InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Categoría: Teólogos

29.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -5B

(Véanse en este blog los cuatro capítulos anteriores y la primera parte del Capítulo V).

LA SEDUCTORA TEOLOGÍA PROTESTANTE

Desde la época del primer modernismo, los eruditos de la Iglesia miraban cada vez más hacia ciertos tipos de protestantismo con ojos comprensivos; sus atractivos radicaban, a medida que la fe fracasaba, en lo que este protestantismo rechazaba más que en las creencias positivas que había mantenido.

En el período de entreguerras (1918-1939), el interés por el protestantismo estuvo confinado a un grupo relativamente pequeño, aunque aún así muy influyente, del alto clero, y, dejando de lado el trabajo legítimo para la reunión [de los cristianos], se centró principalmente en las teorías de los críticos bíblicos protestantes más radicales y las ideas del pensador luterano danés Kierkegaard (fallecido en 1855), cuyos escritos son un libro de consulta para el existencialismo. La presión para que la Iglesia aceptara los principios de la crítica bíblica neo-protestante y racionalista fue tratada por Pío XII en su encíclica Divino Afflante Spiritu (1943). Las ideas de Kierkegaard fueron tomadas directamente de sus propios escritos o filtradas a través de la teología neo-luterana y neo-calvinista.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial, que en Alemania, Holanda y otras partes del continente a menudo había juntado a católicos y protestantes en oposición al gobierno nazi, el interés por el protestantismo se intensificó y más tarde, a través de libros y revistas, se extendió mucho más allá a un amplio círculo de católicos, clérigos y laicos.

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25.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -4C

(Véanse en este blog los tres capítulos anteriores y las dos primeras secciones del Capítulo IV).

ENTRA EN ESCENA KARL RAHNER

Tal es el sistema de ideas, o la visión de la vida, principalmente en su forma heideggeriana, que el teólogo alemán P. Karl Rahner y sus seguidores han estado tratando de empujar y arrastrar hasta su lugar para que pueda convertirse en la base filosófica para la enseñanza y la predicación de la fe católica y la formación de sacerdotes católicos. Ha de reemplazar no sólo la filosofía de Santo Tomás, sino todas las categorías naturales del pensamiento filosófico —descritas peyorativamente como “esencialismo". Para que la empresa parezca más presentable, el modelo particular de existencialismo del P. Rahner es llamado “tomismo trascendental". Lo que están haciendo es mover la fe desde una base filosófica de hormigón a un lecho de arena y barro.

El P. Rahner, que estudió con Heidegger, había sido su admirador y discípulo de toda la vida, y fue uno de los principales teólogos cuyas ideas fueron censuradas por Pío XII en la Humani Generis. Sin embargo, después de 1960, principalmente gracias a los esfuerzos de ciertos obispos alemanes, las autoridades de Roma fueron persuadidas de dejarlo en libertad. Sus partidarios lo representaron como un nuevo Santo Tomás de Aquino, que está repitiendo en el siglo XX lo que Santo Tomás logró en el siglo XIII. Santo Tomás reconcilió la fe con el pensamiento de Aristóteles; el P. Rahner, afirmaron, la está reconciliando con el pensamiento de Heidegger. Heidegger es supuestamente el nuevo Aristóteles. Quizás el comentario sea superfluo.

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12.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -3B

(Véanse en este blog los dos capítulos anteriores y la primera parte del Capítulo 3).

DE CHARDIN, HÉROE Y MÁRTIR

No pretendo demorarme en Teilhard de Chardin. Se ha escrito más que suficiente sobre él, y quiero evitar dar una imagen desequilibrada de su lugar dentro del modernismo. Su fama ha dado a mucha gente la impresión de que él y el modernismo son más o menos sinónimos —que sin él el modernismo no habría sobrevivido—, lo que ciertamente no es así. Por devastadoras que hayan sido sus ideas, ellas sólo representan una vertiente —la vertiente evolutiva— del modernismo.

Esta vertiente puede ser considerada la más importante, pero el modernismo en su totalidad, como hemos visto, es algo mucho mayor: el intento de sustituir la fe católica, no sólo por la selección natural y el surgimiento [espontáneo: Nota del Traductor] del hombre a partir del simio, sino por todo un espectro de teorías inaceptables.

Sin embargo, al escribir un esbozo histórico del modernismo y de su desarrollo, no puedo dejarlo afuera por completo. Me limitaré, por lo tanto, a lo que me parecen algunos puntos destacados sobre él como persona, sin entrar en un análisis de sus ideas.

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11.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -3A

(Véanse en este blog los dos capítulos anteriores).

Capítulo III. El neomodernismo: una plaga subterránea

Hacia 1900 las ideas modernistas se estaban extendiendo en el clero más culto y estaban penetrando en los seminarios. En todas partes los sacerdotes empezaron a tener crisis de fe. (La hija de Von Hugel había tenido antes, en 1897, una crisis de fe cuando su padre le había revelado sus dudas espirituales y sus esperanzas de un cambio de doctrina. El Padre Tyrrel había sido llamado para restaurar su mente). Se pusieron libros en el Índice [de libros prohibidos], se emitieron advertencias y se prohibieron revistas. Loisy, Tyrrel y algunos otros fueron excomulgados. Loisy, quien durante años había declarado su catolicismo, más tarde admitió que había comenzado a perder su fe alrededor de 1885.

Sin embargo, los que no fueron excomulgados continuaron impulsando sus ideas, a pesar de las censuras. En 1907 el Papa emitió el decreto Lamentabili y la encíclica Pascendi. Estos [documentos] enumeraron, analizaron y condenaron los errores modernistas. Después de 1910 se requirió que los sacerdotes hicieran un juramento anti-modernista especial. Se instruyó a los obispos para que se aseguraran de que nadie que enseñara en sus seminarios sostuviera puntos de vista modernistas.

San Pío X fue, y sigue siendo, atacado amargamente por estas medidas. Pero los pasos que tomó fueron proporcionales al peligro. Se hicieron necesarios en parte por lo que me temo que debemos llamar el carácter taimado de los modernistas, por su determinación de continuar haciéndose pasar por católicos cuando ya no lo eran, pero principalmente porque sus creencias golpeaban el corazón de la religión cristiana. ¿Quién puede culpar a un Papa por condenar ideas que llevaban a un sacerdote a negar que Cristo es Dios, que la Iglesia tiene autoridad para enseñar y gobernar en Su lugar, y que sus doctrinas son objetivamente verdaderas? No es necesario ser un experto de las Escrituras para saber lo que habrían dicho San Pedro y San Pablo.

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9.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -2D

(Véanse en este blog las secciones anteriores: 1A, 1B, 1C, 1D, 2A, 2B y 2C).

EROSIONANDO EL SEMILLERO DE LA FE

La alta crítica fue en esencia simplemente un método nuevo y más riguroso de probar la confiabilidad de los documentos en los que se basa nuestro conocimiento del pasado y de reevaluar su valor (del tipo que ya se estaba aplicando a la Biblia). No había nada de malo en sí misma en esta reevaluación, como se aplicaba a la historia secular. Pero el movimiento en su conjunto tenía dos características objetables. Los documentos eran examinados de acuerdo con ciertas reglas; y se daba la impresión de que si estas reglas se aplicaban correctamente los resultados serían firmes e inmutables; los historiadores querían el grado de certeza disponible en las ciencias exactas, para las cuales este mayor nivel de precisión es posible sólo porque se ocupan de la esfera inferior de la materia. Pero las reglas de los expertos de la alta crítica no tenían el valor ni la certeza que les atribuían, como otros historiadores de la época, igualmente distinguidos, señalaron, y muchas evidencias valiosas sobre el pasado fueron impugnadas o descartadas como poco confiables cuando no lo eran.

La segunda característica objetable fue la extraordinaria arrogancia y seguridad en sí mismos de los practicantes de la alta crítica.

Sus principios fueron absorbidos por la mayoría de los historiadores católicos, quienes rápidamente adoptaron una actitud acríticamente iconoclasta hacia los documentos y reliquias de la Iglesia antigua, y comenzaron a exigir una completa libertad de la supervisión eclesiástica en la profesión de sus estudios. (Los católicos no pueden disfrutar de este tipo de independencia en ninguna de las denominadas ciencias humanas, más de lo que la pueden disfrutar acerca de la fe, porque ellas se ocupan de la naturaleza espiritual y las actividades espirituales de los hombres, que también son competencia de la Iglesia). Por medio de los practicantes de la alta crítica, ellos parecen haber sido influenciados también por una visión protestante de la historia de la Iglesia: que la verdadera naturaleza de la Iglesia se ha perdido, pero puede ser redescubierta o reconstruida mediante el estudio de los “documentos sobrevivientes", aunque cada vez menos de éstos eran encontrados satisfactorios; o bien por el historicismo, la idea de que la naturaleza y las creencias de la Iglesia son el producto de circunstancias históricas y cambian a medida que éstas cambian.

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