De este mundo, la primera
Hace muchos años, viajé a Loretto con ocasión de un encuentro de jóvenes con el Papa Juan Pablo II que se celebró allí. Al visitar la basílica, me impresionó mucho un mosaico con una escena de la vida de Cristo que nunca había visto antes: la aparición de Cristo resucitado a Nuestra Señora, en la mañana de Pascua.
Se trata de una escena que no aparece en los Evangelios, pero que se ha transmitido en algunas tradiciones, recogidas, entre otros, por San Anselmo de Canterbury, San Alberto Magno y el propio San Juan Pablo II, tan amante siempre de la Virgen y todo lo que tuviera que ver con ella:
“Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario […] ¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (cf. Hch 1, 14), haber sido excluida del número de los que se encontraron con su divino Hijo resucitado de entre los muertos?

Una lectora me pide que trate en el blog la importancia de los santos en la vida del cristiano y lo hago de mil amores, porque es un tema fascinante. Gracias a Dios, en mi familia, como en tantas otras familias católicas, los santos siempre han tenido un papel significativo, tanto a la hora de
Creo que la mayor parte de la gente estaría de acuerdo en que, en principio, el matrimonio es el lugar ideal para la educación de los hijos. La estabilidad familiar, moral y económica del matrimonio son fundamentales para el crecimiento psicológico, intelectual y moral del niño. Como es lógico, puede haber casos de matrimonios desastrosos, pero ceteris paribus, es indudable que, por su propia naturaleza, la relación matrimonial aporta un cimiento más sólido para la familia que cualquier otra relación.
En su
Polémicas matrimoniales (XLI).








