De feminismos y feminismos
Me ha llamado la atención leer, en distintos blogs de este mismo portal, cómo a veces se critica durísimamente al feminismo y otras se ensalza al mismo como un gran logro de nuestro tiempo. Es una contradicción curiosa y creo que conviene analizarla un poco.
Bien, como es lógico, las palabras sólo son palabras, aunque algunas arrastren una historia accidentada. En sí no son buenas ni malas. Las nueve letras de esta palabra no son mejores ni peores que las demás. Lo que importa es el significado que se da al término en cuestión. Y creo que es evidente que la palabra “feminismo” no significa lo mismo para todo el mundo. Bajo el paraguas del término feminismo, coexisten multitud de interpretaciones de la vida, del ser humano, de lo que es la mujer y de su relación con Dios y con los varones. Algunas de esas interpretaciones son compatibles con la fe católica, mientras que otras muchas son claramente inadmisibles para un católico, lo cual crea una gran confusión.
Precisamente por esa confusión, hacen falta criterios sencillos para distinguir lo que es católico de lo que no puede serlo nunca. He recogido brevemente diez características que hacen que una determinada postura feminista sea contraria a la visión católica del mundo. Quizá los lectores puedan aportar otras. A mi juicio, si una postura que se autodenomina “feminista” rechaza estas características será en principio aceptable para un católico, al margen de que nos guste más o menos el término en sí.

Un lector, Cristhian, me envía estos párrafos que ha escrito sobre lo sucedido en Haití y la reacción de los cristianos.
Religión en Libertad inició hace tiempo una meritoria campaña para pedir al Rey que no firmase la futura Ley del Aborto, que convierte esta barbarie sangrienta en un derecho. Como es lógico, no podría estar más de acuerdo en que el Rey, como monarca, como cristiano y como ser humano, no debe firmar esta Ley inicua y repugnante (más aún, si cabe, que la que actualmente está en vigor).
Una de las cosas buenas que tiene la verdad es que es universal. Las verdades teológicas son ciertas en todas partes y no dependen de zonas, idiomas, políticas o características culturales o históricas. Y sí, esto también incluye al País Vasco. Una de estas verdades teológicas que valen para cualquier lugar del mundo es el antiguo adagio: Gratia supponit naturam. La gracia supone la naturaleza. Entre otras cosas, esto significa que la gracia de Dios y la vida espiritual no van por un lado mientras que las virtudes humanas por otro. Si uno se dedica a hacer canalladas y además se enorgullece de ellas, ya puede hablar de Dios hasta en la sopa, decir que está muy comprometido con los pobres y los oprimidos o tener fama de santidad entre sus admiradores, que sus obras lo desmienten todo. Aquí, en el País Vasco y en Pernambuco.
España o, mejor dicho, las Españas han estado siempre muy unidas al dogma de la Inmaculada Concepción. Mucho antes de que fuera declarada como dogma, la doctrina de la concepción inmaculada de Nuestra Señora ya estaba presente en la vida de los españoles.



