Revolución en la cafetería
Quaestio quodlibetalis XX. El otro día, un lector se proclamaba orgullosamente “católico de cafetería”. Con ello quería decir, aparentemente, que hay diversas cosas de las que enseña la Iglesia que no acepta, pero, aún así, se sigue considerando católico. Lo cierto es que este tipo de postura me llama mucho la atención, así que propongo un experimento interesante: aplicar la lógica a esta postura. Advierto que es un experimento peligroso, porque muchas cosas pueden salir volando por los aires, como siempre que se utiliza la capacidad de razonar que Dios nos ha dado.
Como decíamos, el católico de cafetería es aquel que elige lo que quiere dentro de la Iglesia, considerada como un menú de ideas, creencias y principios morales: me parece bien que Cristo sea Dios o que robar sea malo y acepto estas doctrinas, no me gusta el matrimonio indisoluble o la virginidad de la Madre de Cristo y los rechazo. A primera vista, esto es bastante lógico. Es lo que hacemos con todo en la vida, con las opiniones del vecino, lo que viene en el periódico o lo que oímos por la radio: nos quedamos con lo que nos parece correcto y rechazamos lo demás.
Hay, sin embargo, una conclusión lógica inevitable de esta actitud. Si yo puedo escoger unas cosas y rechazar otras de las que enseña la Iglesia, es falso que la Iglesia pueda enseñar de forma infalible la verdad de Dios. No cabe duda, en ese caso, de que la pretensión de enseñar en nombre de Dios que se arroga la Iglesia es una equivocación o, peor, una mentira maliciosa. Porque, si la Iglesia tuviese autoridad para enseñar en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, sus enseñanzas serían verdaderas y lo lógico sería aceptarlas en bloque.

He leído que, en Turquía, el Kanal T de televisión ha ideado un nuevo reality show, titulado “
El hecho de utilizar fraudulentamente las palabras para decir lo contrario de lo que esas palabras significan no me sorprende. Estamos ya desgraciadamente acostumbrados a que suceda. Pero me sigue irritando sobremanera. De alguna forma, siento que me están llamando tonto al hacer eso, que se están burlando en mi cara.
Varios lectores me han pedido que recomiende libros y creo que conviene seguir en esto el consejo paulino de dar satisfacción al prójimo en lo bueno. Comienzo, pues, una nueva sección del blog, dedicada a hablar de buenos libros católicos o relacionados de alguna forma con la fe o el pensamiento. La sección se llama Vita brevis, en referencia a una frase de Hipócrates: Ars longa, vita brevis (o, para quienes prefieran el original, Ὁ βίος βραχὺς, ἡ δὲ τέχνη μακρὴ). Es decir, a grandes rasgos, el arte, la ciencia o cualquier tarea importante son inacabables, pero la vida es breve y no se puede abarcar todo.









