La independencia de Cataluña y los católicos
Hace cinco años, publiqué un artículo sobre una visión católica y moral del independentismo catalán. A petición popular, vuelvo a publicarlo, considerando que lo que entonces era verdadero sigue siéndolo hoy, si bien, por desgracia, la situación parece ser más apremiante.
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Escribo este artículo a raíz de algunas afirmaciones que hizo hace unos días Monseñor Novell, obispo de Solsona, en relación con la independencia de Cataluña y los católicos. Me gustaría empezar diciendo que estimo mucho a D. Xavier Novell, a quien entrevisté hace tiempo, y que no escribo de ningún modo contra él, sino sólo matizando sus declaraciones con todo el respeto que se merece y con la libertad que la Iglesia concede a sus hijos para manifestar públicamente su opinión (cf. canon 212 § 3).
Creo que la postura de Monseñor Novell podría resumirse en que un católico puede legítimamente ser independentista. Estoy de acuerdo con esa afirmación, pero pienso que está incompleta. Es verdad, pero sólo media verdad, y todos sabemos que las medias verdades a veces oscurecen las cuestiones en lugar de aclararlas.

Hoy, festividad de la Natividad de María, escribo para el blog unos versitos en honor al nacimiento de Nuestra Señora.
Cualquiera que esté prestando atención se habrá dado cuenta ya de que, en el último siglo (y de forma acelerada en los últimos cincuenta años), se ha introducido en el catolicismo una especie de locura suicida. Millones de católicos, incluidos sacerdotes y religiosos, hacen todo lo posible por ser indistinguibles de los paganos, apuntarse a la última moda inmoral y destacar únicamente por su rencor contra todo lo que huela a catolicismo, tradición, moral o doctrina. Aunque nos quejemos de las leyes inmorales o anticatólicas que de vez en cuando se aprueban, lo cierto es que, en Occidente, no necesitamos que nos persigan, porque nos bastamos y sobramos para destruirnos a nosotros mismos.




