Respuesta a Gonzalo de Chile sobre el sacerdocio
Un comentarista, Gonzalo de Chile, tuvo la amabilidad de dejar ayer un largo comentario en el post anterior, sobre el tema del orden sacerdotal en la Iglesia primitiva. Por ser muy larga mi respuesta, he preferido dedicar un post a ella.
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Estimado Gonzalo:
Gracias por tu comentario. Dices: “Es una pena que tu refutación este llena de errores e ignorancia supina sobre la Iglesia primitiva, porque conociéndote no creo que lo hagas con mala intención". Como comprenderás, no voy a entrar en un concurso de “quién sabe más sobre Escritura", así que me centraré en los asuntos concretos que tocas.
0) Dices: “En ella [en la Iglesia] había muchos cargos como el diaconado, el presbiterio (o anciano en su correcta traducción), el obispo, los maestros, los profetas, etc.“

Algunas personas apenas escuchan las lecturas en la Misa. Ésos son los buenos y piadosos. Los demás generalmente no las escuchan en absoluto. Supongo que no es necesario probar esto que digo, ya que resulta evidente, pero, para darse cuenta de ello, basta compararlo con un ejemplo de la vida “civil”.
Los lectores hispanoamericanos quizá no sepan quién fue Agustina de Aragón, subteniente de Artillería. Allá por el siglo XIX, en uno de los asedios de Zaragoza por las tropas de Napoleón en la guerra de la independencia española, las cosas se pusieron muy feas. Habían caído muertos o heridos todos los defensores de una de las puertas de la ciudad, la del Portillo. Ya estaban las tropas francesas entrando por ella para conquistar la ciudad cuando Agustina, que cuidaba a los heridos junto con otras mujeres, se lanzó a la defensa y consiguió disparar un cañón, prácticamente a bocajarro, sobre los franceses, que se batieron en retirada. Así dio tiempo a que llegaran nuevos defensores y se salvó la ciudad. El General Palafox, admirado, la nombró artillero y, a lo largo de la guerra, ascendió a sargento y a subteniente.
Hace tiempo, hablábamos en este blog del
Un lector (Francisco Javier) dejó ayer un comentario en el blog que me hizo pensar bastante. Hablábamos en el último post sobre un político que afirmaba ser contrario al aborto pero, a la vez, como lo más natural del mundo, señalaba que ahora lo verdaderamente importante es la crisis económica. Es decir, lo mismo que habría podido decir casi cualquier político español. Ante esa barbaridad y otras semejantes, decía el lector:









