Datación de los Sinópticos y los Hechos

Hay muchos argumentos fuertes a favor de su redacción temprana.
El silencio sobre el cumplimiento de una profecía de Jesús
Una de las razones principales por las que muchos exégetas propusieron dataciones tardías de los Evangelios sinópticos se basa en un mero prejuicio racionalista. En los tres sinópticos Jesús profetiza la destrucción del templo de Jerusalén; y efectivamente ese templo fue destruido en el año 70. Ahora bien, los racionalistas, por su rechazo a priori de todo lo sobrenatural, descartan de plano la posibilidad de que Jesús haya hecho una profecía en sentido estricto. Por ende, prefieren explicar este acierto de Jesús como una “profecía posterior al evento”; es decir, como algo que los evangelistas, después del 70, pusieron en boca de Jesús para tratar de acreditarlo como el Salvador absoluto enviado por Dios.
Robinson, por el contrario, sostiene lo siguiente:
“Uno de los hechos más extraños acerca del Nuevo Testamento es que lo que en cualquier proyección parecería ser el evento singular más fechable y culminante del período –la caída de Jerusalén en 70 DC, y con ella el colapso del judaísmo institucional basado en el Templo– no es mencionado ni una sola vez como un hecho pasado. Es, por supuesto, predicho; y, al menos en algunos casos, se asume que esas predicciones fueron escritas… después del evento. Pero el silencio es de todos modos tan significativo como, para Sherlock Holmes, el silencio del perro que no ladró1.”
Siguiendo a Robinson, podemos ante todo descartar la interpretación de ese silencio como un intento deliberado de ocultar la simpatía de Jesús y de los primeros cristianos por los celotes, rebeldes judíos cuya revolución fue aplastada por los romanos. Esa interpretación fantasiosa recibió críticas devastadoras de parte de Hengel, Cullmann y muchos otros académicos.
Prosigue Robinson:
“Por supuesto se han intentado explicaciones de este silencio. Sin embargo, la explicación más simple de todas, que quizás… hay extremadamente poco en el Nuevo Testamento posterior al año 70 y que sus eventos no son mencionados porque todavía no habían ocurrido, a mi juicio exige más atención que la que ha recibido en círculos críticos2.”
Hay varios textos que conviene examinar para analizar la relación de los Evangelios sinópticos con los eventos del año 70. Consideremos en primer lugar el discurso escatológico de Marcos 13, que comienza así:
“Al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: –Maestro, mira qué piedras y qué construcciones. Jesús le dijo: –¿Ves estas grandiosas construc-ciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida. Estando luego sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés: –Dinos cuándo sucederá eso y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse3.”
La larga respuesta de Jesús no hace ninguna referencia a la destrucción del Templo. La única referencia subsiguiente al Templo es la siguiente alusión implícita:
“Cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe –el que lea, que entienda–, entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; el que esté en el terrado, no baje ni entre a recoger algo de su casa; y el que esté por el campo, no regrese en busca de su manto4.”
Robinson comenta que, si se tratara de una profecía posterior al evento, “la abominación de la desolación” no podría referirse a la profanación y destrucción del Templo en el 70, porque en ese momento habría sido demasiado tarde para huir a los montes de Judea, ya que éstos estaban en poder de los romanos desde el 67. Se sabe que los cristianos de Jerusalén huyeron hacia Pella, una ciudad griega de la Decápolis, hacia el 65, antes del comienzo del sitio de Jerusalén.
Robinson muestra que el discurso de Marcos 13 está influenciado por 1 Macabeos y Daniel; y también que, en ese discurso, en el que Jesús exhorta a sus discípulos a estar vigilantes durante los tiempos de persecución que sobrevendrán, no hay nada que no pueda encontrar un paralelo en el período de la historia de la Iglesia cubierto por los Hechos de los Apóstoles.
Pasemos al Evangelio de Mateo. Éste, en la parábola de los invitados a las bodas, contiene el único pasaje evangélico que ha sido considerado casi unánimemente por los exégetas como una profecía retrospectiva sobre la destrucción de Jerusalén en el 70:
“Los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad5.”
Apoyándose en estudios anteriores, Robinson sostiene que Mateo 22,7 representa una descripción fija de las antiguas expediciones militares de castigo y que es un lugar común en la literatura del Cercano Oriente, del Antiguo Testamento y rabínica, por lo que no se puede inferir que refleje un acontecimiento en particular. Además, muestra que las verdaderas profecías posteriores al evento de la destrucción de Jerusalén, como las del apocalipsis judío II Baruc y los Oráculos Sibilinos, describen varios detalles históricos característicos. Uno buscaría en vano esa clase de detalles en el NT.
El discurso escatológico de Mateo (Mateo 24) es paralelo al de Marcos. Robinson destaca que Mateo 24,20 (“Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado”) denota un ambiente palestinense primitivo y un apego a la ley del sábado más estricto que el recomendado a los cristianos en el mismo Evangelio6; por ende, tiende a apoyar la hipótesis de una redacción temprana de Mateo.
Además, Robinson sostiene que, en la hipótesis de una redacción tardía de Mateo, no ve ninguna razón para que el evangelista conservara (ni mucho menos inventara) profecías de Jesús aparentemente no cumplidas (como las de Mateo 10,23; 16,28 y 24,34), sin hacer ningún intento de explicar la aparente discordancia entre esas profecías y los hechos posteriores. Aunque esa discordancia es sólo aparente, este argumento de Robinson a favor de una redacción temprana es muy fuerte. Por su parte, Bernier considera que esas profecías favorecen fechas tempranas o medias.
Posteriormente, Robinson afirma que la referencia de Jesús al asesinato de “Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar7” puede interpretarse razonablemente como una referencia a 2 Crónicas 24,21: “Mas ellos conspiraron contra él [Zacarías], y por mandato del rey lo apedrearon en el atrio de la Casa de Yahveh”.
Finalmente pasemos al Evangelio de Lucas. Hay dos pasajes de Lucas que podrían describir detalles del sitio de Jerusalén de los años 67-70:
“Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: –¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita8.”
“Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles9.”
Robinson, citando a C. H. Dodd, afirma que estos textos no proveen más que descripciones estereotipadas de operaciones militares de la Antigüedad:
“En la narración de Josefo sobre la captura romana de Jerusalén hay algunas características que son más distintivas; tales como la fantástica lucha de facciones que continuó a lo largo de todo el sitio, los horrores de la pestilencia y la hambruna (incluyendo el canibalismo), y finalmente el incendio en el cual el Templo y una gran parte de la ciudad perecieron. Son éstas las que cautivaron la imaginación de Josefo y, podemos suponer, de todos los demás testigos de estos eventos. Nada se dice de ellas aquí. Por otra parte, entre todas las barbaridades que Josefo reporta, no dice que los conquista-dores aplastaran niños contra el suelo. [Robinson explica en nota que los menores de 17 años fueron vendidos como esclavos]. La expresión [de Jesús]… no está basada en nada que ocurriera en 66-70: es un lugar común de la profecía hebrea10.”
Apoyándose en los estudios de Dodd, Robinson afirma que las descripciones de Jesús no se ajustan a la toma de Jerusalén por Tito en el año 70 DC, sino a la de Nabucodonosor en el año 586 AC.
Aporto otras dos consideraciones:
1) Si los Evangelios sinópticos hubieran sido escritos después del 70 y las profecías de Jesús sobre la destrucción de Jerusalén fueran posteriores al evento, sería inexplicable por qué en este caso (a diferencia de otros), los evangelistas no explicitaron que las profecías de Jesús se habían cumplido.
2) En cuanto a la profecía de Jesús acerca de que del Templo de Jerusalén no quedaría piedra sobre piedra, ella comenzó a cumplirse en el 70, pero su cumplimiento pleno ocurrió en 363, cuando una serie de acontecimientos extraordinarios hizo fracasar un intento de reconstrucción del Templo apadrinado por el emperador romano Juliano el Apóstata11.
Bernier concuerda con Robinson en este punto, al considerar que los “textos de desolación” de Mateo 24,15-31 y de Marcos 13,14-27 son más plenamente inteligibles antes del 70 que después de esa fecha12.
También Wenham llega a una conclusión semejante:
“Bien mirado, el apocalipsis sinóptico hace probable una fecha anterior al 70 para los tres Evangelios: no hay ninguna sugerencia de que la importante profecía de Jesús se haya cumplido. Dodd argumenta que la versión de Lucas del apocalipsis refleja profecías del Antiguo Testamento más que la historia reciente13.”
La fecha de redacción de los Hechos de los Apóstoles
El final abrupto de los Hechos de los Apóstoles proporciona una evidencia muy importante para su datación temprana. En efecto, Hechos, después de relatar con gran cantidad de detalles de menor importancia el viaje de San Pablo entre Cesarea y Roma, termina bruscamente, sin decir nada sobre el resultado final del proceso judicial por el que Pablo había sido llevado a Roma14. Hay una sola explicación convincente de este extraño final del libro: que Lucas haya compuesto Hechos durante el cautiverio romano de Pablo, entre los años 61 y 63. Este fuerte argumento llevó al mismísimo Harnack, el principal exégeta del protestantismo liberal, a retractarse de su opinión sobre la fecha de redacción de Hechos, que él había supuesto no anterior al año 78.
“Las palabras finales de Hechos son: ‘Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él; predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno.’ (Hechos 28,30-31). La pregunta es: ¿por qué la narración termina en este punto? Como dijo Harnack: ‘A lo largo de ocho capítulos enteros [Hechos 21-28] San Lucas mantiene a sus lectores intensamente interesados en el progreso del juicio de San Pablo, hasta que, simplemente, al final él los desilusiona por completo: ¡no se enteran de nada sobre el resultado final del juicio! Tal procedimiento es escasamente más defendible que el de uno que relatara la historia de nuestro Señor y terminara la narración con su entrega a Pilato, porque Jesús había sido traído ahora hasta Jerusalén y había hecho su aparición ante el principal magistrado de la ciudad capital’ (La fecha de Hechos, 95s15).”
Se han propuesto varias explicaciones de este final, pero ninguna de ellas parece satisfactoria, salvo la más simple (a la que los críticos, después de Harnack, no han prestado suficiente atención): el relato de Hechos termina en ese punto porque Lucas terminó de escribir Hechos poco después. Es importante notar que Hechos no menciona la persecución de los cristianos por parte del emperador Nerón a partir del año 64, ni la muerte de Santiago, “el hermano del Señor”, cabeza de la comunidad cristiana de Jerusalén, en el año 62 a manos del Sanedrín, que aprovechó un interregno, después de la muerte del procurador Festo, para aplicar la pena capital, desafiando la autoridad de Roma. Además, Hechos tampoco ofrece ningún indicio del violento enfrenta-miento entre judíos y romanos que ocurrió poco después (años 66-70).
Si Hechos fue escrito en la etapa en que termina su narración (es decir, a principios de los años 60), esto implica que el Evangelio de Lucas (obvia-mente anterior; cf. Lucas 1,1-4 y Hechos 1,1-5) fue escrito alrededor de unos 30 años antes que lo que generalmente se supone. Y si, además, como la gran mayoría de los expertos del Nuevo Testamento, supusiéramos la prioridad de Marcos (o de Mateo), esto implicaría que Marcos (o Mateo) fue escrito tempranamente, quizás alrededor del año 50 o antes.
Wenham es de la misma opinión:
“La obra de Hemer The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History [El libro de los Hechos en el marco de la historia helenística] vuelve necesaria una reconsideración de la fecha del 62 para los Hechos. Harnack se movió de una fecha posterior al 70 al 62; Bruce se ha movido en la dirección opuesta por razones insuficientes. Una razón para desacreditar los Hechos como historia ha sido la supuesta inconsistencia de su retrato de Pablo cuando se lo compara con el derivado de sus epístolas, y algunos han visto esto como una razón para dar una fecha tardía al libro. Ha sido mucho más decisiva la supuesta necesidad de datar al Evangelio de Lucas (y al de Marcos antes de él) mucho después del 6216.”
La fecha de redacción del Evangelio de Lucas
Tras una simple comparación de los prólogos de Lucas (1,1-4) y de Hechos (1,1-5) no cabe la menor duda de que Lucas y Hechos son dos obras del mismo autor y Lucas precedió a Hechos. En efecto, ambos libros están dedicados a Teófilo, y en Hechos 1,1 el autor (Lucas, según la unánime tradición eclesial) dice: “El primer libro [o sea, su Evangelio] lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo.”
En la sección anterior vimos que hay excelentes razones para adjudicar a Hechos una fecha en el entorno del año 62. Por lo tanto, como, según acabamos de ver, Lucas es anterior a Hechos, la composición de Lucas debe situarse a más tardar en los años 58-60.
A continuación, mostraré que 2 Corintios 8,18 contiene un fuerte indicio de que la fecha de redacción de Lucas fue incluso algo anterior. Carmignac traduce así las palabras clave de ese versículo: “le frère dont la louange au sujet de l’Évangile à travers toutes les Églises (el hermano cuya alabanza a propósito del Evangelio atraviesa todas las iglesias17).” Veamos cómo traducen ese versículo al español cuatro versiones de la Biblia que consulté.
Biblia de Jerusalén: “Con él enviamos al hermano cuyo renombre a causa del Evangelio se ha extendido por todas las Iglesias.”
Biblia de Navarra: “Y con él enviamos al hermano cuya alabanza por la predicación del Evangelio se extiende a todas las iglesias”.
El Libro del Pueblo de Dios: “Con él les enviamos al hermano que ha merecido el elogio de todas las Iglesias, por el servicio que ha prestado al Evangelio.”
Biblia Latinoamericana: “Con él enviamos a ese hermano que se ganó el aprecio de todas las Iglesias en la labor del Evangelio”.
Sólo la Biblia de Jerusalén concuerda totalmente con la traducción de Carmignac. Éste subraya que el servicio prestado por “el hermano” a la causa del Evangelio y que lo ha hecho famoso en todas las iglesias no puede ser la predicación oral del Evangelio, ya que en ese sentido todos los colaboradores de San Pablo estaban más o menos en el mismo nivel. La única interpretación verosímil de este renombre especial de un colaborador de San Pablo en todas las iglesias es la que atribuye el motivo de ese renombre a la redacción de un Evangelio. En este caso, “el hermano” en cuestión tiene que ser San Lucas. Por lo tanto, cuando Pablo escribió 2 Corintios (hacia el 56), el Evangelio de Lucas ya existía y se había difundido bastante.
En este punto, Wenham es de la misma opinión que Carmignac:
“Lucas y Hechos son obras separadas. La primera pudo haber sido escrita durante la prisión de Pablo en Cesarea, pero 2 Corintios 8,18 sugiere una fecha aún más temprana. El ‘hermano cuya fama en el evangelio está en todas las iglesias’ es evidentemente Lucas, y su fama deriva de su libro evangélico. (Este uso de eúaggélion era de esperarse en cualquier momento después que Marcos 1,1 había sido escrito). Hace del 55 la fecha más tardía posible para Lucas18.”
Carmignac analiza además otros dos versículos de 2 Corintios (3,6 y 3,14) que ofrecen indicios sugestivos de que la redacción del Nuevo Testamento fue muy anterior a lo que supone la mayoría de los exégetas actuales19.
Consideremos primero 2 Corintios 3,14. Allí San Pablo habla de “la lectura de la antigua diathêkê”. La expresión “antigua diathêkê” corresponde tanto a la Antigua Alianza como al Antiguo Testamento. Sin embargo, la palabra “lectura” induce a comprender que se trata de una obra escrita, y por lo tanto del Antiguo Testamento. Ahora bien, cuando sólo existía el Antiguo Testamento no se lo llamaba así. Se comenzó a hablar de Antiguo Testamento cuando se lo tuvo que distinguir del Nuevo Testamento. Por lo tanto, cuando San Pablo escribió 2 Corintios (entre los años 54 y 57) ya existía un conjunto de obras escritas que eran llamadas colectivamente “Nuevo Testamento”. ¿Cuáles podían ser esas obras? Si nos atenemos al consenso mayoritario de los exégetas, en ese momento San Pablo ya había escrito sus dos epístolas a los Tesalonicenses, su epístola a los Romanos, sus dos epístolas a los Corintios y su epístola a los Gálatas. Pero es muy inverosímil que San Pablo llamara “Nuevo Testamento” sólo a ese conjunto de seis cartas suyas. Para englobar un grupo de obras bajo el título de “Nuevo Testamento”, ese grupo debía de ser ya más numeroso y más variado. Parece muy difícil que no incluyera al menos un Evangelio.
Tres de las versiones de la Biblia que consulté (la Biblia de Jerusalén, la Biblia de Navarra y El Libro del Pueblo de Dios) concuerdan con Carmignac en traducir la expresión citada de 2 Corintios 3,14 como “la lectura del Antiguo Testamento”. En cambio, la Biblia Latinoamericana ofrece una traducción discordante de ese versículo, que parece una mala traducción o una paráfrasis del texto sagrado original: “Con todo, los israelitas se volvieron ciegos. El mismo velo les oculta el sentido de la antigua Alianza hasta el día de hoy, y nadie les hace ver que con Cristo ya no tiene valor.”
Consideremos por último 2 Corintios 3,6. Según Carmignac, este versículo refuerza las conclusiones extraídas de 2 Corintios 3,14, porque habla explícitamente de “una nueva diathêkê, no según la letra, sino según el espíritu”. Carmignac sostiene que la expresión “según la letra” deja entender que también esta “nueva diathêkê” debe entenderse como una obra escrita, es decir como el Nuevo Testamento. Empero, ninguna de las cuatro versiones de la Biblia consultadas por mí coincide con la traducción de Carmignac de 2 Corintios 3,6. Todas traducen la expresión citada como “una nueva alianza”.
Carmignac concluye su análisis así: “Estos tres textos de S. Pablo, lamentablemente, no son lo bastante explícitos para permitir una argumentación decisiva, pero constituyen por lo menos indicaciones que no debemos olvidar20.”
Testimonios antiguos del Evangelio de Lucas
“Hay un testimonio virtualmente universal de que el autor del tercer Evangelio fue Lucas, el querido médico y compañero de Pablo. El Prólogo Antimarcionita dice que era un sirio de Antioquía, discípulo de los apóstoles, soltero, que murió a la edad de 84, habiendo escrito su Evangelio en Acaya. Teófilo debe de haber conocido el nombre del autor y es improbable que haya sido olvidado. El libro de Hobart El lenguaje médico de San Lucas (1882) de hecho no demuestra que el autor fuera un médico. Hay una evidencia débil, pero no despreciable, a favor de las tradiciones tardías acerca de que Lucas fue uno de los 70, de que fue el discípulo anónimo del camino de Emaús y de que fue Lucio de Cirene, un pariente de Pablo21.”
La fecha de redacción del Evangelio de Marcos
“Durante muchos siglos la Iglesia de Roma sostuvo que Pedro llegó allí después de su escape de la prisión en el 42. Una gran parte de las autoridades modernas ha estado en contra de esto, pero sin embargo ha habido voces del otro lado, entre las que se destaca Edmundson, cuyas Conferencias Bampton de 1913 (The Church in Rome in the First Century –La Iglesia de Roma en el siglo I) pasaron casi inadvertidas. Hay un argumento cuádruple: 1) Había una iglesia de fama mundial en Roma en el 57 con la que Pablo había tenido contacto durante algunos años. 2) Una tradición bien fundada dice que sus cimientos fueron puestos por Pedro en el segundo año de Claudio. Esto concuerda con la tradición de que los apóstoles fueron dispersados a partir de Jerusalén doce años después de la Ascensión. También explica el notable interés por Simón el mago en Hechos [8,9-25]. Justino Mártir cuenta cómo también Simón fue a Roma en el reinado de Claudio y tuvo allí un gran conflicto con Pedro. 3) Esta tradición encaja sin dificultad en la narración sobre Pedro en Hechos. 4) La reivindicación de Roma de una fundación petrina fue indiscutida en toda la Iglesia24.”
Robinson destaca que son muy numerosos (Papías, Ireneo, Clemente de Alejandría, Jerónimo, Prólogo Antimarcionita) los testimonios antiguos que relacionan el Evangelio de Marcos con la predicación de Pedro, de quien Marcos fue asistente e intérprete. Varios de esos testimonios dicen que Marcos redactó su Evangelio en Roma. Robinson concluye:
“Por lo tanto, creo que uno debe estar preparado para tomar en serio la tradición de que Marcos, en cuya casa en Jerusalén Pedro buscó refugio antes de su apresurada huida (Hechos 12,12-17) y a quien más tarde en Roma él iba a referirse con afecto como su ‘hijo’ (1 Pedro 5,13), acompañó a Pedro a Roma en 42 como su intérprete y catequista, y después de la partida de Pedro de la capital accedió al reiterado pedido de un registro de la predicación del apóstol, quizás alrededor del 4525.”
“Consideraciones externas adicionales. La tradición copta hace del poco distinguido Marcos el fundador de la Iglesia de Alejandría. Esto es afirmado claramente por Eusebio, quien da los nombres de los obispos que lo sucedieron; también por Las Constituciones Apostólicas y por Epifanio. [El papiro] P52 ofrece una evidencia directa de una iglesia en Egipto a principios del siglo II. Hay una década completa en los años 50 en la que Marcos podría haber estado evangelizando Egipto y la [Libia] Cirenaica. (…)
Una consideración interna adicional es el argumento de H. D. A. Major que ve en Marcos Recuerdos de Jesús de parte de un testigo ocular. Esto suministra una explicación más fácil de las características de Marcos que la postulación de un genio literario26.”
La conclusión de Wenham es la siguiente:
“Marcos ha de ser fechado c. 45, después de la primera visita de Pedro a Roma en 42-4427.”
La fecha de redacción del Evangelio de Mateo
En esta sección presentaré el análisis del Evangelio de Mateo que realizó Claude Tresmontant en el capítulo 1 de su libro Le Christ hébreu: La langue et l’âge des Évangiles [El Cristo hebreo: La lengua y la edad de los Evangelios].
Comenzaré indicando las conclusiones del autor en dicho capítulo:
“1. Nuestro Mateo griego es una traducción hecha a partir de un texto hebreo o a partir de varios documentos hebreos.
2. Esta traducción es muy antigua porque:
a) ignora el hecho enorme que ha sido la captura y la destrucción de Jerusalén y del Templo;
b) ignora las persecuciones horribles y las masacres de cristianos a partir de Nerón, [año] 64 o 65;
c) no conoce la ejecución de Santiago, obispo de Jerusalén, el hermano [primo] del Señor, en el 62;
d) ignora el paso de la palabra de Dios y de la buena noticia, besorah [hebreo], euaggelion [griego], a los paganos, a los incircuncisos, a las naciones. Todo sucede como si la traducción griega de Mateo hubiese sido efectuada o realizada antes de este paso a los paganos, y por lo tanto antes de los años 40;
e) su modo de traducción y sus métodos de traducción parecen indicar que esta traducción se dirige a los hermanos y hermanas provenientes del judaísmo, que no tenían necesidad de muchas explicaciones para comprender las innumerables expresiones ininteligibles para los hermanos y hermanas provenientes del paganismo.
No vemos pues ninguna razón positiva para retrasar arbitrariamente esta traducción al griego del Evangelio de Mateo al final del primer siglo. Seguimos esperando [de los partidarios de esa datación] un argumento de carácter científico28.”
Según Tresmontant, los innumerables semitismos de Mateo prueban que Mateo fue escrito originalmente en hebreo; mientras que, según Carmignac, prueban que fue escrito en una lengua semítica (hebreo o arameo), más probablemente el hebreo. Tresmontant recurre a dos argumentos principales para descartar el arameo:
A) En tiempos de Jesús, el arameo era la lengua hablada normalmente de modo cotidiano por los judíos de Palestina, mientras que el hebreo era su lengua culta y su lengua sagrada. Seguramente Jesús y varios de sus apóstoles conocían el hebreo además del arameo. Ambas lenguas eran habladas y escritas, pero era mucho más lógico usar el hebreo que el arameo para la puesta por escrito de la predicación profética de Jesús, considerada por los cristianos como un texto religioso sagrado29.
B) Muchos Padres de la Iglesia (Papías, Ireneo, Orígenes, Eusebio de Cesarea, Jerónimo, Epifanio de Salamina, etc.) atestiguan que el Evangelio de Mateo fue escrito en hebreo. Ninguno dice que fue escrito en arameo. Los Padres sabían distinguir el hebreo del arameo; especialmente Jerónimo y Epifanio, que dominaban ambos idiomas30.
Citaré sólo uno de los muchísimos ejemplos de semitismos de Mateo indicados por Tresmontant. Según la clasificación de Carmignac, se trata de un semitismo de composición, y por lo tanto probaría la redacción original de Mateo en hebreo.
“Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados31.”
Tresmontant subraya que este “porque” es totalmente ininteligible en el texto griego y en sus traducciones al francés [o al español] y en cambio es inteligible en un original hebreo, ya que en hebreo el nombre Jesús significa “Salvador”. Por lo tanto, el texto original era un juego de palabras intraducible al griego32: “Le pondrás por nombre Salvador, porque él salvará a su pueblo”.
La conclusión de Wenham en cuanto a la datación de Mateo es bastante similar a la de Tresmontant.
“Mateo ha de ser fechado antes de la dispersión de los apóstoles en el 42. Ireneo es a menudo malinterpretado a favor de una fecha posterior a la llegada de Pablo a Roma33.”
La tradición de Jesús oral y escrita
“Si los Evangelios fueron escritos muy tempranamente, ¿por qué no hay referencias a ellos en el resto del Nuevo Testamento? Éste es un problema para todos los que mantienen la confiabilidad sustancial de la tradición de Jesús en los Evangelios sinópticos. M. B. Thompson piensa que Pablo podía asumir algún conocimiento de ella de parte de los miembros comunes de la Iglesia. Bultmann pensaba que tal conocimiento era mínimo. Resch vio más de mil alusiones a los Evangelios en las cartas paulinas. Sin embargo, las apelaciones implícitas a dichos del Señor eran raras. Esta escasez de apelaciones a los Evangelios persiste en la era subapostólica, cuando la existencia de los Evangelios ya no es discutible. Lucas en los Hechos, teniendo en mente al menos 24 capítulos de tradición de Jesús, no se refiere a ella. Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1 Juan y el Apocalipsis presuponen, todos ellos, el conocimiento de la tradición. 1 Timoteo 5,18 parece ser una verdadera cita de Lucas 10,7.
Los factores que militaron contra el establecimiento de normas escritas incluyen: 1) Mientras los apóstoles pudieran ser oídos, habría pocos incentivos para referirse a sus escritos. 2) Los cristianos no tenían escuelas sinagogales en las que enseñar sus escrituras. 3) La verificación de las citas, tanto para el escritor como para el lector, sería difícil. 4) Pasó algún tiempo antes de que la lectura regular de la ‘Epístola’ y el ‘Evangelio’ echara raíces, y con ella la idea de la escritura del Nuevo Testamento. 5) No había una autoridad central [operando eficazmente en la práctica sobre toda la Iglesia] para definir la canonicidad, un concepto que se desarrolló gradualmente.
De c. 40 a c. 160 las tradiciones escrita y oral circularon una al lado de la otra. La autoridad especial de la primera, estando menos sujeta a cambios, fue reconocida a medida que pasó la era apostólica34.”
1) ROBINSON, p. 13.
2) ROBINSON, p. 14.
3) Marcos 13,1-4.
4) Marcos 13,14-16.
5) Mateo 22,6-7.
6) Cf. Mateo 12,1-14.
7) Mateo 23,35.
8) Lucas 19,41-44.
9) Lucas 21,20-24.
10) ROBINSON, p. 27.
11) Cf. Stanley Jaki, To Rebuild Or Not To Try?, Real View Books, Royal Oak-Michigan, 1999.
12) Cf. BERNIER, pp. 35-67.
13) WENHAM, p. 223.
14) Cf. Hechos 27-28.
15) ROBINSON, p. 89.
16) WENHAM, p. 223.
17) CARMIGNAC, p. 60.
18) WENHAM, p. 223.
19) Cf. CARMIGNAC, pp. 59-61.
20) CARMIGNAC, p. 61.
21) WENHAM, p. 183.
24) WENHAM, p. 146.
25) ROBINSON, p. 114.
26) WENHAM, p. 173.
27) WENHAM, p. 223.
28) TRESMONTANT, pp. 90-91.
29) Cf. TRESMONTANT, p. 19.
30) Cf. TRESMONTANT, pp. 91-92.
31) Mateo 1,21.
32) Cf. TRESMONTANT, pp. 43-44.
33) WENHAM, p. 223.
34) WENHAM, p. 217.
Nota de Daniel Iglesias Grèzes: Dios mediante, éste será el capítulo 4 de la quinta edición (en preparación) de mi libro Tres Evangelios: Una revisión de la cuestión sinóptica y de la datación del Nuevo Testamento. .
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1 comentario
Tresmontant subraya que este “porque” es totalmente ininteligible en el texto griego y en sus traducciones al francés [o al español] y en cambio es inteligible en un original hebreo, ya que en hebreo el nombre Jesús significa “Salvador”. Por lo tanto, el texto original era un juego de palabras intraducible al griego32: “Le pondrás por nombre Salvador, porque él salvará a su pueblo”.
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DIG: Ese porque sólo se justifica si se sabe que Jesús en hebreo significa Salvador. Ergo, sólo se justifica en hebreo.
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