1.02.09

Conversión y lágrimas

Un lector me ha enviado esta historia de conversión que le ha gustado, aparecida en la revista Pórtico del Cielo y, en internet, en la página de Mercabá. Es la historia de una luterana alemana alejada de la religión que se hizo católica después de vivir durante años en España.

Me han llamado la atención bastantes cosas:

- la importancia de rezar por los que no creen, también cuando parece que pasan los años y no se ven los frutos
- la paciencia infinita de Dios
- el hecho de que Dios se vale de lugares de peregrinación y santuarios para hacerse presente de forma especial, otorgando gracias singulares,
- el don de lágrimas que a veces regala el Señor
- el consejo final a los católicos españoles.

Espero que les guste.

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30.01.09

Cafeterías presidenciales

He leído, en sendos blogs americanos, dos noticias que me han llamado la atención de forma especial. Parece ser que el Presidente de Bolivia, Evo Morales, afirma que es católico. Hace unos días, como tal, fue a la Misa dominical y comulgó en ella. Eso sí, a la salida del templo, unos minutos más tarde, no tuvo reparo en afirmar que el también creía y rendía culto a la Pacha Mama. Más de una vez ha participado públicamente en ceremonias de “sacerdotes” aimaras en honor de la Madre Tierra y el Padre Sol. Después de este tipo de declaraciones, ¿es de extrañar que la nueva constitución boliviana haya sido rechazada unánimemente por los obispos bolivianos por abrir la puerta al aborto y a las uniones del mismo sexo, reducir la libertad de los padres u olvidar totalmente el papel del catolicismo en la historia boliviana?

Algo más al norte, en los Estados Unidos, cuenta un blog que el vicepresidente norteamericano, Biden, que también afirma ser católico, fue aplaudido por todos los asistentes a una misa dominical, que le homenajearon puestos en pie. Si ésta es la reacción de los católicos, ¿es de extrañar que Biden no vea ninguna contradicción entre su condición de católico y el hecho de que su administración esté dando vía libre al aborto en todos los ámbitos desde el primer día? ¿O entre ser católico y haber votado a favor de una ley que establecía que, si un niño sobrevivía a un aborto, había que matarlo?

No podemos entrar en sus corazones, que sólo Dios ve. Sin embargo, no me cabe duda de que estas formas de actuar son propias de católicos de cafetería, católicos light, católicos políticamente correctos o católicos sólo de nombre, como prefieran.

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29.01.09

El peso de la gloria

He traducido hoy unas líneas que, a mi juicio, están entre lo mejor que se ha escrito en el s. XX. Están tomadas de The Weight of Glory, del converso inglés C.S. Lewis. A menudo, los conversos tienen una forma especial de mirar las cosas: con la mirada de un niño para quien todo es nuevo y, precisamente por eso, es capaz de asombrarse ante la belleza y las maravillas de lo cotidiano.

Invito a los lectores a que dejen que este converso les abra los ojos, para que puedan ver lo que tienen ante sus narices y probablemente olvidaron con el paso de la niñez a la edad adulta:

No existe la “gente ordinaria”. Nunca has hablado con un “simple mortal”. Las naciones, las culturas, el arte, las civilizaciones… son cosas mortales y su vida es, para nosotros, como la vida de un insecto. En cambio, bromeamos con inmortales, trabajamos con inmortales, nos casamos con inmortales, despreciamos a inmortales y explotamos a inmortales, horrores inmortales o esplendores eternos.

Esto no significa que siempre debamos comportarnos con solemnidad. Tenemos que jugar. Pero nuestra alegría debe ser del tipo (que es, de hecho, el tipo más alegre de alegría) que existe entre personas que, desde el principio, se han tomado en serio unas a otras: sin frivolidad, sin superioridad y sin arrogancia. Y nuestra caridad debe ser un amor real y costoso, sintiendo profundamente los pecados a pesar de los cuales amamos a los pecadores, y no una simple tolerancia o indulgencia que parodia el amor del mismo modo que la frivolidad parodia la alegría.

Después del propio Santísimo Sacramento, tu prójimo es el objeto más santo que se presenta a tus sentidos. Y si tu prójimo es cristiano, es santo casi en el mismo sentido que el Santísimo Sacramento, porque también en él
vere latitat Cristo: el glorificador y el glorificado, la misma Gloria en persona está escondida en él.

Si tenemos presentes estas líneas, cambiará totalmente nuestra forma de relacionarnos con los que tenemos cerca. También con las personas que pasan totalmente desapercibidas, como el cartero, el conductor del autobús, los ancianos del banco del parque… No hay nadie sin importancia. Cada uno de ellos es inmortal, vivirá para siempre. Cuando las pirámides sean polvo y la Tierra no sea más que un recuerdo lejano, ellos seguirán viviendo. Si ante Las Meninas, el Partenón o un concierto de Mozart nuestra actitud es de admiración humilde, mucho más debería serlo ante la obra de Arte divino que es cada ser humano.

No es nada nuevo, por supuesto. Es una consecuencia de aquello que dijo el Señor: Amaos unos a otros como yo os he amado. Porque Dios nos ha amado, somos inmortales. Porque se prendó de nosotros ya antes de que existiéramos, nos creo para vivir para siempre. Porque nosotros rechazamos la vida que nos regalaba, nos envió a su Hijo para que muriera por nosotros y por rescatar al esclavo, sacrificó al Hijo. Porque el mismo Dios se ha encarnado, nuestros cuerpos resucitarán gloriosos. Porque comemos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, medicina de inmortalidad, nuestra carne mortal está destinada a participar eternamente de la vida divina. Porque Cristo dio primero su vida por nuestro prójimo, también nosotros estamos llamados a dar la vida por él.

Desde que el Dios del cielo y de la tierra se hizo hombre en uno de los oscuros planetas de una insignificante galaxia, cada ser humano es valiosísimo, cada segundo de nuestro tiempo y cada acción cotidiana tienen más valor que todo el universo material. Nuestras vidas están empapadas de eternidad y llevamos sobre nosotros el peso de la gloria. No deberíamos olvidarlo nunca.

28.01.09

La Iglesia en el Congo

A pesar de que la Iglesia está extendida por toda la tierra, actuamos a menudo como si fuera algo casi exclusivamente europeoo o americano. El católico medio desconoce casi todo sobre la Iglesia en Asia, en África o en Oceanía. Como católico significa “universal”, creo que es bueno que conozcamos algunas de esas iglesias particulares católicas de otros lugares del mundo.

En el Congo, por ejemplo, hay más de veinte millones de católicos, tantos como en Austria, Bélgica y Portugal juntos. Tienen un uso litúrgico propio y una historia cristiana que se remonta al siglo XV. He pedido a un amigo mío, sacerdote diocesano congoleño, que nos cuente algo sobre la Iglesia en su país, que sufre desde hace años una situación de guerra intermitente.

Espero que Ceferino pueda responder a las preguntas que tengan los lectores, para que podamos conocer mejor a estos hermanos nuestros en la comunión de los santos, que peregrinan en tierras africanas.

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Hace mucho que mi hermano Bruno me pide que escriba algo sobre la Iglesia en la República Democrática del Congo. Soy Ceferino Ligopi, sacerdote de la diócesis de Lisala, en el norte de la República Democrática del Congo, estudiante en la Facultad de teología de San Dámaso de Madrid.

¿Qué voy a contar de la Iglesia en el Congo? Hay muchas cosas. Se puede hablar de la liturgia, de la organización pastoral, de las escuelas católicas, de la conferencia episcopal… Es imposible hablar de todo. Pero antes una breve situación general desde las cifras.

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26.01.09

Discusión sobre el Vaticano II, “subsistit in” y el ecumenismo

El otro día, en los comentarios del blog de Luis Fernando, se suscitó una interesante discusión sobre el Concilio Vaticano II, la expresión “subsistit in” y el ecumenismo. Como no era realmente el tema del post de Luis Fernando, he considerado oportuno continuarla aquí.

Recuerdo que el contexto de la expresión latina es la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, que afirma:

“Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica, la que nuestro Salvador entregó después de su resurrección a Pedro para que la apacentara, confiándole a él y a los demás apóstoles su difusión y gobierno, y la erigió para siempre como “columna y fundamento de la verdad".

Esta Iglesia constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, permanece en (subsistit in) la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, aunque pueden encontrarse fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica".

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