Los Evangelios, de la oralidad a la escritura. Entrevista a Pierre Perrier

Entrevista realizada por Henri de Begard

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evangiles-de-loral-a-lecrit-entretien-avec-pierre-perrier/

Texto traducido del francés por Daniel Iglesias Grèzes

En relación con otros artículos de EEChO, compartimos íntegramente la publicación de una extensa entrevista con Pierre Perrier, concedida a nuestros amigos del sitio Le Rouge et le Noir [El Rojo y el Negro]. Hemos añadido algunos enlaces hacia artículos que ilustran y desarrollan ciertos puntos, así como a este conjunto de fuentes orientales no exhaustivas sobre la formación de los Evangelios, compiladas por P. Perrier.

Nacido en 1935, Pierre Perrier fue responsable de investigación y de estudios avanzados en la industria aeronáutica. Elegido miembro correspondiente de la Academia de Ciencias [de Francia] en 1990, es también delegado general de la Academia de Tecnologías [de Francia]. Durante cuarenta años, en Francia, ha desarrollado estudios sobre la tradición oral aramea de los Evangelios en la Iglesia judeocristiana primitiva, colaborando con las Iglesias orientales y basándose en la obra de Marcel Jousse. Es autor de varios libros, entre ellos:

  • Évangiles de l’oral à l’écrit [Los Evangelios de la tradición oral a la escrita] (Fayard - Le Sarment, 2000),
  • Les colliers évangéliques [Los collares evangélicos] (Fayard, 2003),
  • La transmission des Évangiles [La transmisión de los Evangelios] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2006),
  • Thomas fonde l’Église en Chine (65-68 après Jésus-Christ) [Tomás funda la Iglesia en China (65-68 DC)] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2008),
  • L’apôtre Thomas et le prince Ying (Kong Wang Shan) : L’évangélisation de la Chine de 64 à 87 [El Apóstol Tomás y el Príncipe Ying (Kong Wang Shan): La evangelización de China del 64 al 87] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2012) y
  • L’Évangile de la miséricorde : Avec les chrétiens d’Orient [El Evangelio de la misericordia: Con los cristianos de Oriente] (L’évangile au Cœur, 2015).

Amablemente accedió a responder a las preguntas de Le Rouge & Le Noir [R&N].

R&N: La cuestión de la fidelidad de los Evangelios escritos sigue siendo objeto de intensos debates. ¿Qué respuestas ofrece usted a esta cuestión en su obra?

Pierre Perrier: Cuando, tras años de investigación, se llega a un punto muerto, se concluye (según el teorema de Gödel) que detrás de todo esto hay un prejuicio erróneo; sin embargo, hay dos que no resisten un análisis serio de su valor. Primero, la fidelidad [Nota del Traductor: relativamente] dudosa atribuida a los textos de los Evangelios en griego. Ahora bien, en la época de Cristo había tres dialectos griegos y un griego culto de los escritores de Atenas. Pero los textos evangélicos más antiguos en «griego» no están en el griego que se les atribuye, sino: –en un dialecto del norte (de Tracia, como en el caso de Lucas, traducido por él mismo en Troas) –o en un dialecto de Jonia (de Éfeso, como en el caso de Juan) –o en uno de Siria y Palestina (como en el caso de Mateo) –y finalmente, el dialecto de Alejandría, cuya inexistencia se afirmaba porque supuestamente allí se hablaba el griego culto… sí, pero solo entre los eruditos.

El orientalista y pastor Eberhard Nestle (1851-1913), su hijo [Nota de EEChO: Erwin Nestle] y Kurt Aland (1915-1994) afirmaron la existencia de una “lengua franca” internacional media (llamada koiné) en la que los Evangelios fueron escritos “necesariamente”. Sin embargo, profesores de griego antiguo en Atenas, amigos míos, me comentan que ella nunca fue hablada por nadie y que su diccionario y su gramática, supuestamente procedentes del Nuevo Testamento, no están documentados en ninguna parte. Empero, tras haber elegido, o creído encontrar, una lengua de referencia para validar [su obra], estos pastores no lingüistas optaron por reconstruirla homogeneizando los textos griegos de los Evangelios “lo mejor que pudieron” en este griego (su griego), al que denominaron la forma corriente, convirtiendo así el conocido griego clásico de Atenas en el patrón de una lengua vehicular construida a partir del Nuevo Testamento y/o de los Evangelios. Por lo tanto, el hecho de que esto sea solo aproximadamente cierto ha aumentado de hecho la dispersión del significado, que ya no puede ser analizado con el rigor científico y lingüístico necesario en relación con los textos conocidos del siglo I…

Además, ellos no aceptaron que este griego fuera producto de una traducción a partir de una lengua semítica estable y reconocida internacionalmente, a diferencia de su propio griego; por consiguiente, no quisieron buscar el texto semítico previo que subyace a todo, puesto que prefirieron traducir desde una lengua con una gramática y una descripción del tiempo familiares, aunque con arameísmos que son bastante diferentes de la lengua culta (un ejemplo típico es la palabra ἀδελφός [adelphos], hermano, que en griego jónico es igualmente el primo hermano, como en arameo clásico, ¡algo que casi todos los protestantes rechazan!). Estos amigos profesores de la Universidad de Atenas me comentaron que tuvieron que “mejorar” bastante la sintaxis de los Evangelios griegos porque los textos evangélicos más antiguos les recordaban a los textos registrados en directo en Bruselas por intérpretes griegos, cuando un árabe (de lengua y gramática semíticas) hablaba desde la tribuna, y a menudo hay que pedir al intérprete que repita y modifique el texto para comprenderlo.

Por otra parte, se puede encontrar en internet la visita al Fanar de la delegación de Ginebra, liderada por Calvino, para reunirse con el patriarca bizantino, quien les aconsejó usar “su texto”, que, aunque databa de los siglos IV-V, estaba homogeneizado en un buen griego según la lengua hablada y escrita por los grandes Padres griegos de Anatolia, fundadores de la teología bizantina. Pero los ginebrinos se negaron, pretendiendo encontrar ellos mismos la mejor (!) fuente griega de los Evangelios, y luego le hablaron de su revisión de la Misa. Entonces el patriarca los expulsó, convencido de haberse topado con herejes peligrosos incapaces de comprender el valor del latín imperial –una lengua clásica, bien hablada e impuesta en Roma en el siglo I–, pero sobre todo que no comprendían nada de la “divina liturgia”.

Así, por razones equivocadas, el mundo protestante abandonó la noción mesopotámica, judía y occidental de la necesidad de contar con textos de referencia en una lengua que se haya hablado y utilizado para la oración durante bastante tiempo, aunque sea algo arcaica, como la jerga jurídica en todos los países. Ellos abandonaron el latín fiable en favor de una traducción no oral, resultado de un trabajo improvisado rechazado por los bizantinos. Por eso les recomiendo leer mi libro El Evangelio de la Misericordia con los cristianos de Oriente, donde podrán observar que se necesitan no menos de 400 correcciones en un collar de 25 textos breves para tener finalmente algo con sabor y verdadero sentido (solo se requerirían unas 50 correcciones si nos hubiéramos quedado con el texto latino). Lejos del latín de la Vulgata, el significado de los Evangelios se ha oscurecido para los hablantes de lenguas derivadas del latín, más oral, de hecho, que el griego culto.

Pero hay una segunda razón: si sabemos por qué el texto griego siempre se distorsiona al remontarnos en el tiempo, ¿existe, además de la Vulgata y el texto bizantino, una lengua fiable que sea el mejor vehículo para el significado de los textos evangélicos, y a partir de la cual podríamos obtener una comprensión más certera en francés? ¿Algo que sea tan estable como el hebreo de Qumrán comparado con el hebreo del siglo VII? La respuesta es sí, y lo que proponemos es un retorno puro a las fuentes verdaderas, sin atenernos a las enseñanzas a la moda occidental de la gramática académica del dialecto de la Siria romana de los siglos IV y V. Todo esto se debe a que, desde Constantino, ya no se quiere admitir que Jesús hablara el arameo del imperio parto y no un dialecto siro-caldeo menor, como dice Renan. Ahora bien, hoy se sabe que el arameo imperial es tan estable, si no más, que el hebreo; todavía lo habla un millón de personas, ha evolucionado menos que el francés de Rabelais y, en el siglo I, se entendía en toda la Eurasia comerciante y dialogante (diez veces más que el griego de Atenas). En cuanto al hebreo, deriva del arameo de Abraham, evolucionó en Egipto y Palestina, estaba bien establecido bajo David y Salomón en el año 1000 AC, pero se perdió tras el regreso de Babilonia (cf. Nehemías 8:1-13) en favor del arameo hablado y escrito en Babilonia. Sin embargo, después de Ciro, la diáspora judía, y el arameo que ella utiliza exclusivamente, se extendió desde el Bósforo hasta el Indo, llegando en el siglo I a España, donde sustituyó al fenicio, y hasta China (donde la cuñada y la guardia del emperador hablaban arameo con Tomás…). Todos los príncipes del imperio parto y muchos otros hablaban en el siglo I el arameo imperial, la lengua de los grandes contratos comerciales y de la diplomacia, y Jesús y sus parientes príncipes hablaban esta hermosa lengua, que es la del imperio parto, aunque ellos no reinaran.

Ahora bien, tenemos los textos de los Evangelios en esa hermosa lengua que hablaba Jesús. Probablemente entre el 66 y el 67 DC, antes de la destrucción de Jerusalén en el 70, se copiaron textos de referencia de los cuatro Evangelios para su custodia, para depositarlos y utilizarlos como referencia en Nínive (Mosul);  y tenemos copias, ciertamente posteriores a las persecuciones sasánidas, pero algunas de ellas con un colofón (certificado de origen marcado en las primeras páginas) que indica que la copia fue hecha a partir del primer texto llevado a Nínive por uno de los 72 discípulos. Entonces, ¿por qué no tomar este texto como referencia, o incluso un texto en latín, vetus latina, corregido de lo que hoy se sabe que son sus pequeños errores con respecto a este texto arameo? ¿Es simplemente porque quisimos ser amables con nuestros amigos protestantes? Ellos se han extendido por todas partes diciendo que conocían la Biblia mejor que nadie; lo que es ciertamente falso, porque cualquier monje benedictino, cisterciense, dominico o franciscano, en continua meditación sobre el texto latino, dedica mucho más tiempo a comprender, meditar y orar con la Biblia que el pastor más erudito (lo he experimentado personalmente)… pero los monjes son humildes…

En resumen, depende de nosotros declarar que el rey exégeta está desnudo y que con un pequeño cambio de rumbo se podría recuperar [Nota del Traductor: más plenamente] el sabor y la verdad de nuestros maravillosos Evangelios, capaces de cambiar el corazón del hombre más pecador si se dedica a aprenderlos de memoria para meditar en ellos continuamente, lo que cambiará su vida. Finalmente, es importante saber que estamos en el proceso de reestablecer la inmediatez de la composición oral y de la puesta por escrito del 20% más preciso dogmáticamente del Evangelio en el primer año posterior a la Ascensión y Pentecostés. Esta será la primicia del libro que estamos preparando para el año próximo.

R&N: ¿Qué es un collar evangélico?

Pierre Perrier: Un collar designa a un conjunto de textos para recitar uno tras otro para formar un texto largo que se sabe recitar de memoria, posiblemente con una ayuda mnemotécnica. Con el rosario se compone más fácilmente un texto largo y regular repitiendo las dos oraciones alternadas: Padrenuestro y Avemaría. La tradición dicta que la recitación de un texto oral largo y cantado sea facilitada por un collar alrededor del cuello, donde se encuentran las cuerdas vocales, y, si el texto se representa con mímica, en la mano con una pulsera. En todos los casos, el número de cuentas corresponde al número de recitaciones, y una recitación bella varía las perlas recitadas. En su recital, un cantante realiza su “interpretación oral” disponiendo con inteligencia las canciones según su tipo de texto y de melodía, y según el mensaje y el tema que ha elegido. Así, divide el tiempo en porciones diferentes pero complementarias, según el tema o el tono del recital.

Antes de los Evangelios, que son recitaciones de un Evangelio completo de aproximadamente 300 perlas (una perla es una recitación de palabras o gestos, como una historia o una danza), hubo collares de 5, 10, 25, 50 o incluso 100 perlas. Cuanto más pequeño es el collar, más fácil es memorizarlo, pero para los collares más grandes, por ejemplo de 25 perlas, se requiere cierto entrenamiento de la memoria. Esto no es imposible, comparado con la interpretación de un recital de piano, ¡que a menudo dura más de una hora! Los sacerdotes y diáconos de las iglesias que celebran en arameo saben de memoria todos los textos de sus liturgias. En arameo, los collares se distinguen por su temática: el collar de la infancia, el collar del envío a la misión, el collar de la Pasión, etc. Pero en el Evangelio (en arameo, la palabra designa el libro de referencia, no algo para aprender de memoria textualmente), constituyen “piezas recortadas”, y su conjunto se llama una Karozoutha, o recitación a varias voces. Su texto es entonces un mosaico proveniente de varios testimonios, cada uno de los cuales reúne varios textos, como es el caso de nuestros Evangelios.

El texto griego variable no estaba pensado para ser memorizado; el latín lo estaba mucho más. Empero, la memorización se hacía (y debería hacerse siempre) por collares. De lo contrario se pierde el sentido temático dado por el conjunto de las perlas de cada collar, lo que no es probable que ocurra con los collares conservados intactos en los extremos de los Evangelios (Infancia, Pasión y Resurrección). Aparte de estos tres collares, el cristiano promedio, incluso uno instruido, desconoce la existencia de collares salvo en fragmentos: estamos en el Jubileo de la Misericordia, y he publicado, para beneficio de mi grupo y de algunos lectores, los 25 textos compuestos con ese fin, de los cuales los cristianos solo conocen Lucas 12:25-37 y Lucas 15:1-32 —o sea cinco perlas como mucho—, mientras que profundizar en las otras 20 proporciona una comprensión mucho más profunda de la misericordia para la diversidad de los pecadores. Incluso la palabra aramea «misericordia», que aparece cinco veces en los tres himnos cantados diariamente por nuestras monjas y monjes, figura solo una vez en nuestros textos (antes estaba ausente). ¿Cómo creer en su importancia cuando solo la leemos en los documentos del Vaticano y en la Vulgata (cuatro veces ya es mejor)? La mayoría de las veces, en otros momentos de su predicación, Jesús abordó varios temas según su audiencia o la ocasión; salvo algunos casos de collares reunidos o dispersos en los leccionarios (el Sermón de la Montaña, el collar de parábolas o narraciones apocalípticas de los capítulos 13 o 25 de Mateo), el oyente de los textos litúrgicos los ignora, al igual que los catequistas, para quienes fueron hechas y practicadas estas colecciones para la primera evangelización. ¿Acaso ya no serían útiles hoy en día?

Ahora bien, un subproducto importante de saber de memoria [los Evangelios], perla a perla, es la posibilidad de responder con las palabras de Jesús a un amigo que tiene dudas o de hacer frente a una persecución que conlleva la destrucción física de las Escrituras; antes de la imprenta y de internet, memorizarlas resultó eficaz para combinar los estudios y la ayuda a la copia de pergaminos dañados por el tiempo: si se saben de memoria las Escrituras más allá de lo escrito y se copian reproduciendo líneas y páginas (fotográficamente), el número de errores de copia se vuelve insignificante. En efecto, los errores de copia se deben a lecturas erróneas y fallos de escritura, y precisamente las copias de los evangeliarios solo podían ser hechas en Oriente por monjes que habían demostrado conocer de memoria el texto a copiar, reproduciéndolo línea por línea y página por página según la tradición mesopotámica y luego cristiana, y no según la tradición grecolatina, donde al copista se le pagaba por línea copiada. (Compruébalo con las fábulas de La Fontaine, las conozcas o no, y ten en cuenta que este tipo de texto proviene de colecciones de fábulas copiadas durante milenios, llegadas a través de Plauto y Esopo de un autor mesopotámico de hace más de tres mil años, en una cultura que inventó la escritura pero distinguía entre el escriba y el autor, quien, por su parte, componía mentalmente y recitaba antes de dictar o incluso de escribir él mismo).

R&N: Los estudios occidentales sobre los primeros textos del cristianismo se concentran mucho sobre los textos griegos y poco sobre los textos siríacos. ¿Por qué?

Pierre Perrier: De hecho fue la obsesión por el griego, recuperado gracias a los refugiados de la Constantinopla ocupada [por los turcos], lo que desecó los estudios. Pero hay que saber que la conquista por los jefes árabes del inmenso imperio parto había provocado mucho antes, por estupidez, la destrucción de las bibliotecas (cuatro semanas y media para quemar la biblioteca y los archivos del imperio persa, más grandes que los de Alejandría…), según su inclinación a regresar a la era de los cazadores libres y depredadores de países civilizados y ricos. Luego, con la fatwa de Bagdad (de 806, creo [Nota de EEChO: confirmada por la fatwa del califa al-Mutawakkil en 847]), que declaró como verdad de fe que el Corán en árabe era increado ante Dios (una caricatura de la Palabra), la eliminación del arameo se convirtió en una obligación legal bajo pena de ser degollado (¡no dejar que nadie hable!). Todo amigo de Dios mesopotámico o persa fue obligado a abandonar la civilización que era para él, y es también para nosotros, “nuestra fuente”.

¿Por qué se habla ahora de siríaco? Porque mediante este adjetivo de transferencia a un dialecto occidental impregnado de palabras griegas y de palabras dialectales fenicias antiguas se elimina la fuente, ahora maldita, de las ciencias morales y políticas. Por eso se obligó a los monjes a traducir al árabe sus ciencias y las de los griegos, derivadas de ellas, para dar una cobertura a la ciencia y la filosofía árabes, de hecho casi inexistentes, como se empieza a comprender; y la palabra “siríaco” empezó a reemplazar a la palabra “arameo” en Occidente, ingenuo sobre todo aquello cuando puso a Siria bajo su mandato…

En esas condiciones, ocurren las omisiones de Eusebio de Cesarea (el autor estrella de una Historia Eclesiástica para Constantino), quien “olvida” hablar de la composición precoz de los Evangelios en la lengua de los hebreos (la palabra “arameo”, que es la lengua del enemigo parto hereditario, no figura jamás en su griego y no es seguro que hablara lo que él consideraba como el dialecto del pueblo sirio). Él aporta poca información más que los Hechos de los Apóstoles sobre los primeros 30 años de la Iglesia de Jerusalén, pero en cambio habla en detalle de la fundación de la Iglesia en Edesa; ahora bien, hoy se sabe que esta fundación es en gran parte legendaria. Edesa era una gran ciudad en el tablero de ajedrez de las plazas fuertes del imperio romano contra los partos, mientras que Jerusalén era muy pequeña, con un obispado menor que dependía de Cesarea, la capital romana y el arzobispado de Eusebio. En este contexto, Eusebio intenta convencer a su emperador (que era arriano) de que Jesús era un gran profeta del imperio y que era necesario traducirlo del arameo. Tomando como ejemplo los textos griegos de Lucas y de Juan, hace todo lo posible por vincular la composición de los Evangelios con su publicación libre en griego en los años 50 y 90, como si la transmisión entre estas fechas hubiera sido solo oral (por lo tanto “bárbara", palabra griega que significa extranjero): sí, pero Eusebio no es un santo, es un arriano y un político astuto y sabe cómo complacer a Constantino, quien decide dejar de permitir que se derrame legalmente la sangre cristiana.

R&N: Usted también ha escrito varios libros sobre la evangelización de Tomás en China. ¿Cuál es el estado actual de la investigación científica sobre este tema?

Pierre Perrier: Hay un grupo que trabaja con chinos de la diáspora sobre los archivos del Padre Yen Chi Ling (que salvé después de su fallecimiento), quien estaba preparando una historia de la Iglesia y de su presencia ininterrumpida en China (lo que pocos saben). Nosotros habíamos descrito eso a grandes rasgos con un coautor, Xavier Walter, profesor de chino en la Universidad de Nanterre, lamentablemente fallecido, en el libro Thomas fonde l’Église en Chine [Tomás funda la Iglesia en China] (Ed. Jubilé, 2008). Este grupo debería publicar pronto sus resultados, que estamos esperando para orientar la continuación de nuestra investigación.

Junto con otros, trabajo para tratar de comprender cómo el budismo, que llegó a China a finales de la dinastía Han y luego fue apoyado por el maniqueísmo, al que acabó sofocando, se esforzó por disolver el cristianismo en su sincretismo, y, ante su resistencia, lo persiguió y ocupó su lugar, convirtiéndose en la religión femenina sincrética de todas las religiones toleradas, incluida la imperial, dividida en dos o más partidos. Si bien la Iglesia clandestina continuó existiendo durante tres siglos de decadencia, ella volvió a hacerse visible bajo el emperador cristiano Sui, quien restableció la unidad del imperio y su apertura al exterior, preparando así el período de la dinastía Tang, que fue un nuevo apogeo de la civilización vinculado al imperio parto. Posteriormente, el dominio totalitario musulmán aisló a China durante siglos de todo contacto con Occidente y con la cuna mesopotámica oprimida, salvo durante un complejo paréntesis mongol.

Por lo tanto, trabajamos en la historia de las religiones dentro del marco de EEChO, sin los prejuicios de los medios de comunicación, que hoy en día, debido al globalismo relativista, se alejan demasiado de la verdad histórica con sus relaciones diversas y de provecho mutuo. El gobierno chino comienza a acercarse a nuestro pensamiento, a medida que la investigación histórica china demuestra la importancia de los intercambios euroasiáticos continentales. Esto concuerda de hecho con el nuevo concepto de la “Ruta de la Seda Moderna", desarrollada con los rusos, al margen de la hegemonía estadounidense, y con desconfianza, sin concesiones, del Islam violento.

Acabo de regresar de un viaje siguiendo los pasos de la llegada de Tomás a la India, lo que permitirá difundir descubrimientos indios recientes que sorprenderán a muchos y confirmarán tanto nuestros trabajos como los suyos. Gracias a ellos, se están preparando nuevas líneas de investigación que pondrán en evidencia la verdad sobre la evangelización apostólica oriental. Empero, allí me encontré de nuevo con las fechorías de posturas académicas francesas “laicas", dedicadas a deconstruir la verdad de nuestros trabajos, marginando todas las fuentes orientales, indias y chinas, que demuestran los frutos beneficiosos de la evangelización apostólica para el mundo accesible en el primer siglo de nuestra era.


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