De dónde obtuvimos la Biblia, de Henry Grey Graham, GRATIS por esta semana

Continuando con mi interés de recuperar algunas joyas clásicas de apologética católica de siglos pasados, hoy les voy a compartir una que a quienes tienen interés por la apologética, seguro les va a interesar.
Y es que hay preguntas que parecen sencillas hasta que uno se detiene a pensarlas de verdad. ¿De dónde viene la Biblia? ¿Quién decidió qué libros la componen? ¿Quién la copió, la preservó, la transmitió a lo largo de los siglos? La mayoría de los cristianos asume que la Biblia siempre estuvo ahí, que cayó del cielo, independiente de cualquier institución. La respuesta verdadera —la única honesta históricamente— es mucho más interesante, y mucho más incómoda para quienes se oponen a la Iglesia Católica.

Hay libros que no solo defienden la fe, sino que la hacen deseable. Libros que no argumentan desde la trinchera sino desde la maravilla. Libros que, al terminarlos, dejan al lector con la sensación de haber recobrado algo que no sabía que había perdido. Ortodoxia, de Gilbert Keith Chesterton, es uno de esos libros.

Cuando empezaba a despertar mi interés por la apologética, di con un librito antiguo escrito hace más de un siglo. El inglés era un poco difícil para mi nivel de entonces, pero se veía didáctico y muy bien argumentado, así que decidí traducirlo. Contraté a una profesora de inglés para traducirlo: yo le imprimía páginas y ella tomaba notas a mano. Era otro tiempo, sin IA, sin OCR confiable, un traductor de Google mediocre, y para ser honesto el proyecto se enfrió y quedó en la nada.

