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12.04.26

Reflexiones sobre la realidad de la resurrección de Cristo

Cristo resucitó verdaderamente: su tumba está vacía

Daniel Iglesias Grèzes

El día 07/04/2026 el diario El Observador de Montevideo publicó un artículo de Javier Pereira Bruno titulado Reflexiones incómodas de un domingo de Resurrección.

Javier Pereira comienza confesando que le “ha costado creer en la resurrección [de Cristo], al menos tal como la presentan”. Como la presentan los católicos, puesto que antes dice: “Pese a haber recibido una educación católica, el tema de la resurrección siempre me ha hecho ‘ruido’ [es decir, me ha generado dudas]… Quizás porque es una idea bastante irracional.”   

Sin embargo, Pereira no quiere caer en la increencia pura y dura: “[Resurrección] es una palabra que no termino de soltar en mi fuero íntimo. Algo en ella insiste en quedarse.”

¿De qué manera acepta él la resurrección de Cristo?: “Durante mucho tiempo, la discusión quedó atrapada en una alternativa pobre: o se la acepta como un hecho físico extraordinario, o se la descarta como una creencia sin relevancia. Sin embargo, algunos pensadores contemporáneos han intentado salir de esa trampa.”

Enseguida, apoyándose en tres teólogos católicos heterodoxos españoles (José Antonio Pagola, Andrés Torres Queiruga y Pablo d’Ors), Pereira propone una interpretación subjetivista de la resurrección de Cristo, que no habría sido un hecho histórico objetivo, sino una experiencia interior de sus discípulos, que les habría dado fuerzas para seguir adelante.

“[Los tres teólogos citados] Hablan, en el fondo, de algo profundamente humano: de esos momentos en los que una vida —individual o colectiva— parece agotada, y sin embargo, contra toda evidencia, algo vuelve a comenzar.”

Pereira termina su nota diciendo: “Quizás por eso la resurrección sigue siendo una palabra incómoda. Porque no se deja encerrar ni en la explicación científica ni en la negación escéptica. Nombra, más bien, ese punto ciego donde —sin garantías— la vida insiste. Y donde, a veces, lo más humano que podemos hacer no es entender del todo lo que pasa, sino animarnos a empezar de nuevo. ¡Felices Pascuas!”

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28.01.26

Entrevista en Radio María sobre la historicidad de los Evangelios

Tengo el agrado de compartir una entrevista que me realizó ayer (27/01/2026) Bernardo Romero en el programa “Del corazón del mundo al corazón de Jesús” de Radio María Uruguay para hablar sobre la historicidad de los Evangelios.

No puedo compartir directamente el enlace al video de Facebook del programa (de una hora) por un problema técnico. Pero pueden ver ese video desde esta página aunque no tengan Facebook.

Además, desde esta página se puede descargar la presentación que preparé para el programa, que tiene mucho más material que lo que efectivamente dije anoche. En la radio hablé de las primeras 8 de las 22 diapositivas de esa presentación.

9.01.26

Origen de las primeras recitaciones evangélicas (EEChO)

Cómo, por y en un testimonio público, se formaron las primeras narraciones de los apóstoles, en particular durante el recorrido de rememoración en el corazón de los 40 días de las apariciones

Para comprender la oralidad evangélica, es necesario percibir cómo aparece toda tradición oral y captar en particular el momento en que cristaliza. Este es un fenómeno propio de todas las culturas orales: es comunitario.

Cuando ha ocurrido algo significativo, los testigos se tomarán la molestia de regresar a los lugares con su comunidad, y de dar allí su testimonio, que será recordado y repetido luego en la comunidad. Y a partir de entonces este testimonio siempre se repetirá; nunca se cambiará –quizás un recitador introduzca una pequeña frase explicativa si percibe que sus oyentes lo malinterpretan, pero esto será muy poco frecuente. Esto es lo que ocurrió durante el recorrido de rememoración de los apóstoles, los discípulos y otros, de Jerusalén a Galilea y de regreso, pasando por otros lugares importantes, cuyo punto culminante fue la aparición de Jesús a los 500 (1 Corintios 15,6).

Este es el fundamento de la oralidad, que la mayoría de los exégetas textuales occidentales desconocen, porque la manera (oral) en que los testigos de la Resurrección desarrollaron sus narraciones respectivas no tiene nada que ver con la manera en que ellos mismos escriben sus libros. Se trata de otro mundo.

Reproducimos aquí un extracto de un artículo de 2013 (actualizado en 2020) que sigue siendo fundamental; el siguiente pasaje se refería a 1 Corintios 15,5-7, pero su valor aquí reside en recordar, con un ejemplo actual, el mecanismo de formación de una narración oral.

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8.01.26

Evangelios: primacía del arameo - ejemplos (E.-M. Gallez)

Primacía del arameo sobre el griego: indicios acumulados

Édouard-Marie Gallez

En historia, como ante los tribunales, nunca existen pruebas absolutas; en el mejor de los casos, se presentan pruebas detalladas y fundamentadas. Generalmente, se encuentra solo una serie de indicios, pero su multiplicidad y su convergencia traen consigo la convicción, y con razón.

Lo mismo ocurre en exégesis: o mejor dicho, debería ser así. Allí se tocan cuestiones próximas a la fe (o al rechazo de la fe), y desafortunadamente a veces las posturas adoptadas solo tienen una conexión lejana con la investigación de indicios y su análisis paciente. Y, en ocasiones, también se mezcla el deseo de conformarse con las opiniones predominantes: intentar comprender la realidad en su complejidad no necesariamente favorece la carrera profesional…

¿Dónde reside la primacía entre el famoso supuesto «texto griego» y el texto arameo?

A los ojos de quien se tome la molestia de considerar la multiplicidad de las siete familias de manuscritos griegos, surge inmediatamente un problema: estas siete familias son irreductibles entre sí –¡un problema importante si se trata de originales!– En cambio, no hay más que una sola familia de manuscritos arameos. Si el arameo es traducido del griego, como se enseña doctamente a raíz de cuatro siglos de exégesis protestante, ¿cómo han hecho los traductores arameos para armonizar los manuscritos griegos, y a menudo para algo mejor aún que armonizarlos?

Por otra parte, si se considera lo contrario, la multiplicidad de las familias de manuscritos griegos se explica entonces fácilmente por la diversidad de los traductores, indicada en particular por la diversidad de los dialectos griegos empleados, que los verdaderos conocedores del griego antiguo no dejan de notar.

Cuando uno no está familiarizado con el Oriente (las tradiciones orientales nunca han aceptado la idea de que los evangelios fueron redactados en griego), ¿cómo percibir la primacía del arameo sobre el griego sino a través de indicios? Algunos son fáciles de ver, y otros son más complejos, puesto que no se trata solamente de comparar textos, sino de comprender sus historias respectivas, y la de los textos arameos está enraizada originalmente en una composición oral y una enseñanza que, en Occidente, nos resulta algo difícil de imaginar.

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4.01.26

El texto griego: ¿CUÁL texto griego? (El Equipo de EEChO)

En cuanto se menciona la tradición oral evangélica (y más aún la tradición oral aramea), el reflejo condicionado objeta: «¡Pero el texto canónico del Nuevo Testamento es el texto griego!». ¿Cuál es entonces este texto griego que tendría primacía sobre el arameo, e incluso sobre los textos latinos más antiguos?

No se trata del texto griego que utilizan los cristianos de Grecia y Constantinopla, estandarizado en el siglo VI. Nos referimos a un texto griego supuestamente original, que habría sido el origen de los manuscritos griegos que conocemos, y que habría sido escrito por los autores del Nuevo Testamento, o incluso por los sucesores (las «comunidades») que habrían utilizado su nombre.

Cabe señalar, de paso, que, en materia «canónica» (es decir, jurídica), hay que remontarse al Concilio de Trento para encontrar una indicación al respecto. Este concilio precisó (en sus apéndices, consultables en bibliotecas, pero no disponibles en la web por el momento) que el texto normativo es la Vulgata… para los occidentales, y la Peshitta para los cristianos de la Iglesia de Oriente (los católicos hoy llamados caldeos, para distinguirlos de los asirios). De hecho, el «texto griego» no podía servir de norma: en realidad no existe.

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