Una gloriosa batalla
Acabo de terminar un libro muy interesante, titulado The Glorious Battle, sobre los anglocatólicos que, a diferencia de Newman, permanecieron en el Anglicanismo. Una de las anécdotas que cuenta el libro me pareció tan divertida y, a la vez, tan interesante, que inmediatamente la marqué para hablar de ella en el blog. No son más que un par de frases, pero me parecieron espléndidas.
En cierta ocasión, Lord Halifax, el anglocatólico laico más conocido, le dijo a su amigo y en algunas ocasiones adversario, el Arzobispo de Canterbury: “Lo único que puede salvar a la Iglesia de Inglaterra es el martirio de un Arzobispo. Deseo con todas mis fuerzas ese honor para usted y también estar vivo cuando suceda, para así poder empapar mi pañuelo en su sangre y dejárselo a mis descendientes… como el más preciado de mis legados". Algo parecido le espetó al Arzobispo el presidente de la asociación anglocatólica, la English Church Union: “No se me ocurre nada más espléndido que la posibilidad de que, un día, su Gracia [el Arzobispo] sea ejecutado junto a la Torre de Londres”.

Winston me envía este testimonio, recientísimo, de una velada contra el aborto, celebrada ante una clínica abortista.
Como en los últimos días hemos hablado de arte cristiano, me ha parecido buena idea hablar brevemente de la catedral de Palma de Mallorca, un impresionante
El hecho de utilizar fraudulentamente las palabras para decir lo contrario de lo que esas palabras significan no me sorprende. Estamos ya desgraciadamente acostumbrados a que suceda. Pero me sigue irritando sobremanera. De alguna forma, siento que me están llamando tonto al hacer eso, que se están burlando en mi cara.
Varios lectores me han pedido que recomiende libros y creo que conviene seguir en esto el consejo paulino de dar satisfacción al prójimo en lo bueno. Comienzo, pues, una nueva sección del blog, dedicada a hablar de buenos libros católicos o relacionados de alguna forma con la fe o el pensamiento. La sección se llama Vita brevis, en referencia a una frase de Hipócrates: Ars longa, vita brevis (o, para quienes prefieran el original, Ὁ βίος βραχὺς, ἡ δὲ τέχνη μακρὴ). Es decir, a grandes rasgos, el arte, la ciencia o cualquier tarea importante son inacabables, pero la vida es breve y no se puede abarcar todo.



