23.10.08

A todo hay quien gane, por desgracia

Al oír hablar, estos días, del barco abortista que ha venido a España, es difícil no sorprenderse de los extremos a los que puede llegar el ser humano: animar a las mujeres a dar muerte a sus hijos, haciendo terribles esfuerzos para saltarse los pocos obstáculos que pone la ley, incluso ayudando a las menores de edad a hacerlo sin permiso de sus padres. Desgraciadamente, a todo hay quien gane.

Pregunta: ¿Qué puede ser más terrible que hacer todo lo posible por conseguir que las mujeres acaben con la vida de sus niños?
Respuesta: Hacer eso mismo y pretender que ésa es la Voluntad de Dios y que hay que darle gracias por cada aborto cometido.

He encontrado en Internet este ritual” para tener una celebración litúrgica con mujeres que se han deshecho de sus hijos antes de nacer. Voy a incluir algunos párrafos (aunque aconsejo seriamente un periodo de ayuno antes de leerlos, porque son realmente vomitivos):

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21.10.08

La única Iglesia que ilumina es la que arde

Todos los lectores conocerán ya, supongo, la noticia de que varias organizaciones proabortistas han estado repartiendo unas cajas de cerillas con la imagen de una iglesia católica ardiendo y el lema: la única iglesia que ilumina es la que arde. Como es lógico, la inmensa mayoría de las reacciones ante esta barbaridad han sido de rechazo, incluso pidiendo legítimamente que se tomen acciones legales contra ella.

Entiendo perfectamente esta actitud y, de hecho, la comparto, pero mi reacción instintiva al conocer la noticia fue algo distinta. Lo primero que me vino a la cabeza al oír esta frase fue: “totalmente de acuerdo”. Aunque yo escribiría la frase con una mayúscula más. No tanto la única iglesia que ilumina es la que arde, sino la única Iglesia que ilumina es la que arde. Es la Iglesia entera la que está llamada a arder y a consumirse en amor a Cristo y en preocupación por la evangelización de todos los hombres.

El mayor problema que tiene la Iglesia hoy, a mi juicio, es precisamente que no arde, que la mayoría de sus miembros vivimos en una tibieza permanente. Unos cristianos aburguesados, bien acomodados en su sillón no atraen ni entusiasman a nadie.

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20.10.08

Santa y feliz

Acabo de leer las curiosas declaraciones de Jesús Cotta, autor de una nueva antología de textos de Santa Teresa de Jesús titulada “Teresa, mon amour". Este escritor malagueño ha afirmado que intentaba “demostrar que Santa Teresa es natural y cercana, como una vecina; que es una mujer, no una santa”.

El propio Jesús Cotta me ha aclarado que considera que la frase no fue muy afortunada, pero me ha hecho pensar en lo increíblemente desconocida que es la doctrina católica sobre la santidad, sobre lo que son los santos. A menudo, la gente piensa que la santidad es algo raro o extraño que viene de otro planeta o que al menos está reservada a personas con cualidades excepcionales. Lejos de ser así, la santidad es la vocación a la que estamos llamados todos los cristianos y Dios no se conforma con ninguna otra cosa, porque sólo los santos son plenamente humanos. Santa Teresa fue una Mujer, así, con mayúsculas, porque fue una gran Santa, también con mayúsculas.

Quien piensa que un santo no es humano, no conoce, por ejemplo, el sólido sentido común de una mística como Santa Teresa, la simplicidad de un grandísimo teólogo como Santo Tomás, las meteduras de pata del Apóstol Felipe o las dudas del Apóstol Tomás, la dulzura de un obispo perseguido en su propia diócesis como San Francisco de Sales, la alegría constante de San Felipe Neri o incluso el mal genio de San Jerónimo. En una de las lecturas de la Misa de ayer, el Señor decía a Ciro: Te he llamado por tu nombre. Dios nos llama a cada uno por nuestro nombre. No nos convierte en autómatas, ni nos considera simples números en una gran lista.

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12.10.08

Astorga, con la puerta en las narices

Este verano, volviendo de Galicia hacia Madrid, eché un vistazo al mapa del itinerario para buscar un sitio interesante donde mi familia y yo pudiésemos parar para comer. Decidimos visitar Astorga, sede episcopal, y así rezar un rato en la Catedral. No sabíamos el nombre del obispo de Astorga, pero eso era lo de menos. Queríamos rezar en la sede de un Sucesor de los Apóstoles, en el centro de la vida de la diócesis.

En efecto, después de comer unos bocadillos en un parque junto a las murallas, estuvimos disfrutando del exterior de la Catedral y sus preciosos relieves de escenas de la vida de Cristo. Cuando intentamos entrar en la Catedral, sin embargo, nos encontramos con la sorpresa de que no se nos permitía entrar en ella si no pagábamos la entrada. Se permitía la entrada libre durante un pequeño espacio de tiempo de dos horas por las mañanas para la Misa, pero durante las ocho horas restantes, quien quisiese entrar en la Catedral debía pagar por ello.

Me molestó muchísimo. Si, al entrar en la Catedral, yo hubiese encontrado un mensaje del obispo solicitando una colaboración económica, diciendo, con sinceridad y humildad, que no alcanzaban los ingresos diocesanos para sufragar los gastos de la Catedral y que confiaba en la ayuda de los cristianos, que han aprendido a ser generosos de la misericordia gratuita de Dios, hubiera recibido mi aportación. ¿Cómo podría ser de otro modo cuando un Sucesor de los Apóstoles me pide ayuda?

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6.10.08

Ser católico sin ser católico

Hoy he traducido los siguientes breves párrafos de un interesante blog norteamericano, con el simpático nombre de Catholic Coffee Drinkers, escrito por Jordan Lichens.

El autor, un converso del Protestantismo al agnosticismo y de éste al Catolicismo, nos cuenta su impresión al hacerse católico y comprobar la extraña actitud que muchos católicos tienen hacia la Iglesia.

Estamos tan acostumbrados a lo que nos cuenta Lichens que ya casi no nos llama la atención y, probablemente, necesitamos verlo con ojos nuevos, como los de un converso, para darnos cuenta de la extraña situación en la que vivimos.

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