El buenismo pacifista no es cristiano

Pocas cosas hay más tristes que vivir dominado por los dictados de la moda, pero una de ellas es vivir dominado por los dictados de una moda de hace cincuenta años. El daño que hace basar la propia conducta en un error grave es evidente, pero más evidente aún es el perjuicio de construir el propio pensamiento sobre un error que ya demostró sus gravísimas carencias hace medio siglo. Es difícil pensar en algo que muestre una mayor inmadurez que seguir lo que hace todo el mundo como borregos, salvo quizás seguir como borregos lo que hacía todo el mundo el siglo pasado.
Últimamente ha resurgido en la Iglesia, como una mala hierba, el pacifismo buenista y militante de los sesenta. Por alguna extraña razón, un gran número de eclesiásticos han decidido unánimemente que esa ideología casposa y disparatada es la postura moral de la Iglesia, sin importar que la Tradición, la doctrina y el sentido común más básico digan lo contrario.


A veces, cuando uno lee la noticia del último disparate eclesial, se asombra y piensa: ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Por qué nadie lo impide? ¿Están ciegos? Y al cabo de un par de horas o un par de días el escándalo se olvida, hasta que llega la noticia de un nuevo disparate eclesial y uno se indigna de nuevo y se pregunta otra vez el porqué.
Una de las desventajas de tener un blog en el que se discuten multitud de temas es que uno se encuentra con una gran cantidad de sofismas, es decir, de argumentos que aparentemente son correctos, pero en realidad adolecen de un vicio oculto que los inutiliza y los lleva a conclusiones erróneas.
Cuando no puedas más y la vida cristiana se te haga pesada o imposible, lee vidas de santos. Para eso nos regala el Señor a los santos, para que su ejemplo avive en nosotros la llama vacilante de su amor, despierte en nuestro corazón el celo por el Evangelio y nos devuelva la alegría que el pecado y los quehaceres del mundo nos arrebatan.



