Origen de las primeras recitaciones evangélicas (EEChO)

Cómo, por y en un testimonio público, se formaron las primeras narraciones de los apóstoles, en particular durante el recorrido de rememoración en el corazón de los 40 días de las apariciones
Para comprender la oralidad evangélica, es necesario percibir cómo aparece toda tradición oral y captar en particular el momento en que cristaliza. Este es un fenómeno propio de todas las culturas orales: es comunitario.
Cuando ha ocurrido algo significativo, los testigos se tomarán la molestia de regresar a los lugares con su comunidad, y de dar allí su testimonio, que será recordado y repetido luego en la comunidad. Y a partir de entonces este testimonio siempre se repetirá; nunca se cambiará –quizás un recitador introduzca una pequeña frase explicativa si percibe que sus oyentes lo malinterpretan, pero esto será muy poco frecuente. Esto es lo que ocurrió durante el recorrido de rememoración de los apóstoles, los discípulos y otros, de Jerusalén a Galilea y de regreso, pasando por otros lugares importantes, cuyo punto culminante fue la aparición de Jesús a los 500 (1 Corintios 15,6).
Este es el fundamento de la oralidad, que la mayoría de los exégetas textuales occidentales desconocen, porque la manera (oral) en que los testigos de la Resurrección desarrollaron sus narraciones respectivas no tiene nada que ver con la manera en que ellos mismos escriben sus libros. Se trata de otro mundo.
Reproducimos aquí un extracto de un artículo de 2013 (actualizado en 2020) que sigue siendo fundamental; el siguiente pasaje se refería a 1 Corintios 15,5-7, pero su valor aquí reside en recordar, con un ejemplo actual, el mecanismo de formación de una narración oral.





