Lefebvre y el Diamante del Cucharero
El otro día, una amable lectora me entregó un panfleto lefebvriano que le habían dado por la calle. En él se detallaba una serie interminable de quejas contra los cinco últimos papas por supuestas desviaciones de la fe católica.
Lo que más me llamó la atención fue la crítica a estas palabras de Benedicto XVI, recogidas como titular al comienzo del folleto: “…y, por otro lado, es necesario acoger las verdaderas conquistas de la Ilustración” (Osservatore Romano 23.12.2006). Frente a esta afirmación, el folleto citaba afirmaciones de papas anteriores que critican distintos aspectos del Iluminismo.

Ya he hablado varias veces de cómo los conversos tienen la gracia especial de comprender muy claramente la enorme diferencia que hay entre estar fuera de la Iglesia y estar dentro de ella (mientras que los cristianos “de siempre” a menudo no somos conscientes de esa gran diferencia).
Siempre es algo bueno, creo yo, que surja un nuevo periódico: ideas diferentes, nuevos articulistas y un punto de vista especial para analizar los asuntos. Debo confesar, sin embargo, que “Público”, que acaba de aparecer, me ha caído gordo desde el principio.
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Ahora que empieza ya a enseñarse, en algunos lugares, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, se me ocurre sugerir una alternativa por si, en el futuro, se eliminase este despropósito jurídico y hubiese que “llenar el hueco". Se trata de algo mucho más básico y, en mi opinión, más importante que educar para hacer buenos ciudadanos: educar para hacer chicos bien educados. La Educación para la Cortesía.









