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Hace ya 12 años que publiqué el libro «¿Dios castiga?». El libro lo escribí para recopilar los artículos que venía escribiendo en mi debate con Alejandro Bermúdez Rosell, periodista y comunicador católico ampliamente conocido por haber sido el director del Grupo ACI (que incluye ACI Prensa) y una figura destacada de la cadena internacional EWTN.
Lamentablemente, en ese entonces, Alejandro y otros comunicadores católicos conocidos (como Frank Morera, también colaborador de EWTN) venían difundiendo la afirmación de que Dios no solo no castiga, sino que no castiga nunca.
Como en mi opinión esa es una afirmación que impacta severamente el núcleo de la fe e incluso raya en la herejía, creí necesario responder.
Por supuesto, Alejandro era solo la punta del iceberg. Se trata de una consecuencia lógica de la deriva que ha venido afectando a muchos laicos, catequistas, e incluso sacerdotes, causada por una falsa comprensión de la misericordia divina, sumada a la dificultad de armonizarla con la justicia divina. El problema venía de atrás, y ya el cardenal Ratzinger lo había diagnosticado años atrás, como una particular «ofuscación del pensamiento»:
“Me comentó algo muy interesante el arzobispo de Dublín. Dijo que el derecho penal eclesial funcionó hasta los últimos años de la década de 1950, que si bien no había sido perfecto -mucho hay en ello para criticar-, se lo aplicaba. Pero desde mediados de la década de 1960 dejó simplemente de aplicarse. Imperaba la conciencia de que la Iglesia no debía ser más Iglesia del derecho, sino Iglesia del amor, que no debía castigar. Así, se perdió la conciencia de que el castigo puede ser un acto de amor.
En ese entonces se dio también entre gente muy buena una peculiar ofuscación del pensamiento. Hoy tenemos que aprender de nuevo que el amor al pecador y al damnificado está en su recto equilibrio mediante un castigo al pecador aplicado de forma posible y adecuada. En tal sentido ha habido en el pasado una transformación de la conciencia a través de la cual se ha producido un oscurecimiento del derecho y de la necesidad de castigo, en última instancia también un estrechamiento del concepto de amor, que no es, precisamente, sólo simpatía y amabilidad, sino que se encuentra en la verdad, y de la verdad forma parte también el tener que castigar a aquel que ha pecado contra el verdadero amor” (Benedicto XVI, Luz del mundo, Herder 2010, p. 16-17)
Pasada una década creo que esta epidemia no ha sido superada y mi libro puede seguir siendo de utilidad. De allí que he aprovechado para hacerle algunos retoques. El contenido sigue siendo el mismo, pero le decorado un poco el interior con algunas imágenes, y también le he hecho una nueva portada.
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¿Dios castiga? Un debate entre hermanos católicos para comprender mejor nuestra fe - PDF
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2 comentarios
El castigo, en cuanto imposición de una pena por una culpa, es propiamente un acto de justicia.
Esta en el centro de muchos debates en los que me veo inmerso, si Dios castiga. Viene como anillo al dedo, material para formarme. Gracias
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