Creo por la gripe

L’homme n’est qu’un roseau, le plus faible de la nature, mais c’est un roseau pensant.
B. Pascal
Signos de la fe XV. Llevo dos días enfermo de gripe, con la incomodidad que la misma conlleva. Por eso ayer no escribí nada. Físicamente podría haberlo hecho, pero cuando uno no se encuentra bien, hay pocos ánimos para ponerse a escribir artículos.
Esto me ha hecho pensar bastante. ¿Qué somos los seres humanos? Aparentemente, poca cosa. Un simple virus, que ni siquiera se puede ver a simple vista, nos deja para el arrastre o, incluso, como sucede en México estos días, puede acabar con nuestras vidas.
Durante las últimas semanas, hemos discutido en este blog sobre multitud de temas, a cual más interesante e importante: la existencia de Dios, la Verdad, la evolución, el origen del universo, el sentido de la vida y de todo lo que existe, la lógica, las matemáticas, la fe, el bien y el mal… Nuestras discusiones han abarcado distancias infinitas y eternidades sin comienzo ni fin, pero ninguno de nosotros ha vivido ni siquiera cien años ni alcanza los dos metros y medio de altura. ¡Habrase visto tamaña osadía!

Hace unos días, en la Feria de Sevilla, murió un chico de 19 años, Juan Fernando, apuñalado. Parece ser que alguien robó la chaqueta a un amigo de Juan Fernando, él corrió a perseguir al ladrón y fue apuñalado. Era un chico normal, con su historia, como todos. Nació en Colombia y fue adoptado por sus padres españoles, como sus dos hermanos. Había dejado los estudios, pero últimamente intentaba retomarlos, a la vez que trabajaba. Tenía novia, era miembro de una Comunidad Neocatecumenal de su parroquia, le gustaba el fútbol, viajar, tocar la guitarra.
Al volver, hace unos días, de las vacaciones de invierno, los alumnos y profesores de una universidad norteamericana de los Jesuitas, el Boston College, se encontraron con un curioso cambio en la decoración. El Presidente de la Universidad, el padre William P. Leahy, S.J., decidió que ya era hora de que todas las aulas de esta universidad católica tuviesen un crucifijo o un icono. Así que, dicho y hecho, durante las vacaciones se colocó una imagen de Cristo en cada una de las clases.
He decidido colocar como artículo independiente este comentario que Francisco José Soler dejó en el post anterior, porque su anécdota me ha parecido muy ilustrativa y, sobre todo, porque coincido plenamente con su análisis de la situación y sus conclusiones.
Incluí ya en el blog, hace tiempo, la









