Que el público pierda la fe
El otro día, cayó en mis manos un ejemplar de La Voz de Asturias. Me picó la curiosidad por conocer este periódico, porque no lo había leído nunca pero, como recordarán, se trata de uno de los que incluí en la lista de periódicos que colaboran, mediante sus anuncios, con la prostitución.
Eché un vistazo a las noticias y artículos y me llamó la atención un artículo titulado: Yo intento que el público pierda la fe. Se trataba de una entrevista a Leo Bassi, el humorista cuyos espectáculos se dedican a ridiculizar el cristianismo. En la entrevista, el italiano reconoce claramente que su intención es mofarse del cristianismo para que la gente deje de creer en él.
No sé que pensarán los lectores, pero, en mi opinión, el odio visceral que muestran algunas personas, grupos y medios de comunicación al cristianismo y a todas sus manifestaciones desprende un cierto tufillo a azufre. Los seres humanos, débiles como somos, pecamos a menudo sin necesidad de ningún demonio que nos tiente, el mundo y la carne bastan y sobran para hacernos caer. Sin embargo, cuando veo a personas se obsesionan por el odio contra el cristianismo, no me cabe duda de que detrás hay una inspiración directamente diabólica.

Después de leer el que ayer publicó Religión Digital sobre las declaraciones de Monseñor Cañizares, creo que alguien debería quejarse. Mejor aún, creo que muchos lectores deberían quejarse para que se haga algo para remediar esta situación. Yo así lo quiero hacer con este artículo, respetuosamente, pero con firmeza.
Uno de los titulares de hoy en Religión Digital proclama “Tienen miedo a las encuestas” y subtitula “El Cardenal Cañizares arremete contra los socialistas”. Lo curioso es que, cuando se lee lo que verdaderamente ha dicho Monseñor Cañizares, no se encuentra absolutamente ninguna referencia a los socialistas como tales.
Lo que más me llamó la atención del debate político de alto nivel de ayer no fue lo que dijeron los dos participantes, ni como se comportaron, ni sus propuestas o acusaciones. Lo que verdaderamente me fascinó es el interés suscitado por el debate en sí. Se calcula que siguieron el evento unos 13 millones de espectadores, es decir, una de cada cuatro personas en España.
Cuando empecé a escribir este blog, que no me considero conservador ni progresista, porque pienso que esas categorías de tipo político carecen de sentido cuando se aplican a la Iglesia.









