19.06.19

Todo cuanto nos rodea está preñado de misterio

(InfoCatólica) José Alberto Ferrari es un conocido poeta argentino cuyos versos, profundamente católicos, atesoran la ingenuidad de la infancia y la mirada limpia de los niños, que permite ver a Dios, como se refleja en su último libro, Elogio de la niñez. Es también uno de los autores participantes en el libro 400 poemas para explicar la fe, de Yolanda Obregón, recientemente publicado por la Editorial Vita Brevis.

- Profesor de historia, máster en dirección de empresas, cuatro hijos… ¿y tiene tiempo para escribir poesía?

Es lo que uno más quisiera… pero demasiado tirano es el tiempo cronológico. La verdad es que no resulta fácil encontrar momentos para la creación, y eso que uno con las migajas se conforma. Sin embargo, algo corre a nuestro favor: tú ya sabes que la poesía pende de la inspiración y no se escribe tanto por obligación cuanto por necesidad. Y es tal la necesidad, que no cesa hasta haberse manifestado —bien o mal— aquello que vislumbró el ojo interior. De modo que el tiempo, sea como fuere, aparece.

- Escribir poesía conlleva tener pocos lectores, pero si además es poesía expresamente católica, parece la receta perfecta para no tener éxito en el mercado actual. ¿Ser poeta es el equivalente literario del voto de pobreza de las órdenes religiosas?

¡Claro, tienes razón! Un mundo que ha desterrado la Verdad y el Bien —o no los conoce, o los persigue— se torna incapaz de buscar, percibir y manifestar Belleza. Yo te diría que si la poesía es buena —digamos evocadora, significativa, capaz de elevar el alma—, aún sin ser expresamente católica, ya tiene serios motivos para el fracaso.

Leer más... »

10.06.19

El amor no es ciego

El amor no es ciego, tiene una vista excelente. El enamoramiento es corto de vista y algo distraído. Las que son ciegas son la pasión y la lujuria.

Si explicásemos estas cosas a nuestros hijos cuando tienen edad de comprenderlo, les ahorraríamos muchos sinsabores.

6.06.19

La Iglesia debe pedir perdón a los gitanos

“Este hombre no se entera", señala D. Luisillo Sabihondillo, presidente de la Asociación de Lectores Desencantados. “Precisamente hace tres o cuatro días, el Papa ya pidió perdón a los gitanos. Esto no es un blog ni es nada. ¡Que nos devuelvan el dinero!".

Con todo el respeto hacia don Luis, a quien tanto aprecio, especialmente por su inexistencia, conviene señalar que, como decían los escolásticos, pensar es distinguir. Es cierto que el Papa pidió perdón a los gitanos, pero me atrevo a sugerir que, quizá por provenir de un país donde hay muchos menos gitanos que en España, pidió perdón por lo que no debía y no pidió perdón por lo que la Iglesia, en efecto, debería pedir perdón.

Leer más... »

30.05.19

Solo un vaso de agua

Ayer tuve que traducir un texto en el que aparecía el subjuntivo del verbo satisfacer y me vino a la memoria, imparable como las magdalenas de Proust, el recuerdo de cuándo aprendí a conjugar ese verbo. Me acordé del día en que sucedió y del profesor que me enseñó a hacerlo, hace casi treinta años, explicándonos pacientemente que satisfacer provenía del verbo hacer (satis facere, hacer lo suficiente) y, por lo tanto, se conjugaba como él: haga, hiciera > satisfaga, satisficiera.

Es un detalle pequeño y podría decirse que insignificante, pero ha hecho que me quedara pensando en lo incalculables que son el bien y la verdad, en su fecundidad insospechada. Un sencillo bien hecho a una persona o la enseñanza de una pequeña verdad, quizá con la sensación de que no sirven de nada porque nadie los aprecia o nadie está prestando atención, pueden dar fruto un cuarto de siglo después.

Leer más... »

13.05.19

¿Dónde están tus cicatrices?

“Un hombre sabio dijo en cierta ocasión que, cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo, nuestro Señor nos mirará fijamente y preguntará: ‘¿Dónde están tus cicatrices?’. Si respondemos que no tenemos cicatrices, nos lo reprochará, diciendo: ‘¿Es que acaso no había nada por lo que mereciera la pena luchar?’.

Mis queridos amigos, creo que hay algo por lo que merece la pena luchar. La causa de la vida es digna de que luchemos por ella; la causa de Cristo es digna de que luchemos por ella. Cumplamos nuestro deber y sigamos adelante, con decisión, determinación y a pesar de los obstáculos, de modo que algún día podamos enseñar a Cristo nuestras cicatrices”.

Mons. Fabian Bruskewitz, obispo emérito de Lincoln (Nebraska, Estados Unidos), en un acto de Human Life International

Leer más... »