13.07.17

21.06.17

La Iglesia Siríaca (y XI)

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La situación de la Iglesia siríaca al comienzo de la Primera guerra mundial

 

En diciembre de 1914, el sultán otomano entró en la Gran Guerra del lado de las potencias del Eje, esperando recuperar algunos de sus territorios perdidos a manos de dos viejos enemigos (ahora en el bando aliado): Rusia y Grecia. El plan resultó un desastre, y salvo la exitosa defensa de la península de Gallípoli frente a los británicos, los turcos fueron derrotados en el resto de los frentes. Su preeminencia en el Oriente Próximo árabe tocaba a su fin.

La caída otomana, tras cuatro siglos de predominio, sorprendió a la comunidad cristiana más dividida que nunca. En 1915, la Iglesia siríaca era la más fragmentada de toda la Cristiandad.

 

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4.06.17

Christophorus Clavius

Cristóbal Clavio

Primeros años y formación

Christophorus Clavius nació en Bamberg (Baviera), ciudad no lejos de la frontera con los territorios protestantes, el 25 de marzo de 1538. Su nombre original alemán era Christoph, y su apellido no se conoce con precisión, pues únicamente nos ha llegado su latinización. Posiblemente fuese Klaus, con lo cual se habría transliterado, aunque otros piensan que podría tratarse de un apellido germánico, Schlüssel, que significa “llave”, y que correspondería a la traducción al latín de Clavius.

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7.05.17

Hipócritas

Fue hace unos días y sucedió en un andén del metro de Barcelona: un desconocido propinó un codazo y luego una bofetada a una muchacha sin mediar motivo alguno. Un hecho de violencia gratuita, y por desgracia demasiado frecuente en nuestros días de agresividad verbal y física cotidianas.

 

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21.04.17

El matrimonio cristiano (y III). Errores del modernismo sobre el matrimonio. Divorcio. Aborto. Obligaciones de la autoridad respecto al matrimonio.

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Falsedad de la filosofía modernista sobre el matrimonio

 

Es característico de la filosofía modernista y sus hijos el despreciar la acción salvífica que también sobre el matrimonio ejerció Cristo. Deseosos de sacudirse cualquier obligación, rechazan la naturaleza completa del matrimonio cristiano, aludiendo a una falsa libertad, que es simplemente permisión para el pecado y deseo de  que las familias desoigan el mandato divino (AD, 10).

 

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7.04.17

El matrimonio cristiano (II). Bienes. La prole. Auxilios sobrenaturales y materiales

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Bienes del matrimonio

 

Según san Agustín, los bienes del matrimonio son la prole, la fidelidad y el sacramento (De bono coniug. 24, 32).

La fidelidad atiende a que no se unan los cónyuges carnalmente fuera del vínculo; la prole (la primera de todas, CC, 5), a que se reciba a los hijos con amor, se les críe con benignidad y se les eduque religiosamente; y el sacramento, que el vínculo no se disuelva y el divorciado no se una a otro, ni aún por razón de la prole. La ley del matrimonio no sólo ennoblece la fecundidad de la naturaleza, sino que reprime la perversidad de la incontinencia (De Gen. ad litt. 9, 7, 12) (CC, 5).

 

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27.03.17

El matrimonio cristiano (I). Naturaleza, sacramento, amor conyugal

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Introducción

 

En esta bitácora se ha tratado sobre diversos aspectos del matrimonio: sobre el matrimonio civil, sobre el divorcio, sobre el noviazgo y también de modo informal sobre algunas cualidades del matrimonio cristiano. Faltaba, no obstante, una recensión completa de las enseñanzas magisteriales de la Iglesia sobre el matrimonio. Y a ese objeto va dirigida esta serie de artículos, que considero necesaria en estos tiempos de confusión entre fieles y aún entre clérigos acerca de las características, derechos y obligaciones del matrimonio. Toda la doctrina aquí resumida proviene de documentos pontificios o conciliares, con sus referencias, de los recomendados en la página del sitio de la Santa Sede sobre la enseñanza de los papas acerca del matrimonio.

 

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2.03.17

El temor de Dios

El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor y pertenece (como el primer mandamiento) a la virtud de la religión. El nombre del Señor indica comunicación de confianza, y únicamente se habrá de emplear para honrarlo, bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (CIC 2142-2144).

 

El temor de Dios o temor santo es uno de los siete dones que el Espíritu Santo regala durante el sacramento de la Confirmación (Catecismo s.Pío X, 580; 918; CIC 1831) y que nos inspira reverencia de Dios y temor a ofenderle; de ese modo nos aparta de obrar el mal y nos impulsa a obrar el Bien (Catecismo s.Pío X, 926).

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6.02.17

Sacerdotes mártires valencianos (XV)

 

Vio la luz Juan María Abad Carbonell en la ciudad de Alcoy en abril de 1871. Devoto desde su infancia, curso la carrera eclesiástica en el seminario conciliar de Valencia desde los diez años, ordenándose presbítero en 1896. Fue nombrado capellán de la parroquia de san Mauro y san Francisco de Alcoy, en la que introdujo la devoción a la Virgen de los Lirios, aportando a la misma una imagen de la advocación, y la costumbre de la visita diaria a la misma.

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4.01.17

El acto libre

El artículo precedente explicaba que el acto voluntario o elemento volitivo es aquel que procede del sujeto, con conocimiento e intención del fin y sin coacción externa. La voluntad puede ser expresa o implícita. en diversos grados (actual, virtual o habitual) o interpretativa. La razón de moralidad del voluntario la da el fin último, pero únicamente a través de medios lícitos (el fin no justifica los medios).

La licitud del voluntario indirecto (aquel acto que da un efecto bueno y otro malo) se valora en función de que el efecto buscado debe ser siempre el bueno, el fin debe ser honesto, y el efecto malo debe tener justificación proporcionada. Para imputar un efecto malo en estos casos, este debe ser previsible, y traer posibilidad y obligación de impedirlo.

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18.12.16

¿Qué celebramos en Navidad?

La pregunta se antoja excéntrica (al menos para un cristiano). Navidad es apócope de Natividad, es decir, nacimiento. Nacimiento de Jesús, claro.

O sea, conmemoramos un hecho: el parto y alumbramiento del Salvador en un humilde pesebre de la ciudad davídica de Belén, “porque en la posada no había alojamiento para ellos” (Lc 2, 7), hace unos veinte siglos.

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28.11.16

John C. Eccles

John Eccles

Primeros años

John Carew Eccles nació en Melbourne (estado de Victoria, en Australia) el 27 de enero de 1903. Era hijo de dos profesores católicos que practicaban la educación en casa (homeschooling), por lo que John no acudió al instituto Warrnambool hasta los 12 años. Alumno brillante, a los 17 años fue becado para estudiar medicina en la Universidad de Melbourne. Se graduó el primero de su clase con honores en 1925, siendo premiado con la prestigiosa beca Rodhes para hacer el doctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra.

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10.11.16

José Antonio quiere morir

Un enfermo incurable

José Antonio Arrabal tiene 57 años, mujer y dos hijos veinteañeros. Hace un año le diagnosticaron Esclerosis lateral amiotrófica (ELA) una enfermedad progresiva de los nervios que controlan los músculos, y que va provocando su progresiva e irremediable parálisis, causando un deterioro creciente hasta la muerte. En la era en la que hasta el cáncer se cura, y las enfermedades más terribles de nuestros abuelos tienen vacunas o terapia eficaz, la ELA se ha convertido en una de las bestias negras de la medicina.

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9.10.16

Dos culturas

La inquietud vital del católico actual

Muchos católicos viven inquietos ante las dificultades para ser coherentes con su fe en los tiempos actuales. Dificultad para manifestarse cristianos plenos y vivir sus creencias, así como las normas morales de ellas derivadas. Con frecuencia encuentran incluso difícil entender o saber qué es lo que falla, puesto que se supone que vivimos en una sociedad en libertad religiosa y con gran tradición católica. Ahí están sus catedrales milenarias y sus fiestas religiosas tradicionales que, si no son esplendorosas, al menos se conservan década tras década.

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23.09.16

La Iglesia Siríaca (X)

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Impulso al apostolado católico desde Roma. Propaganda Fidei.

La Congregación para la Propagación de la Fe, fundada y dirigida por los jesuitas en 1622, y nacida al calor de los preceptos reformistas del magno concilio de Trento, fue la impulsora de una auténtica “ofensiva” para reintegrar en la Iglesia a las Iglesias orientales. Uno de los instrumentos más útiles para esta labor fue la buena relación secular entre el cristianísimo rey de Francia y el sultán otomano, coincidentes en su rechazo a los estados gobernados por los Habsburgo. Con frecuencia, embajador o cónsules franceses sirvieron de cobertura oficial para la acción misionera de las órdenes religiosas. El interés de Francia quedó plasmado en la capitulación bilateral de 1604, refrendada en la capitulación de 1673 entre Luis XIV y Mohamed IV. Estos tratados establecían la libertad de residencia y de apostolado (únicamente entre cristianos, por supuesto) de los misioneros occidentales, y de modo más difuso, teóricos derechos para los conversos al catolicismo. En la práctica, estos dependían enteramente de la benevolencia o venalidad de los funcionarios locales. Como es lógico, la casi totalidad de los misioneros en Siria fueron franceses (primer antecedente de la posterior influencia gala en la región).

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12.09.16

El elemento voluntario del acto humano

En el artículo anterior se explicaba que el acto humano es aquel que procede de la voluntad deliberada del hombre. Se caracteriza por ser racional, libre, moral, voluntario e imputable. Contiene tres elementos: el conocimiento, la voluntad y la ejecución.

El componente principal del conocimiento es el advertimiento (percepción del acto presente o futuro), que posee diversos grados. La advertencia es indispensable, relaciona el acto concreto con su moralidad y debe ser antecedente. Por último, el imperio de la razón relaciona el conocimiento con la voluntad.

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Elemento volitivo o Voluntario

Corresponde al influjo que la voluntad ejerce en el acto y es, por tanto, el elemento decisivo para la moralidad de dicho acto. Por ello amerita un estudio detallado.

El influjo de la voluntad procede del propio sujeto agente sin violencia extrínseca y con conocimiento e intención en el fin.

Esta definición clásica de Santo Tomás de Aquino nos permite descartar diversas nociones con las que podría existir confusión: la de los impulsos animales, la del desconocimiento del fin, la procedente de una coacción física externa, la de lo deseado sin que la voluntad pueda influir en ello, la de lo permitido aunque no querido, y la de lo realizado por ignorancia.

Condicionantes de la voluntad:

El acto de la voluntad, o Voluntario, se puede clasificar según diversos condicionantes:

Puede ser elícito (si es un acto de la propia voluntad, como elegir) o imperado (si es de otra potencia bajo el mandato de la voluntad, como mirar).

Puede ser perfecto (si se realiza con advertencia y consentimiento plenos) o imperfecto (si alguna de las condiciones no es plena).

También según la voluntad pueda (libre) o no (necesario) abstenerse del acto. Por ejemplo, la voluntad no puede abstenerse de las funciones fisiológicas, aunque sean dirigidas por ella.

Puede ser puro (si la voluntad desea todos sus aspectos, como amar a Dios), o mixto de involuntario (si la voluntad desea uno de ellos, pero no todos, como por ejemplo tomar una medicina amarga para sanar).

Puede ser directo, o voluntario en sí mismo (si se busca el efecto que provoca el acto, como hidratarse al beber agua), o indirecto, o voluntario en su causa (si simplemente se permite aunque no se busque, como en el caso anterior que se vacíe una botella).

Puede ser positivo, si se trata de acto realizado (hacer un regalo), o negativo, si se trata de un acto omitido (no devolver un saludo).

Puede ser explícito, si el objeto es concreto (mostrar desagrado por una pintura), o implícito, si se incluye en un acto indeterminado (que a uno le gusten los niños).

Puede ser expreso, si se manifiesta la voluntad externamente (con una palabra o un gesto), o presunto, si esta se supone razonablemente (por ejemplo un niño que compra golosinas sin que su madre lo sepa, pero en ocasiones anteriores se lo ha permitido).

Tipos según el momento de la voluntad:

La voluntad puede ser actual si la intención está presente en el momento del acto. Puede ser virtual, si sigue influyendo en el acto por su presencia previa (pongamos por caso la intención inicial de viajar a un destino, aunque durante el trayecto tal voluntad no se halle presente en cada momento). Puede ser habitual si la voluntad se tuvo antes, aunque ya no influya en el acto, y no se retractó (por ejemplo, una persona manifestó una vez querer ser enterrada en sagrado, pero en su agonía no manifiesta ese deseo ni otro sobre el mismo tema). La de más difícil valoración es la voluntad interpretativa, por la cual la voluntad no se tuvo en ningún momento, pero se puede suponer que, de haber tenido la oportunidad de reflexionar sobre ello, la hubiese tenido. Un ejemplo es el de una persona inconsciente que precisa amputar un miembro tras un accidente para salvar su vida. Los galenos que le atienden presupondrán que preferirá salvar su vida a perder el miembro, pero no pueden tener constancia de ello. Otro ejemplo clásico es el de los misioneros que bautizaban paganos inconscientes en sus últimos momentos de vida, suponiendo que de haber conocido el cristianismo, habrían deseado serlo.

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Algunos casos particulares del acto voluntario

  1. El acto voluntario tiene mayor razón por el fin último que por el mediato. Si obramos un acto de generosidad por amor a Dios, el amor a Dios (fin último) da cuenta del acto en mayor medida que el mediato (dar generosamente). Del mismo modo, quien golpea a otro para dejarlo indefenso y robarle, es antes ladrón que agresor.

  1. Los actos voluntarios imperfectos nunca constituyen pecado grave. Cuando un acto pecaminoso se hace sin plena advertencia, o pleno consentimiento (o ambos), en ningún caso se comete pecado mortal, por no ser plenamente humano.

  2. Todos los actos voluntarios son libres, excepto la tendencia a la felicidad natural y sobrenatural. Al juicio humano, todos los objetos se aparecen con su parte virtuosa y su parte defectuosa, por lo que la tendencia hacia ellos es voluntaria y su elección libre. Únicamente la búsqueda de la felicidad, impresa por Dios en el corazón del hombre, es involuntaria e inevitable.

  3. El acto voluntario bajo coacción sigue siendo voluntario. Todo acto no impedido físicamente es voluntario, aunque la amenaza externa puede suponer un atenuante para su valoración, pero no elimina la responsabilidad moral. Mientras exista opción, existe responsabilidad.

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El voluntario indirecto

Uno de los casos más comunes y difíciles de valorar en teología moral es el llamado voluntario indirecto, en el cual el acto escogido tiene dos efectos, uno bueno y otro malo.

Las condiciones de valoración son las siguientes:

A) El acto debe ser lícito en sí mismo, o al menos indiferente. Ningún acto malo justifica un efecto bueno, puesto que el fin no justifica los medios. No se puede hacer un mal para conseguir un bien, puesto que el mal es, en sí mismo, negación de Dios, y por tanto, negación radical del Bien. Recuérdese el cinismo de Caifás (“conviene que muera un inocente antes de que perezca una nación”).

Algunas acciones son en sí mismo malas, y por tanto no ofrecen dudas en cuanto a su ilicitud (levantar falso testimonio, blasfemar, cometer adulterio, matar a un inocente, etc.). En otras, en cambio, puede existir la duda (por ejemplo, ocultar información a quién tiene derecho a ella, si se tiene la certeza de que se empleará para un mal fin). Se hace preciso atender al objeto de la acción (mediato y remoto) y a las circunstancias. Aunque amerita un examen caso por caso, en general los moralistas tienden a examinar preferentemente el derecho del agente a la acción y la no lesión del derecho de un tercero.

B) El efecto primordial o inmediato debe ser el bueno, y no el malo. Un ejemplo contemporáneo clásico es el uso de hormonas estrogénicas. Si se emplean para el tratamiento de enfermedades de los ovarios, es lícito su uso, aunque provoque un efecto anticonceptivo no deseado, porque no es ese el fin primario buscado. Por contra, en una mujer sana, en la que el primer uso del fármaco es precisamente el de evitar la concepción, es ilícito su uso.

La discusión se centra habitualmente sobre la primacía del efecto bueno. Es un tópico frecuente en los debates sobre la licitud del uso de la fuerza en defensa propia, con riesgo de dañar gravemente a otros. No sólo en caso de agresión personal, sino también en la pena de muerte o en la guerra justa. Hay que estudiar el motivo princeps del acto. Con frecuencia hay diversas posiciones en cada caso particular entre los moralistas.

C) El fin del agente debe ser honesto, es decir, buscar únicamente el efecto bueno, y permitir el malo. Es decir, no es lícito siquiera buscar ambos, sino exclusivamente el bueno. Esto supone hacer un juicio de conciencia, que únicamente el agente y Dios pueden realizar con pleno conocimiento. Por tanto, desde fuera se debe evitar realizar juicios arriesgados sobre el fin buscado, salvo que este haya sido expresado de forma clara, y tengamos seguridad de que dicha opinión es sincera y expresada conscientemente. Como dice san Ignacio de Loyola, se ha de tratar siempre de salvar la intención.

D) El efecto malo debe tener una causa proporcionada al daño que producirá. Todo efecto malo, aunque sea secundario y honestamente no buscado, siempre es moralmente reprobable, por tanto, su consecuencia debe estar justificada por un beneficio proporcional, perceptible a la recta razón. Nuevamente, la defensa propia suele ser el ejemplo más traído: hasta qué punto podemos emplear- para defender legítimamente a un inocente- un grado de fuerza que pueda dañar gravemente a otros.

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Imputabilidad de la causa indirecta de un efecto malo

  1. Que el efecto sea previsible, aunque sea confusamente. Un efecto indirecto completamente inesperado, es de suyo involuntario, y por ende, el acto es inculpado al agente. Quien conduce a alta velocidad debe prever la posibilidad de salirse de la vía, pero no puede prever que un neumático reviente.

  2. Que se pueda impedir. Es decir, que exista libertad para no poner en marcha la causa, o para quitarla una vez puesta. Una mujer que viste decentemente no puede impedir que haya hombres que tengan malos pensamientos con ella.

  3. Que exista obligación de impedirlo. Un agente de la ley tiene obligación de perseguir al malhechor, pero no así un particular; por tanto, la abstención del primero es imputable moralmente, y la del segundo, no.

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Resumen

El acto de la voluntad procede del propio sujeto, debe suponer el conocimiento e intención del fin y carecer de coacción externa. Es el elemento decisivo para calificar la moralidad del acto.

La voluntad puede ser actual (si opera en el momento del acto), virtual (si ha puesto en marcha el acto, aunque no opere en todos los momentos del mismo), habitual (cuando la voluntad se halló presente en actos previos similares) e interpretativa (cuando se supone que de haber tenido voluntad, hubiese sido esa).

La razón del Voluntario la da el fin último, más que el intermedio. Todos los actos voluntarios son libres, excepto la tendencia a la felicidad. Los actos sometidos a coacción no física, siguen siendo voluntarios, aunque pueda atenuarse su responsabilidad.

El voluntario indirecto es un caso clásico de controversia moral. Es un acto que tiene dos efectos, uno bueno y otro malo. Para ser lícito el acto debe ser bueno en sí mismo (el fin no justifica los medios), el efecto bueno debe ser primario al malo, el fin debe ser honesto (es decir, el agente debe buscar el efecto bueno y únicamente permitir el malo), y el efecto malo permitido debe tener justificación proporcionada al daño que provoca.

Para valorar la imputabilidad de la voluntad de un acto con un efecto indirecto malo, este debe ser previsible, poderse impedir y que exista obligación de impedirlo.

19.08.16

La fuerza que mueve el mundo

Desde que el occidental dejó de buscar la salvación del alma como primer destino vital, muchos han sido los impulsos o principios que han movido a hombres y sociedades: el honor, la razón, la libertad, la nación… pero hace mucho que es lugar común afirmar que “el dinero es la fuerza que mueve el mundo”. Y los hombres nos hemos esforzado porque ese axioma se haga realidad, y esa pulsión de la codicia (connatural al pecado original) se eleve hasta convertirse en un rector de la vida privada y pública, no ya tolerado, sino incluso honrado. Emprendedor, pragmático, astuto… son adjetivos que intentan disfrazar de seda la mona del egoísmo materialista desde hace mucho. Y los practicantes del culto a la codicia son cada vez más devotos y numerosos.

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1.08.16

26.06.16

Los cristianos y el poder

Todo cuanto ha sido creado, lo ha sido por obra de Dios. Por tanto, a él pertenece el universo y cuanto contiene. Los conceptos de soberanía, poder o autoridad, da igual quién los evoque, no tienen otra fuente que él. Y así lo ha reconocido la Iglesia en una doxología primitiva (y que aún conservamos) que alude a Dios diciendo “Tuyo es el poder y la Gloria por siempre, Señor”.

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25.05.16

El acto humano. Definición y clasificación. El acto cognoscitivo.

En el artículo precedente se explicaba que la felicidad objetiva consiste en la posesión del Bien perfecto, y porqué el Bien creado e infinito (Dios) es el único que proporciona la Felicidad objetiva. La Felicidad subjetiva plena únicamente se alcanza en la visión beatífica. Para alcanzar ambas, Dios nos ha transmitido sus mandamientos por medio de Nuestro Señor Jesucristo, con el auxilio de la Gracia, los dones y virtudes del Espíritu Santo, los sacramentos y las verdades de fe.

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Definición

Dado que el hombre emplea sus actos humanos como medio para alcanzar el último fin (la visión beatífica de Dios), se impone considerarlos por lo menudo.

El acto humano es la acción que procede de la voluntad deliberada del hombre.

El acto humano se estudia en tres vertientes: la del acto natural (o humano en sí mismo, también llamado psicológico o puramente filosófico), la del acto moral (en relación con las costumbres humanas, es tanto filosófico como teológico) y la del acto sobrenatural y meritorio (estrictamente teológico).

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