InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: General

23.09.15

Propuesta para el Sínodo (VII): hablemos del pudor

Chesterton afirmó en cierta ocasión que un niño de diez años se asombrará si le decimos que se abrió una puerta y apareció un dragón. En cambio, un niño de dos años se asombrará si simplemente le decimos que se abrió una puerta. Al pensar en esas palabras de Chesterton, siempre me ha parecido que el más listo era, indudablemente, el niño menor, porque una puerta es algo mucho más asombroso que un dragón.

La construcción de paredes y límites es una tarea profundamente humana. Como si fuera un prodigioso mago con poderes semidivinos (¡hecho a imagen del mismo Dios!), el hombre es capaz de transformar el universo a su arbitrio, tomando arbitrariamente un espacio, rodeándolo con paredes y dividiendo con ello el mundo entero en “dentro” y “fuera”. Y no sólo eso, sino que, de forma aún más asombrosa, en el seno de esas paredes crea unos objetos legendarios llamados puertas, que son cuasiimposibilidades metafísicas, pues constituyen un vínculo de unión entre dos conceptos absolutamente opuestos, como el de exterior y el de interior, y permiten así que algo que está dentro pase a estar fuera, como un conejo que sale de la chistera, y viceversa. Los lectores y yo hemos cumplido los diez años y, por ello, todo esto nos parece normal, pero si preguntamos a un niño de dos años, con ojos limpios que no han sido velados aún por la rutina y el pecado, nos dirá que caminamos entre misterios y prodigios.

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28.08.15

Polémicas matrimoniales (XXX): no tienen vergüenza

Hemos hablado un par de veces ya de una petición pública que algunos “teólogos” españoles han hecho al Papa para que dé la comunión a los divorciados en una nueva unión. Se trata de una iniciativa realizada a través de la plataforma Change.org, que permite que los particulares recojan firmas para todo tipo de cosas. El hecho de que haya sido urdida por Religión Digital con la colaboración de un grupito de teólogos heterodoxos ya dice mucho sobre la propuesta. Como era de esperar, la calidad de los argumentos esgrimidos es ínfima y, de no ser por los firmantes originales, uno estaría tentado de imaginar que es obra de algún becario adolescente al que le parezca muy significativo tutear al Papa, por ejemplo.

Al margen de todo eso y para aviso de navegantes desprevenidos, conviene señalar que la petición empieza con una falsedad descomunal, cuyo único camuflaje es la desvergüenza y el desparpajo con los que se propone como si fuera cierta. En efecto, a nadie se le ocurriría que una persona normal vaya a mentir de forma tan descarada y en eso precisamente reside la fuerza del engaño. Veámoslo.

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19.08.15

Propuesta para el Sínodo (VI): no os engañéis

Así dice el Señor: “No os engañéis” (Jer 37,9; cf 1Cor 6,9-10).

Cuando yo era pequeño, aún se enseñaba a los niños la “prueba del nueve”. Se trataba de una serie de sencillas operaciones que permitían comprobar si había algún error en el resultado que se había obtenido en una división complicada. Era un ejercicio meramente práctico, o si se quiere mecánico, porque su fundamento teórico es bastante más complicado que una división, pero servía para darse cuenta fácilmente de que uno se había equivocado y así corregir el error.

Me he acordado de esta vieja regla al pensar en las discusiones relacionadas con el Sínodo de la Familia y se me ha ocurrido que sería estupendo tener también en ese tema una regla práctica para no engañarnos y tampoco engañar a los demás. A fin de cuentas, estamos hablando de la vida de las personas, que es algo mucho más importante que la nota obtenida en un examen del colegio. Nos jugamos mucho y tenemos que acertar en nuestras argumentaciones.

Como la moral familiar es incomparablemente más compleja que una simple división, sería demasiado ambicioso pretender una regla práctica que sirva para detectar cualquier error, pero podríamos tener más suerte si nos limitamos a un sólo engaño, que es especialmente frecuente en las argumentaciones que escuchamos estos días. Se trata de un error comprensible, pero no por eso menos letal: por nuestra historia, nuestra forma de pensar, el influjo de nuestro tiempo y también nuestros prejuicios, en ocasiones unos pecados nos parecen subjetivamente menos importantes que otros y más justificables, al margen de su gravedad objetiva. La fortísima presión de una sociedad que se ha ido paganizando tiene su efecto en nosotros y hace que, inconscientemente, asumamos sus esquemas mentales, que no coinciden con los del Evangelio.

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3.08.15

Polémicas matrimoniales (XXVII): el consejo en la sombra

Quizá los lectores no se hayan enterado aún de que recientemente se han publicado las charlas pronunciadas en la reunión convocada por algunos obispos alemanes, franceses y suizos que tuvo lugar el pasado 25 de mayo en Roma, en la Universidad Gregoriana. Se trató de una reunión de teólogos y obispos cercanos a la postura del cardenal Kasper (o incluso más radicales, aunque parezca mentira), para preparar su estrategia de cara al Sínodo de octubre.

La reunión despertó cierta curiosidad, porque se celebró a puerta cerrada y sólo se permitió la entrada a algunos periodistas escogidos que fueran favorables a las tesis “progresistas” y a los que además se les prohibió que atribuyeran opiniones a personas concretas. Por esta falta de transparencia, fue bautizada con cierta gracia por (otros) periodistas como el “consejo en la sombra”.

Supongo que en este blog comentaremos con el tiempo alguno de los discursos pronunciados en la reunión, pero me gustaría dar mi opinión en conjunto. Visto el contexto (una reunión de teólogos e incluso obispos partidarios de introducir el divorcio en la Iglesia, además de otra sarta de barbaridades), no es que yo esperase que me fueran a convencer sus razonamientos, pero me han sorprendido para mal. Francamente, el nivel teológico es ínfimo. No se trata ya de que estén equivocados, es que resultan inmediatamente evidentes la ausencia total de razones y el desprecio más absoluto por la Escritura (que no es más que “una sugerencia”, sujeta siempre a nuevas interpretaciones subjetivas), la Tradición (que se opone al “kerigma” o se reduce a mera “teología medieval”) y el Magisterio (que se identifica con cualquier cosa que diga cualquier obispo y, por lo tanto, se considera cambiante, pluralista y sujeto al magisterio supremo de lo que diga la sociedad).

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30.07.15

Propuesta para el Sínodo (IV): amor y enamoramiento

Una de las cosas positivas que ha tenido la polvareda levantada por el Sínodo de la familia es que ha sacado a la luz la deplorable situación de la catequesis sobre la familia en la Iglesia. A menudo, no ya los ateos y agnósticos, sino los mismos cristianos están a años luz de comprender lo que se discute en estos temas, porque nadie les ha enseñado los principios más básicos de la antropología cristiana. Son cosas que en otras épocas se podían dar por sobrentendidas, pero que ahora, tras de la falta de catequesis (o en algunos casos, anticatequesis) del último medio siglo, resultan absolutamente cruciales para el católico medio, que suele recibir su antropología de la televisión.

A mi entender, una de las grandes confusiones del mundo de hoy, que impide a millones de personas entender la doctrina católica sobre la familia, es la confusión entre amor y enamoramiento. Por eso tantos dicen que cuando un matrimonio ha “fracasado”, lo mejor es “rehacer su vida”. De ahí vienen también ideas como que el matrimonio “sólo es un papel” o que no tiene sentido la indisolubilidad del vínculo cuando “el amor se ha acabado”. En general, es una confusión que distorsiona por completo el concepto mismo de matrimonio, que es la base de la familia.

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