No se nos ha prometido el éxito
Hace unos meses, durante la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro, un lector tuvo la amabilidad de enviarme la historia de los Mártires de Brasil. El relato, totalmente desconocido para mí, me impresionó bastante.
En 1570, partieron desde Lisboa para Brasil setenta jesuitas portugueses y españoles en tres barcos. Fue el mayor envío de misioneros jesuitas realizado desde Lisboa hasta la supresión de la orden. Iban dispuestos a evangelizar los inmensos territorios de Brasil, a llevar allí la fe que vale más que el oro y a “ganar almas” para Cristo.



Me preguntaba una lectora en el último post si creía que salir a las plazas, para hablar de Dios a la gente, era la única forma de evangelizar. Es una de esas preguntas que te dejan sin habla, como si te preguntasen si crees que es posible comer algo que no sea zanahoria. Resulta difícil responder algo coherente. Desde que era pequeño, me ha encantado la zanahoria, pero nunca se me ocurriría considerarla el único alimento existente en el mundo. Del mismo modo, creo que salir a las calles a evangelizar es algo bueno, especialmente para llegar a la gente que ha dejado de ir a las iglesias, pero nunca se me ocurriría que sea la única o la mejor forma de evangelizar.



