¿Se está regresando a las cronologías tempranas?

Las obras pioneras de Robinson y de Bernier
Un período negativo seguido por un período promisorio
Combinando lo expuesto en los primeros dos capítulos de este libro, se puede apreciar que el balance del período 1900-1975 en cuanto a la visión de los Evangelios fue bastante negativo. Hubo un aspecto positivo: el fuerte retroceso de las cronologías tardías del Nuevo Testamento (NT); pero éste fue más que contrarrestado por dos aspectos negativos: la consolidación de la teoría de las dos fuentes y de las cronologías medias del NT, que fueron adoptadas por la gran mayoría de los teólogos cristianos, e incluso, a partir de 1950, por la gran mayoría de los católicos. A raíz de esto muchos teólogos católicos y no católicos dejaron de defender con firmeza la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios, con consecuencias negativas para la fe.
Pese a la situación general recién expuesta, a partir del último cuarto del siglo XX ocurrió algo bastante inesperado. Muchos estudios históricos, filológicos y papirológicos sólidos, desarrollados independientemente unos de otros, han coincidido en un fuerte cuestionamiento del consenso mayoritario de los biblistas sobre las cronologías medias del NT. Parece haberse iniciado un proceso, aún no consolidado, de regreso a las tesis de la antigua tradición cristiana: sobre todo a la datación temprana del NT, pero también, con menor fuerza, a la prioridad de Mateo. Esto está contribuyendo a un lento regreso a la visión cristiana tradicional sobre la antigüedad, la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios.
En este capítulo analizaré sólo dos estudios históricos, dejando para más adelante los demás estudios referidos.
El primer paso de un regreso necesario
El primer hito de ese proceso fue dado en 1976 con la publicación de Redating the New Testament del teólogo inglés John Arthur Thomas Robinson, exobispo anglicano de Woolwich, Inglaterra1. Allí Robinson defendió de un modo brillante y sorpresivo una cronología temprana del NT. Concretamente, propuso la tesis de que todo el NT fue escrito antes del 70 DC, año de la destrucción de Jerusalén por parte de los romanos. Lo que contribuyó a hacer sorprendente esta tesis fue que Robinson era un teólogo ultraliberal, que se había hecho famoso en 1963 mediante su libro Honest to God (Sincero para con Dios), donde expuso una teología afín al secularismo: el rechazo de la noción de un Dios trascendente, la propuesta de un cristianismo sin Iglesia, etc. Paradójicamente, después de la publicación de Redating the New Testament muchos pasaron a considerar a Robinson como un teólogo ultraconservador. Él tuvo la honestidad y el coraje de superar sus prejuicios acerca del importante tema de la datación del NT y la lucidez de reutilizar observaciones hechas por estudiosos anteriores para formar un argumento nuevo y poderoso a favor de la cronología temprana.
Al comienzo del capítulo I del libro referido, el autor explica que, como en la arqueología, la cronología del NT está basada en una combinación de fechas absolutas y relativas. Hay un número limitado de puntos más o menos fijos, y los fenómenos restantes son fechados de acuerdo con los supuestos requerimientos de dependencia, difusión y desarrollo. Las nuevas fechas absolutas obligan a reconsiderar las fechas relativas. Eventualmente las antiguas hipótesis sobre los patrones de dependencia, difusión y desarrollo pueden ser perturbadas o incluso radicalmente cuestionadas.
Robinson afirma:
“La cronología del Nuevo Testamento depende más de supuestos que de hechos. No se trata de que en este caso hayan aparecido nuevos hechos, nuevas fechas absolutas que no puedan ser cuestionadas –ellas aún son extraordinariamente escasas. Se trata de que ciertos cuestionamientos obsti-nados me han llevado a preguntar simplemente qué base hay en verdad para ciertas hipótesis cuyo cuestionamiento parecería haberse vuelto arriesgado o incluso impertinente, según el consenso predominante de la ortodoxia crítica. Sin embargo, uno toma coraje al ver cómo, en su propio campo o en otro cualquiera, las posiciones establecidas, súbita o sutilmente, pueden llegar a ser vistas como las precarias construcciones que son. Las que parecían ser dataciones firmes basadas en la evidencia científica se revelan como deduc-ciones que se apoyan sobre otras deducciones. El patrón es coherente pero circular. Si se cuestiona alguna de las hipótesis incorporadas, el edificio entero parece mucho menos seguro2.”
Citaré de nuevo a Robinson:
“Lo que uno busca en vano en gran parte de los estudios recientes es cualquier lucha seria con la evidencia interna o externa para la datación de los libros individuales… más que un patrón apriorístico del desarrollo teológico dentro del cual luego se los hace encajar3.”
Para Robinson, la pieza clave fue el Evangelio de Juan. Por diversas razones, poco a poco él se convenció de que ese Evangelio fue escrito en Palestina y antes del año 70, lo que contradice la tesis predominante de que fue escrito en Asia Menor y hacia fines del siglo I. Pero la nueva datación de Juan lleva necesariamente a replantear la cronología de todo el NT.
“Fue en este punto –explica Robinson– que comencé a preguntarme simplemente por qué cualquiera de los libros del Nuevo Testamento debía ser ubicado después de la caída de Jerusalén en el 70. Al comenzar a conside-rarlos, y en particular la epístola a los Hebreos, los Hechos y el Apocalipsis, ¿no era extraño que este cataclismo no fuera mencionado o aludido ni una sola vez? ¿Y qué acerca de las predicciones de éste en los Evangelios? ¿Eran realmente las profecías después del evento que nuestra educación crítica nos había enseñado a creer? Así, como poco más que una broma teológica, pensé ver hasta dónde se podía llegar con la hipótesis de que todo el Nuevo Testamento fue escrito antes del 70. (…) Pero lo que comenzó como una broma se convirtió durante el proceso en una preocupación seria4.”
El autor enumera las limitaciones de su obra: no se introdujo en las bases teóricas de la cronología, ni en cálculos astronómicos, ni en las complejas relaciones entre los sistemas cronológicos antiguos; tampoco entró en la cronología del nacimiento, el ministerio y la muerte de Jesús, ni en la historia del canon del Nuevo Testamento, ni en el vasto campo de la literatura no canónica, salvo cuando ésta es directamente relevante al tema analizado. Pese a esas limitaciones, la obra de Robinson causó un impacto importante.
Conclusiones y corolarios de Robinson
Robinson comienza el capítulo XI de Redating the New Testament presentan-do diez observaciones generales5:
1) Hay poca evidencia interna para la datación de cualquiera de los libros del NT.
2) Con respecto a la evidencia externa en el testimonio de la Iglesia primitiva, la situación no es muy diferente.
3) La pequeña cantidad de literatura cristiana primitiva y su carácter ocasional hacen que el argumento del silencio (que tal o cual libro del NT no existía o no era conocido por no ser citado o atestiguado) sea extremadamente precario.
4) Con respecto al uso corriente, conviene apelar a un mucho mayor rigor y reserva en el uso del argumento de las citas como un indicador para la datación.
5) Parece apropiada una crítica similar de la seguridad con que muchos académicos se han pronunciado sobre las supuestas profecías después del evento.
6) También es aleccionador descubrir cuán poca base existe para muchas de las fechas asignadas confiadamente por expertos modernos a los documentos del NT.
7) Hay una ceguera en apariencia casi voluntaria de los investigadores a cosas que parecen obvias (por ejemplo, por qué Hechos termina donde lo hace).
8) Muchas dataciones de libros del NT han sido determinadas más por un proceso de eliminación que por indicaciones positivas.
9) Se observa subjetividad en la evaluación de los intervalos requeridos para el desarrollo, la distribución y la difusión.
10) Por último, cabe señalar la multiforme tiranía de los supuestos no examinados, debidos muchas veces a las modas o a la pereza académica.
Pasando a las conclusiones, Robinson enumera los libros del NT en el que él cree que ha sido su orden aproximado de composición final. Sin embargo, indica que se debe tener en cuenta que algunos libros (principalmente los Evangelios) deben ser vistos como el producto de un período de gestación mucho más largo. Simplemente no es posible decir que Marcos fue escrito en el año ‘x’ del mismo modo en que, con bastante precisión, podemos decir que 1 Corintios fue escrita en el año ‘y’.
A continuación, reproduzco la lista de libros del NT y sus fechas según Robinson. Las estaciones corresponden al hemisferio norte. El símbolo “c.” significa circa (=aproximadamente). El símbolo “+” al final significa “o algo después”. El símbolo “–” al principio significa “o algo antes”.
Texto |
Fecha |
|
Santiago |
c. 47-48 |
|
1 Tesalonicenses |
principios del 50 |
|
2 Tesalonicenses |
50-51 |
|
1 Corintios |
primavera del 55 |
|
1 Timoteo |
otoño del 55 |
|
2 Corintios |
principios del 56 |
|
Gálatas |
más tarde en el 56 |
|
Romanos |
principios del 57 |
|
Tito |
fines de la primavera del 57 |
|
Filipenses |
primavera del 58 |
|
Filemón |
verano del 58 |
|
Colosenses |
verano del 58 |
|
Efesios |
más tarde en el verano del 58 |
|
2 Timoteo |
otoño del 58 |
|
Marcos |
c. 45-60 |
|
Mateo |
c. 40-60+ |
|
Lucas |
–57-60+ |
|
Judas |
61-62 |
|
2 Pedro |
61-62 |
|
Hechos |
–57-62+ |
|
2, 3 y 1 Juan |
c. 60-65 |
|
1 Pedro |
primavera del 65 |
|
Juan |
c. –40-65+ |
|
Hebreos |
c. 67 |
|
Apocalipsis |
fines del 68 (-70) |
Robinson extrae tres corolarios de estas conclusiones.
1) Todos los varios tipos de literatura de la Iglesia primitiva estaban naciendo más o menos concurrentemente en el período entre 40 y 70. Es lo que cabría naturalmente esperar.
2) El patrón de la historia de la Iglesia primitiva sugerido por los documentos del NT ahora refuerza el que se deduce independientemente de los Hechos de los Apóstoles.
3) Así como la reducción de la datación del NT de 50-150+ a 50-100+ desacreditó algunas de las formas más extremas de escepticismo acerca de la tradición cristiana, así también una ulterior reducción de las dataciones finales en más de la mitad, desde –50 a –70 debe tender a reforzar un mayor conservadorismo. El autor, que no ha dejado de ser un teólogo ultraliberal, insiste en que sus conclusiones no vuelven inútil el estudio crítico del NT de los últimos 200 años y que él no quiere apoyar una aproximación oscurantista o literalista al NT; pero admite que las dataciones más tempranas vuelven menos probables las distorsiones entre los eventos de la vida, muerte y resurrección de Jesús y los escritos eclesiásticos.
Otro hito del mismo proceso
En 2022 Jonathan Bernier publicó Rethinking the dates of the New Testament: The evidence for early composition (Repensar las fechas del Nuevo Testamento: Las pruebas de su composición temprana), donde analiza las pruebas de la composición temprana de los 27 libros del NT y de cuatro libros extracanónicos: la Primera Carta de Clemente, la Didaché, la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas.
Bernier es un biblista doctorado en la Universidad McMaster de Hamil-ton, Ontario. Actualmente es profesor asistente de Nuevo Testamento y el director ejecutivo del Instituto de Investigación Lonergan del Regis College, la escuela de teología de la Compañía de Jesús en Canadá, afiliada a la Universidad de Toronto a través de la Escuela de Teología de Toronto.
La obra en cuestión de Bernier es el primer libro del siglo XXI dedicado monográficamente al tema de la fecha de composición de los escritos del NT. Más aún, desde la publicación de la célebre Cronología de Harnack en 1897 (al parecer disponible sólo en alemán), la obra de Bernier es apenas el segundo libro dedicado monográficamente a ese tema, después del libro de 1976 de Robinson ya mencionado.
Bernier afirma que en la situación actual se necesitarían tres libros dedicados al tema de las fechas de composición del NT. Cada uno debería exponer y defender detalladamente una de las tres cronologías: temprana, media y tardía. La cronología media, pese a ser la teoría ampliamente mayoritaria, o quizás por esa misma razón, no tiene desde 1897 ningún libro dedicado a analizarla y defenderla. Más aún, después de 1897 el mismo Harnack cambió de opinión sobre una cuestión particular de importancia capital (el final de los Hechos de los Apóstoles), por lo que su última posición se inclinó hacia la cronología temprana. La cronología tardía es propuesta en un libro de 2007: J. V. M. Sturdy, Redrawing the boundaries (Redibujar las fronteras). Sin embargo, ese libro fue publicado tras la muerte del autor, quien no tuvo tiempo para desarrollar plenamente sus ideas, por lo que se trata sólo de un esbozo de defensa de la cronología tardía. Por lo tanto, dice Bernier:
“[Hasta que se escriban nuevos libros en defensa de las cronologías media y tardía], la cronología temprana ocupará una posición intelectualmente privilegiada, en la medida en que seguirá siendo el único marco general para las fechas de los textos del Nuevo Testamento en haber recibido, desde la era victoriana, la defensa sintética requerida de longitud monográfica. En verdad, habrá recibido dos de tales defensas durante ese tiempo, mientras que las cronologías media y tardía no habrán recibido ninguna6.”
Bernier utiliza tres criterios, que él llama sincronización, contextualización y biografía del autor, para tratar de determinar la fecha de composición de cada uno de los textos analizados.
“La sincronización abarca el trabajo clásico de establecer la relación temporal del texto con otros eventos o situaciones, incluyendo la composición de otros textos7.”
Para aplicar este criterio, Bernier se plantea dos preguntas:
A) ¿Hay material en el libro que es más plenamente inteligible sólo si fue escrito después de un evento dado?
B) ¿Hay material en el libro que es más plenamente inteligible sólo si fue escrito antes de un evento dado [el mismo evento]?
Según Bernier, las conclusiones posibles son cuatro:
1) Si la respuesta a ambas preguntas es afirmativa, lo más probable es que el libro sea posterior al evento dado, a la vez que preserva material que lo precede.
2) Si la pregunta A tiene una respuesta afirmativa y la B una negativa, lo más probable es que el libro sea posterior al evento dado, aunque podría preservar material que lo precede.
3) Si la pregunta A tiene una respuesta negativa y la B una afirmativa, lo más probable es que el libro preceda al evento dado.
4) Si tanto A como B reciben respuestas negativas, hay igual probabilidad de que el libro sea anterior o posterior al evento dado8.
Opino que esta última conclusión está mal expresada. Lo que habría que concluir en ese caso es que el evento dado no arroja ninguna luz para determinar la fecha de composición del texto en cuestión.
“El trabajo de contextualización… busca establecer la relación probable del texto con el curso general del desarrollo cristiano primitivo en áreas tales como la eclesiología, la cristología, la inclusión de los gentiles, etc9.”
“En contraste con los relativos vaivenes de la contextualización, en principio ningún procedimiento permite una mayor precisión que el de la biografía del autor, que parte de lo que sabemos sobre el autor y nos impulsa a preguntar cuándo en su vida está mejor situado un texto dado10.”
Aplicando de un modo muy sistemático los tres criterios referidos, Bernier obtiene como resultado las siguientes fechas probables de composi-ción de los textos analizados11.
Texto |
Fecha |
|
Evangelio de Marcos |
42-45 |
|
Evangelio de Mateo |
45-59 |
|
Didaché |
45-125 |
|
Gálatas |
47-52 |
|
1 y 2 Tesalonicenses |
50-52 |
|
Hebreos |
50-70 |
|
1 Corintios |
Principios del 56 |
|
2 Corintios |
Fines del 56 |
|
Romanos |
Invierno del 56/57 |
|
Efesios, Colosenses, Filemón y Filipenses |
57-59 |
|
Evangelio de Lucas |
59 |
|
1 Pedro |
60-69 |
|
2 Pedro |
60-69 si es petrina 60-125 si es pseudopetrina |
|
Evangelio de Juan |
60-70 |
|
1 y 2 Juan |
60-100 |
|
Pastor de Hermas |
60-125 |
|
Santiago |
Antes del 62 |
|
Hechos de los Apóstoles |
62 |
|
1 Timoteo |
63-64 si es paulina 60-150 si es pseudopaulina |
|
Tito |
63-64 si es paulina 60-175 si es pseudopaulina |
|
2 Timoteo |
64-68 si es paulina 60-150 si es pseudopaulina |
|
1 Clemente |
64-70 |
|
Apocalipsis |
68-70 |
|
Epístola de Bernabé |
70-132 |
|
Judas |
Antes del 96 |
|
3 Juan |
Antes del 100 |
El capítulo llamado Conclusión incluye un cuadro que compara detalladamente cuatro cronologías: la temprana de Bernier, la temprana de Robinson, la media de Harnack y la tardía de Sturdy12.
El libro de Bernier es un estudio disruptivo con respecto a la cronología media del NT, que ejerce un dominio complaciente pero injustificado. Bernier expone y analiza muy ordenadamente los principales factores a tener en cuenta para fechar los textos analizados y presenta sus argumentos y conclusiones (generalmente compartibles, aunque no siempre) de una manera muy clara y razonada. Además, suministra una gran cantidad (tal vez excesiva) de resúmenes y cuadros útiles para captar y recordar lo más esencial de cada sección o capítulo. Todo esto hace que, en mi opinión, su libro sea muy adecuado como libro de texto.
En cuanto a los defectos de la obra de Bernier, creo que están bien señalados en un artículo de Ralph Allan Smith de 202313. Subrayo la crítica demoledora de Smith a la opinión de Bernier de que Mateo y Leví no son la misma persona. Además, al igual que Smith, lamento que Bernier siga apoyando la teoría de la prioridad de Marcos, en lugar de volver a la teoría tradicional de la prioridad de Mateo.
La predicación cristiana a judíos y a paganos
Jean Carmignac extrajo del libro de Robinson Redating the New Testament un argumento muy fuerte a favor de la datación temprana del NT, y lo expuso más claramente que el propio Robinson. Ese argumento se basa en las situaciones diferentes de los paganos y los judíos que se convertían al cristianismo y lleva a concluir que los libros del NT fueron escritos en primer término principalmente para lectores judíos.
Los paganos convertidos necesitaban aceptar principalmente seis verdades religiosas nuevas para ellos: 1) que existe Dios; 2) que Dios creó el mundo; 3) que Dios ha hablado en el Antiguo Testamento; 4) que Dios ha querido salvar a su pueblo y le ha prometido un Mesías; 5) que este Mesías es Jesús; y 6) que Jesús es el Hijo de Dios. Todas estas verdades religiosas eran totalmente desconocidas en el paganismo. Los paganos eran politeístas; creían en dioses, no en un Dios único y personal. Además, las nociones de la creación del universo, de la revelación divina en la historia y del mesianismo eran desconocidas fuera del judaísmo; y, por supuesto, los paganos en general no sabían nada de Jesús.
En cambio, los judíos ya creían en las primeras cuatro verdades citadas; por lo tanto, para hacerse cristianos, solo tenían que añadir a su fe las últimas dos verdades: que Jesús es el Mesías y que es el Hijo de Dios.
Ahora bien, en casi todo el NT se dan por supuestas la existencia de Dios, la creación del mundo por parte de Dios, la inspiración divina de la Biblia y la promesa divina del Mesías, pero en cambio a menudo se intenta probar que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios. Hay una sola excepción: el discurso de San Pablo en el Areópago de Atenas14, donde Pablo, por única vez, hablando ante un auditorio puramente pagano, aborda de modo apologético los temas de la existencia de Dios, la creación y el envío de un salvador de parte de Dios.
De aquí Carmignac deduce que, cuando fue escrito el NT, la misión cristiana tenía todavía como destinatarios principales a los judíos y los prosélitos (los paganos convertidos al judaísmo, que ya tenían la fe judía). Esta situación se dio solo en las primeras décadas de la historia de la Iglesia. A pesar de la concentración inicial de la misión cristiana en las comunidades judías, el cristianismo se expandió tanto entre los paganos que ya hacia el año 70 en varios sitios las comunidades cristianas estaban formadas en su mayoría por personas venidas directamente del paganismo. Este fenómeno se acentuó mucho más aún después del 70 y la posterior expulsión de los judeocristianos de la Sinagoga. De aquí se puede concluir que todo el NT fue escrito antes del 7015.
1) Véase la Bibliografía.
2) ROBINSON, pp. 2-3.
3) ROBINSON, pp. 8-9.
4) ROBINSON, p. 10.
5) Cf. ROBINSON, pp. 336-348.
6) BERNIER, p. 8.
7) BERNIER, p. 23.
8) Cf. BERNIER, p. 23.
9) BERNIER, p. 26.
10) BERNIER, p. 27.
11) Cf. BERNIER, pp. 274-275.
12) Cf. BERNIER, pp. 277-278.
13) SMITH, Ralph Allan: Rethinking the dates of the New Testament, 2023, en:
https://theopolisinstitute.com/conversations/rethinking-the-dates-of-the-new-testament/
14) Hechos 17,22-31.
15) Cf. Jean Carmignac, Juifs et païens face à la conversion au Christ et date du Nouveau Testament selon Robinson –Conférence de Septembre 1978, en: Les Nouvelles de l’Association Jean Carmignac, n° 1 –Enero 1999, pp. 2-4; disponible en:
https://www.abbe-carmignac.org/?Bulletins
Nota de Daniel Iglesias Grèzes: Dios mediante, éste será el capítulo 3 de la quinta edición (en preparación) de mi libro Tres Evangelios: Una revisión de la cuestión sinóptica y de la datación del Nuevo Testamento.
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DIG: Veremos si sigue pensando lo mismo después de leer todo el libro.
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