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14.09.26

Comprender la Palabra a través de las raíces arameas (EEChO)

Según una opinión heredada de la exégesis alemana, los cristianos arameos no tuvieron textos propios del Evangelio ni del Nuevo Testamento (NT) antes de que el siríaco Rábula, Obispo de Edesa entre 412 y 435 (dentro del Imperio romano), los tradujera al siro-arameo a partir de un texto griego original, aunque desconocido. Así, el texto arameo Peshitta del NT, aunque considerado de origen apostólico por la Iglesia del Oriente asirio-caldea, fue considerado en Occidente como tardío y relacionado con este texto griego original desconocido que, a principios del siglo XX, Nestlé y Aland intentaron reconstruir a partir de los pasajes que les parecieron los mejores en los manuscritos griegos.

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27.08.26

La tradición oral de los Evangelios

Un aporte de la Escuela Escandinava

Daniel Iglesias Grèzes

El propósito de este artículo es ofrecer una breve reseña de un libro de Birger Gerhardsson: Prehistoria de los Evangelios: Los orígenes de las tradiciones evangélicas (Editorial Sal Terrae, Santander, 1980).

El biblista luterano sueco Birger Gerhardsson (1926-2013) fue el representante principal de la Escuela Escandinava, que revolucionó el estudio histórico-crítico del Nuevo Testamento (NT) al revalorizar las tradiciones orales que precedieron a la redacción de los Evangelios. Gerhardsson fue discípulo del biblista luterano sueco Harald Riesenfeld (1913-2008), quien inició la referida Escuela.

Dentro del estudio histórico-crítico del NT, hasta mediados del siglo XX predominó la corriente llamada “historia de las formas”, originada por los exégetas luteranos alemanes Martin Dibelius (1883-1947) y Rudolf Bultmann (1884-1976). La historia de las formas afirmó que los Evangelios nacieron de las necesidades de predicación de las comunidades primitivas. La Escuela Escandinava, en cambio, afirmó que el origen de la tradición de los Evangelios es el mismo Jesús, que las palabras de Jesús fueron tratadas como palabras sagradas y que su transmisión no quedó librada al azar de comunidades anónimas, sino que fue confiada a los Apóstoles como un depósito desde el principio.

El libro que pretendo reseñar tiene sólo 96 páginas. Reúne una serie de conferencias que el autor pronunció en 1976 en Holzhausen (Alemania) ante los estudiantes de teología protestante de la Universidad de Marburgo. Tiene 13 capítulos y una bibliografía.

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6.07.26

Los días posteriores a la Pascua: ensayo de síntesis (EEChO)

Resumen de las siete semanas anteriores a Pentecostés:

la Pascua, las apariciones y las experiencias de los Apóstoles

Muchos cristianos desean saber con mayor precisión qué ocurrió entre la Pascua y Pentecostés, durante esos cincuenta días en que se cristalizó toda la fe de la Iglesia.

Este tema ya ha sido abordado en este sitio mediante un estudio exegético minucioso. Partiendo del relato de los peregrinos de Emaús, pero sin llegar hasta el de la Ascensión, [allí] se analizan pasajes clave que a menudo son malinterpretados y suscitan falsas dificultades; éstas desaparecen en cuanto uno se basa más en el texto arameo tradicional del Nuevo Testamento —y en los datos proporcionados por las tradiciones orientales— que en un «texto» reconstruido en griego sólo en el siglo XX, y que, en el mejor de los casos, no es más que una traducción del texto arameo (del cual se deriva fielmente la Peshitta, que hoy está ampliamente disponible).

Baste aquí remitirnos a este estudio, que está llamado a ser enriquecido, tras haber indicado, en el cuadro siguiente, las conclusiones a las que llega necesariamente. A posteriori, el orden de los acontecimientos que esclarece parece corresponderse con el que ofrece el Diatessaron de Taciano; si se buscara, sin duda se encontraría la confirmación de esto también en otros lugares. No hay casualidades.

Los acontecimientos de los cuarenta días posteriores a la Pascua 

• Siete días de espera en Jerusalén, marcados, en lo referente a los Apóstoles, por dos apariciones: una en la noche del día de Pascua (aunque Pedro tuvo una breve visión en la mañana), y la otra al final [de los siete días]. Tomás no estuvo presente en la primera aparición, pero tras pasar una semana reflexionando (y estudiando mientras se quejaba), estuvo presente en la aparición que tuvo lugar el domingo siguiente; al darse cuenta del misterio y tocarlo, le dijo a Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!». La afirmación es completa (más tarde, los Apóstoles tendrán que encontrar maneras adecuadas de expresarla a todos).

• Dos semanas de viaje de ida de rememoración (tan importante en el mundo oral), durante las cuales los Apóstoles y los discípulos caminaron hacia Galilea «recordando» (es decir, recordándose unos a otros) las palabras y los hechos de Jesús ocurridos durante los tres años [de su vida pública].

• La aparición en el monte Hermón, en la frontera norte de Galilea —es decir, con vista a las naciones—, en presencia de los 72 discípulos y de sus propios discípulos (los que ya lo eran o los que lo serán, es decir los 500, de los cuales muchos son de Galilea) —Jesús los había citado a todos allí (Mateo 28:16)—.

• Una semana de viaje de regreso de rememoración, durante la cual Jesús se aparece de nuevo a los Apóstoles, por ejemplo a la orilla del Lago, y durante la cual los Apóstoles vuelven a hablar sobre todo de lo que Jesús ha dicho acerca del futuro.

• Once días en Jerusalén durante los cuales Jesús se apareció principalmente a cada apóstol por separado, a fin de aclarar a cada uno cuál será el eje de su futura «misión» en el mundo. Dos de ellos no recibieron una misión propiamente dicha: Santiago el Justo, a quien Jesús le pide que permanezca en Jerusalén pase lo que pase; y Juan, a quien Jesús quiso mantener apartado, no tanto por ser demasiado joven para una vida «misionera», sino porque le reserva una misión especial junto a María, en vistas a un conocimiento más profundo de los misterios y al servicio de la formación de los «ancianos» [presbíteros].

• La Ascensión desde el Monte de los Olivos, que deja a los Apóstoles con sentimientos encontrados de entusiasmo, miedo, esperanza, incertidumbre, expectación, nostalgia (por las apariciones), certeza y perplejidad.

A estos cuarenta días, se debe añadir los diez días siguientes, que les dan su pleno significado: 

•• los días del Cenáculo en Jerusalén, durante los cuales los Apóstoles se organizan bajo la mirada de María, en torno a quien se congregan espontáneamente —incluso eligen a Matías (quien más tarde irá a Etiopía) para reemplazar a Judas—;

•• Pentecostés, que tiene lugar en medio de una Iglesia que ya se había constituido (a la manera judía), pero a la que aún le faltaba el Espíritu [Santo].

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evenements-des-jours-apres-paques-essai-de-synthese/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

15.05.26

Los Evangelios, de la oralidad a la escritura. Entrevista a Pierre Perrier

Entrevista realizada por Henri de Begard

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evangiles-de-loral-a-lecrit-entretien-avec-pierre-perrier/

Texto traducido del francés por Daniel Iglesias Grèzes

En relación con otros artículos de EEChO, compartimos íntegramente la publicación de una extensa entrevista con Pierre Perrier, concedida a nuestros amigos del sitio Le Rouge et le Noir [El Rojo y el Negro]. Hemos añadido algunos enlaces hacia artículos que ilustran y desarrollan ciertos puntos, así como a este conjunto de fuentes orientales no exhaustivas sobre la formación de los Evangelios, compiladas por P. Perrier.

Nacido en 1935, Pierre Perrier fue responsable de investigación y de estudios avanzados en la industria aeronáutica. Elegido miembro correspondiente de la Academia de Ciencias [de Francia] en 1990, es también delegado general de la Academia de Tecnologías [de Francia]. Durante cuarenta años, en Francia, ha desarrollado estudios sobre la tradición oral aramea de los Evangelios en la Iglesia judeocristiana primitiva, colaborando con las Iglesias orientales y basándose en la obra de Marcel Jousse. Es autor de varios libros, entre ellos:

  • Évangiles de l’oral à l’écrit [Los Evangelios de la tradición oral a la escrita] (Fayard - Le Sarment, 2000),
  • Les colliers évangéliques [Los collares evangélicos] (Fayard, 2003),
  • La transmission des Évangiles [La transmisión de los Evangelios] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2006),
  • Thomas fonde l’Église en Chine (65-68 après Jésus-Christ) [Tomás funda la Iglesia en China (65-68 DC)] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2008),
  • L’apôtre Thomas et le prince Ying (Kong Wang Shan) : L’évangélisation de la Chine de 64 à 87 [El Apóstol Tomás y el Príncipe Ying (Kong Wang Shan): La evangelización de China del 64 al 87] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2012) y
  • L’Évangile de la miséricorde : Avec les chrétiens d’Orient [El Evangelio de la misericordia: Con los cristianos de Oriente] (L’évangile au Cœur, 2015).

Amablemente accedió a responder a las preguntas de Le Rouge & Le Noir [R&N].

R&N: La cuestión de la fidelidad de los Evangelios escritos sigue siendo objeto de intensos debates. ¿Qué respuestas ofrece usted a esta cuestión en su obra?

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9.01.26

Origen de las primeras recitaciones evangélicas (EEChO)

Cómo, por y en un testimonio público, se formaron las primeras narraciones de los apóstoles, en particular durante el recorrido de rememoración en el corazón de los 40 días de las apariciones

Para comprender la oralidad evangélica, es necesario percibir cómo aparece toda tradición oral y captar en particular el momento en que cristaliza. Este es un fenómeno propio de todas las culturas orales: es comunitario.

Cuando ha ocurrido algo significativo, los testigos se tomarán la molestia de regresar a los lugares con su comunidad, y de dar allí su testimonio, que será recordado y repetido luego en la comunidad. Y a partir de entonces este testimonio siempre se repetirá; nunca se cambiará –quizás un recitador introduzca una pequeña frase explicativa si percibe que sus oyentes lo malinterpretan, pero esto será muy poco frecuente. Esto es lo que ocurrió durante el recorrido de rememoración de los apóstoles, los discípulos y otros, de Jerusalén a Galilea y de regreso, pasando por otros lugares importantes, cuyo punto culminante fue la aparición de Jesús a los 500 (1 Corintios 15,6).

Este es el fundamento de la oralidad, que la mayoría de los exégetas textuales occidentales desconocen, porque la manera (oral) en que los testigos de la Resurrección desarrollaron sus narraciones respectivas no tiene nada que ver con la manera en que ellos mismos escriben sus libros. Se trata de otro mundo.

Reproducimos aquí un extracto de un artículo de 2013 (actualizado en 2020) que sigue siendo fundamental; el siguiente pasaje se refería a 1 Corintios 15,5-7, pero su valor aquí reside en recordar, con un ejemplo actual, el mecanismo de formación de una narración oral.

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