazón.

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