InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Biblia

28.10.16

Una anécdota sobre San Judas

Hoy se celebra la festividad de San Simón y San Judas, apóstoles. Se les conmemora el mismo día porque murieron juntos como mártires, en la lejana Persia. Las tradiciones cuentan que, cuando iban a ser ejecutados, Judas dijo a Simón que estaba viendo al Señor que los llamaba para que fueran al cielo. A San Simón se lo suele representar con una sierra, porque lo cortaron en dos, mientras que a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza o lo mataron a golpes, según las tradiciones, de modo que se le representa con un hacha o con un garrote, además del libro o rollo referente a la carta de San Judas de la Biblia.  Sus reliquias se encuentran actualmente en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Creo que es un buen día para a recordar una pequeña anécdota personal sobre San Judas.

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21.06.16

No se trata de quién es Jesús para mí

Al igual que los espejos retrovisores de los coches, cada época tiene sus puntos ciegos. Son cuestiones, circunstancias o situaciones que, simplemente, esa época es incapaz de percibir. No se trata de que las discuta, las niegue o las rebata. Simplemente, no las ve, como si no existieran.

Los cristianos, incluidos sacerdotes, religiosos y obispos, somos hombres de nuestro tiempo y esos puntos ciegos nos afectan también, sobre todo si nos alejamos de la Tradición y la enseñanza de la Iglesia, que son anclas seguras para no apartarse de la realidad en toda su riqueza y complejidad.

A mi juicio, la lectura del evangelio de este domingo es un ejemplo muy claro de esos puntos ciegos de nuestra época.

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13.06.16

El fariseo soy yo

Cuando leemos los Evangelios, a menudo experimentamos una tendencia casi irrefrenable a emparejar a cada uno de los personajes evangélicos con personas o grupos de personas de nuestro entorno… y también a menudo lo hacemos fatal, proyectando nuestras neuras y rencores en el Evangelio, en lugar de dejar que el Evangelio sane esos rencores y esas neuras.

Quizá nos consuele (por aquello de que mal de muchos, consuelo de tontos) que se trata de un pasatiempo tan frecuente como inconsciente. Recuerdo un seminarista que me dijo hace mucho tiempo, completamente en serio, que los fariseos del Evangelio, en nuestra época, eran los ricos, los que tenían dinero. Como es lógico, el muchacho deducía de eso que los ricos eran los causantes de todo el mal del mundo y continuaba aplicándoles todas las invectivas de Cristo contra los fariseos: sepulcros blanqueados, nidos de víboras, etc.

En vano le señalé que en el Evangelio también aparecían ricos: los publicanos, que no eran simplemente ricos, sino además ricos malvados, timadores y sinvergüenzas, explotadores del huérfano y la viuda. Asimismo, le hice notar que, a pesar de eso, Cristo fue muy criticado por comer con ellos y por mostrarles exactamente el mismo amor y la misma llamada a la conversión que a la pecadora de la lectura de hoy y que esa frase tan escandalosa de que las prostitutas nos precederán en el Reino de los Cielos, en realidad dice que los publicanos y las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos. También me esforcé por explicarle que, si hay algo característico del fariseísmo, es mirar por encima del hombro a los demás, incluidos los ricos, pero en vano. Aquel seminarista (que era una buenísima persona) se había educado en una de esas tristes parroquias que han puesto “lo social” en el lugar del Evangelio y para las que “los ricos” son la quintaesencia del mal en el mundo, así que le habían inculcado desde pequeño que los malísimos fariseos sólo podían ser los ricos.

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27.03.16

De este mundo, la primera

Hace muchos años, viajé a Loretto con ocasión de un encuentro de jóvenes con el Papa Juan Pablo II que se celebró allí. Al visitar la basílica, me impresionó mucho un mosaico con una escena de la vida de Cristo que nunca había visto antes: la aparición de Cristo resucitado a Nuestra Señora, en la mañana de Pascua.

Se trata de una escena que no aparece en los Evangelios, pero que se ha transmitido en algunas tradiciones, recogidas, entre otros, por San Anselmo de Canterbury, San Alberto Magno y el propio San Juan Pablo II, tan amante siempre de la Virgen y todo lo que tuviera que ver con ella:

“Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario […] ¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (cf. Hch 1, 14), haber sido excluida del número de los que se encontraron con su divino Hijo resucitado de entre los muertos?

Juan Pablo II, Audiencia general del 21 de mayo de 1997

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9.03.16

El oro, incienso y mirra de la cuaresma

Una de las cosas que más me fascinan de la Sagrada Familia de Barcelona es el profundo simbolismo de cada detalle del templo expiatorio. Cada pequeño adorno parece estar pensado y tener su sentido especial.

A pesar de ciertas cuestionables desviaciones del plan original, por todas partes se encuentran muestras de la intensa vida espiritual de Gaudí. Una de estas muestras que me llamó la atención la última vez que estuve en Barcelona fue el paralelismo trazado por Gaudí, en las inscripciones de un muro, entre los regalos que llevaron los magos al Niño recién nacido en la primera Navidad y las prácticas que aconseja la Iglesia para vivir la Cuaresma:

ORO – LIMOSNA

INCIENSO – ORACIÓN

MIRRA – AYUNO

Este paralelismo es muy profundo (tiene mucha miga, como decimos los españoles) y creo que puede ayudarnos a entender mejor lo que es la Cuaresma.

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