InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Etiquetas: nuevo testamento

14.09.26

Comprender la Palabra a través de las raíces arameas (EEChO)

Según una opinión heredada de la exégesis alemana, los cristianos arameos no tuvieron textos propios del Evangelio ni del Nuevo Testamento (NT) antes de que el siríaco Rábula, Obispo de Edesa entre 412 y 435 (dentro del Imperio romano), los tradujera al siro-arameo a partir de un texto griego original, aunque desconocido. Así, el texto arameo Peshitta del NT, aunque considerado de origen apostólico por la Iglesia del Oriente asirio-caldea, fue considerado en Occidente como tardío y relacionado con este texto griego original desconocido que, a principios del siglo XX, Nestlé y Aland intentaron reconstruir a partir de los pasajes que les parecieron los mejores en los manuscritos griegos.

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4.09.26

Jesús, Qumrán y el Vaticano

Puntualizaciones en torno a ciertas tesis sensacionalistas

Daniel Iglesias Grèzes

El propósito de este artículo es ofrecer una breve reseña de un libro de Otto Betz y Rainer Riesner: Jesús, Qumrán y el Vaticano: Puntualizaciones (Editorial Herder, Barcelona, 1994). Se trata de una versión en español de la obra original de ambos autores en alemán: Jesus, Qumran und der Vatikan, Brunnen Verlag, Giessen-Basilea y Herder, Friburgo-Basilea-Viena, 1993.

Tanto Otto Betz (1917-2005) como Rainer Riesner (1950-) fueron teólogos protestantes alemanes. Betz fue profesor de Nuevo Testamento en Chicago y en Tubinga y uno de los primeros estudiosos de Qumrán en el ámbito de lengua alemana. Riesner fue profesor de Nuevo Testamento en Tubinga y en Dortmund. Su obra más conocida es su tesis doctoral, publicada en 1981 con el título Jesus als Lehrer (Jesús como Maestro). Demostró que las enseñanzas de Jesús se transmitieron oralmente de un modo muy fiable y preciso antes de ser escritas en los Evangelios. Betz fue el tutor principal de la tesis doctoral de Riesner.

El libro que voy a reseñar tiene 226 páginas, diez capítulos y una bibliografía en español y en alemán. Ofrece al público no especializado una visión sintética y equilibrada sobre los manuscritos de Qumrán (o rollos del Mar Muerto) y sobre su aporte para una mejor comprensión histórica de Jesús y del origen del cristianismo. Dichos manuscritos fueron descubiertos en 1947 y han suscitado un gran interés académico desde entonces. En torno a 1990 aparecieron varios libros sensacionalistas sobre los manuscritos de Qumrán. Obtuvieron grandes éxitos de ventas denunciando supuestas conspiraciones, generalmente orquestadas por el Vaticano, para mantener en secreto algunos de esos manuscritos, que presuntamente tenían un contenido demoledor para la fe cristiana. El libro de Betz y Riesner critica eficazmente varios de esos best sellers inescrupulosos.

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24.08.26

Una reseña favorable de mi libro sobre los Evangelios sinópticos

Daniel Iglesias Grèzes

En junio de 2025 publiqué la cuarta edición de mi libro Tres Evangelios: Una revisión de la cuestión sinóptica y de la datación del Nuevo Testamento (véanse aquí las versiones digital e impresa). Además, en diciembre de 2025 publiqué la primera edición de esa misma obra en inglés: Three Gospels: A Review of the Synoptic Problem and the New Testament Dating (véanse aquí las versiones digital e impresa).

Pues bien, para mi grata sorpresa, he aquí que acaba de aparecer en el sitio web A Trustworthy Gospel [Un Evangelio fidedigno] una reseña favorable de la citada edición en inglés. La reseña fue escrita por Daniel B. Moore, responsable del sitio referido. Dicho sitio está dedicado a proponer que el Evangelio de Mateo fue el primer Evangelio escrito y que fue publicado durante el período 30-40 DC, tesis que apoyan la historicidad de todos los Evangelios. Además, ese sitio explora los testimonios de los Padres de la Iglesia y otros autores antiguos y las obras de diversos defensores de la prioridad y la composición temprana de Mateo a lo largo de la historia hasta nuestros días.

Daniel B. Moore es fundador de First Gospel Apologetics, miembro de la International Society of Christian Apologists (Sociedad Internacional de Apologistas Cristianos) y de la Evangelical Theological Society (Sociedad Teológica Evangélica) y autor del libro A Trustworthy Gospel: Arguments for an Early Date for Matthew’s Gospel (Un Evangelio fidedigno: Argumentos a favor de una fecha temprana para el Evangelio de Mateo), Eugene, Oregon (EEUU), Wipf and Stock, 2024. Ese libro está disponible en formato impreso o digital en Amazon, Barnes and Noble, Wipf and Stock y otros sitios.

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14.07.26

Se encontró en Anatolia la tumba del Apóstol Felipe (EEChO)

San Felipe fue enterrado en la antigua ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía

La tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles de Cristo, fue descubierta en 2011 en el suroeste de Turquía, en Pamukkale, la antigua Hierápolis. El descubrimiento fue realizado por la misión arqueológica italiana que trabaja [allí] desde 1957 y que hoy está compuesta por un equipo internacional dirigido desde 2000 por Francesco d’Andria, profesor de la Universidad de Salento.

El director de la misión explica el descubrimiento: «Hasta hace poco, pensábamos que la tumba de San Felipe estaba en el Monte de los Mártires, pero no habíamos encontrado ningún rastro de ella en el estudio geofísico realizado en ese sector. Hace un mes, descubrimos los restos de una iglesia desconocida, a 40 metros de distancia de la Iglesia de San Felipe en el Monte de los Mártires. Y en esta basílica descubrimos la tumba de San Felipe. Fue construida alrededor de una tumba romana del siglo I que, evidentemente, gozaba de gran estima. San Felipe es considerado un mártir, razón por la cual la iglesia construida en su nombre en el Monte de los Mártires también se llama Martyrion, aunque no hay allí ningún rastro de su tumba.»

Esta tumba romana no era una simple fosa, sino un complejo (sacellum) con una cámara funeraria y un frontispicio.

Al conectar estos elementos y muchos otros, «hemos llegado a la certeza de haber encontrado la tumba del apóstol Felipe situada en el centro de todo el sistema de peregrinación que estaba asociado a él», afirmó Francesco d’Andria.

D’Andria señala un grafito en la cornisa de la tumba que representa un monte sobre el cual se alza una cruz (Hierápolis o el Gólgota), un mosaico que representa peces, y monedas de bronce que datan de los siglos IV y V. En el siglo XII, los turcos transformaron la tumba en una vivienda. Véase aquí el reportaje de la televisión italiana.

Originario de Galilea, Felipe fue a evangelizar regiones de Asia Menor; fue lapidado y luego crucificado por los romanos en Hierápolis, Frigia.

Pudo haber surgido una confusión con el discípulo del mismo nombre, que era diácono y que habría muerto a una edad muy avanzada y por causas naturales. En el Nuevo Testamento, Felipe el Apóstol es mencionado en: Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14; Juan 1:43-48; 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9; Hechos 1:13. Y Felipe el Diácono es mencionado en: Hechos 6:5; 8:6; 8:9.12-13.26-35.38-40; 21:8-9.18. El diácono Felipe vivía en Cesarea y tenía cuatro hijas vírgenes y profetisas:

«8Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. 9Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban» (Hechos 21:8-9).

En el siglo V, San Jerónimo refiere algo más:

«En estas palabras reconoceréis al apóstol Felipe, que murió en Hierápolis, y a sus tres hijas, de las cuales las dos primeras envejecieron en la virginidad, y la tercera murió en Éfeso, llena del favor del Espíritu Santo» (San Jerónimo, Vidas de hombres ilustres I, 45).

Esto es también lo que Eusebio de Cesarea escribió hacia el 330, acerca de las dos estrellas que brillan en Asia: Juan, enterrado en Éfeso, y Felipe «que descansa en Hierápolis». En un famoso pasaje de su Historia Eclesiástica (III, 31), también habló del Apóstol San Juan, quien “llevaba la insignia” —se trata del símbolo del Sumo Sacerdote, y se puede inferir de la representación de Santo Tomás en el friso de Kong Wang Shan que todos los Apóstoles llevaban tal emblema, así como vestiduras sacerdotales, cuando celebraban [la Misa]—:

“Polícrates (quien era obispo de la Iglesia de Éfeso) escribió a Víctor, obispo de Roma. También él menciona al apóstol Felipe y a sus hijas en estos términos: ‘En efecto, grandes astros se han puesto en Asia, que volverán a salir en el último día, en la parusía del Señor, cuando Él venga del cielo con gloria y busque a todos los santos: Felipe, uno de los doce apóstoles, que descansa en Hierápolis, así como dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y su otra hija, después de haber vivido en el Espíritu Santo, está sepultada en Éfeso. También Juan, el que reposó sobre el pecho del Señor, que fue sacerdote y portó la insignia, fue mártir [en el sentido de testigo de la resurrección, o aludiendo al hecho de que escapó de la muerte en Roma] y maestro, descansa en Éfeso.’ Esto es lo que se refiere a la muerte de estas figuras. Y en el Diálogo de Gayo, que citamos un poco antes, Proclo, contra quien él discute, concuerda con lo que acabamos de afirmar sobre la muerte de Felipe y sus hijas, cuando dice: ‘Después de esto, hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierápolis de Asia; allí está su tumba, así como la de su padre’. Esto es lo que él dice.

Por otra parte, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, menciona a las hijas de Felipe, que vivían entonces en Cesarea de Judea al mismo tiempo que su padre y que habían sido honradas con el carisma profético. Él mismo dice [como se refirió antes]: «Llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban.»

Se debe interpretar correctamente este pasaje. Eusebio cita los Hechos de los Apóstoles por asociación de nombres, no para afirmar que el Apóstol Felipe sea el diácono del mismo nombre que proclamó el Evangelio, sino simplemente porque ambos tenían hijas. Las hijas del diácono Felipe, que eran cuatro, vivían en Cesarea, como su padre, explica –no en Hierápolis como las del Apóstol, que eran tres.

Asimismo, se debe tener cuidado de no malinterpretar las indicaciones de Eusebio sobre el Apóstol Juan, a quien menciona también en el Libro V, Capítulo XXIV: él señala que a este Apóstol y evangelista le sucedió otro Juan, también sepultado en Éfeso –como lo indica Ireneo de Lyon en su tratado «Contra las herejías» (Libro 3, Capítulo 1). Pero Juan no sería el autor del Apocalipsis: éste sería obra del «presbítero Juan» de Éfeso. De hecho, como todos aquellos tentados por el arrianismo, Eusebio quería desacreditar este último libro del Nuevo Testamento, que orienta a los cristianos hacia lo que Dios hará aún en la historia y los disuade de querer establecer el Reino de Dios en este tiempo o “siglo", que es precisamente el designio de los arrianos y de todas las ideologías de tipo mesianista: a fin de sacralizar el poder político, los arrianos ya no quieren oír hablar de la venida real de Cristo, que relativiza radicalmente todas las empresas políticas. Por otra razón, esta tesis de los dos autores todavía tiene algunos defensores hoy: el estilo del Evangelio de Juan en griego difiere del del Apocalipsis en griego, lo que delataría el trabajo de dos autores respectivos; de hecho, esto simplemente demuestra que el traductor del Evangelio al griego no es el mismo que, más tarde, tradujo el Apocalipsis al griego. Pero si se compara el texto arameo del Evangelio de Juan con el del Apocalipsis, se constata que el estilo es el mismo, lo que indica un único autor real, el Apóstol Juan, de acuerdo con las tradiciones orientales unánimes. Por lo tanto, la cuestión ya no es relevante.

Fuente: https://www.eecho.fr/la-tombe-de-lapotre-philippe-retrouvee/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

8.01.26

Evangelios: primacía del arameo - ejemplos (E.-M. Gallez)

Primacía del arameo sobre el griego: indicios acumulados

Édouard-Marie Gallez

En historia, como ante los tribunales, nunca existen pruebas absolutas; en el mejor de los casos, se presentan pruebas detalladas y fundamentadas. Generalmente, se encuentra solo una serie de indicios, pero su multiplicidad y su convergencia traen consigo la convicción, y con razón.

Lo mismo ocurre en exégesis: o mejor dicho, debería ser así. Allí se tocan cuestiones próximas a la fe (o al rechazo de la fe), y desafortunadamente a veces las posturas adoptadas solo tienen una conexión lejana con la investigación de indicios y su análisis paciente. Y, en ocasiones, también se mezcla el deseo de conformarse con las opiniones predominantes: intentar comprender la realidad en su complejidad no necesariamente favorece la carrera profesional…

¿Dónde reside la primacía entre el famoso supuesto «texto griego» y el texto arameo?

A los ojos de quien se tome la molestia de considerar la multiplicidad de las siete familias de manuscritos griegos, surge inmediatamente un problema: estas siete familias son irreductibles entre sí –¡un problema importante si se trata de originales!– En cambio, no hay más que una sola familia de manuscritos arameos. Si el arameo es traducido del griego, como se enseña doctamente a raíz de cuatro siglos de exégesis protestante, ¿cómo han hecho los traductores arameos para armonizar los manuscritos griegos, y a menudo para algo mejor aún que armonizarlos?

Por otra parte, si se considera lo contrario, la multiplicidad de las familias de manuscritos griegos se explica entonces fácilmente por la diversidad de los traductores, indicada en particular por la diversidad de los dialectos griegos empleados, que los verdaderos conocedores del griego antiguo no dejan de notar.

Cuando uno no está familiarizado con el Oriente (las tradiciones orientales nunca han aceptado la idea de que los evangelios fueron redactados en griego), ¿cómo percibir la primacía del arameo sobre el griego sino a través de indicios? Algunos son fáciles de ver, y otros son más complejos, puesto que no se trata solamente de comparar textos, sino de comprender sus historias respectivas, y la de los textos arameos está enraizada originalmente en una composición oral y una enseñanza que, en Occidente, nos resulta algo difícil de imaginar.

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