El mito de la superpoblación (3)

El maltusianismo ha hecho un daño incalculable a la humanidad
Daniel Iglesias Grèzes
Introducción
Las dos primeras partes de este trabajo se pueden ver aquí y aquí.
Hasta aquí hemos visto cómo la ley de la población de Malthus dio origen al maltusianismo, una ideología pseudocientífica y antihumanista, y cómo esa ideología, que alentó tanto el movimiento eugenésico como el movimiento del control de la natalidad, fue aumentando gradualmente su influencia cultural y política, lo que se tradujo desde el último tercio del siglo XX en innumerables medidas gubernamentales en casi todo el mundo, orientadas a frenar el crecimiento demográfico. En esta tercera parte analizaré las consecuencias provocadas por esas medidas de inspiración maltusiana.
El efecto principal de las medidas de control poblacional ha sido el de acelerar y perturbar una transición demográfica que se habría producido de todos modos, pero de un modo mucho más natural y menos dañino.
Esto se puede apreciar por ejemplo en el caso de China. En lugar de una transición demográfica normal, seguida por una estabilización de la población, las torpes y violentas políticas de control poblacional del régimen comunista chino han producido un gran envejecimiento de la población y un desequilibrio cuantitativo importante entre ambos sexos, y han puesto en marcha un colapso demográfico de enorme proporción. China ya ha dejado de ser el país más poblado del mundo y su población desciende año tras año. La ONU pronostica que la población de China, que actualmente es de unos 1.400 millones de habitantes, caerá a unos 630 millones en 2100; es decir que en unos 70 años se reducirá a menos de la mitad.
La caída de la fertilidad en todo el mundo
La Tasa Global de Fecundidad (TGF) ha bajado mucho en todos los países del mundo desde 1950. Alrededor del 70% de la población mundial vive en países donde la TGF ya está por debajo del nivel de reemplazo, que es 2,1 hijos por mujer. En algunos de esos países (por ejemplo, China, Japón y Uruguay) la población ya está decreciendo. En los otros (por ejemplo, India) sigue creciendo por una especie de inercia, pero dentro de algunos años comenzará a decrecer. Por último, también en los países (en su mayoría africanos) donde la TGF es mayor que el nivel de remplazo esta tasa está bajando rápidamente. Si la tendencia se mantiene, a largo plazo la población caerá en todos los países del mundo, incluso los que todavía hoy tienen una TGF alta; y también caerá en todas las regiones dentro de cada país, como ocurre ya en varios países.
El indicador llamado “Vida Media de la Sociedad” (VMS) puede ayudar a comprender la importancia de este fenómeno. La VMS es el tiempo que le lleva a una sociedad perder la mitad de sus nacimientos anuales si mantiene una TGF constante y menor que el nivel de reemplazo.
Por ejemplo, si la TGF mundial se estabilizara en 1,8 hijos por mujer (el valor previsto por el IHME para 2050), la VMS mundial sería de 150 años. Si en cambio se estabilizara en 1,5 hijos por mujer (un valor algo menor que el de 1,6 previsto por el IHME para 2100), la VMS mundial sería de 55 años. Por otra parte, con una TGF constante de 1,2 (aproximadamente el valor actual de Uruguay), la VMS sería de 40 años.
Ese decrecimiento sería exponencial. A una TGF de 1,2, la cantidad de nacimientos de una sociedad se reduce a un 50% en 40 años, un 25% en 80 años, un 12,5% en 120 años, un 6,25% en 160 años, etc. Se trata de una espiral de muerte, porque la caída demográfica produce una crisis económica que realimenta positivamente la caída demográfica, y así sucesivamente. No se conoce ningún caso de una sociedad o civilización que haya escapado de un colapso demográfico de este tipo.
Las consecuencias catastróficas futuras del colapso demográfico en marcha se pueden inferir a partir de lo que ya ha ocurrido en países como Japón, donde la caída poblacional ya ha alcanzado un grado avanzado. En Tokyo, la mayor ciudad de Japón, barrios florecientes hace unas décadas están hoy en un estado cercano a la extinción, con muchas escuelas y comercios cerrados, y muchos habitantes octogenarios que viven solos y sin vínculos.
Según el demógrafo británico Stephen Shaw, lo que explica casi toda la caída de fertilidad en el mundo es un gran aumento del porcentaje de mujeres sin hijos. En otras palabras, se trata esencialmente de un problema de ausencia de hijos (childlessness). La tasa de ausencia de hijos se disparó en distintos momentos en los distintos países y luego se mantuvo alta. Por ejemplo, en unos cuantos países esto ocurrió durante la crisis del petróleo de 1973; en otro grupo numeroso de países ocurrió durante la crisis financiera de 2008; etc. Además, Shaw sostiene que, en la mayor parte de los casos, esta ausencia de hijos es involuntaria. Muchas mujeres que querían tener hijos perdieron la oportunidad de tenerlos por distintas razones, con frecuencia vinculadas a una priorización de su carrera profesional.
Shaw llama “curva de vitalidad” a una curva que representa la probabilidad de que una persona tenga su primer hijo a una determinada edad. Se trata de una curva simétrica del tipo conocido como “campana de Gauss”. Hay una curva de vitalidad de las mujeres y una curva de vitalidad de los hombres. Ambas son campanas de Gauss muy similares, pero el pico de la campana de los hombres es un poco más tardío que el de la de las mujeres. O sea, en promedio, los hombres tienen su primer hijo a una edad un poco mayor que las mujeres. El pico de la campana es la edad promedio de la maternidad o paternidad. Shaw sostiene que el aumento de la ausencia involuntaria de hijos se puede explicar en buena medida a partir del achatamiento sufrido en las últimas décadas por la curva de vitalidad. En una sociedad típica, la edad promedio de la maternidad pasó de los 24 años en los años ’70 a los 30 años en la actualidad. El pico de la campana se corrió hacia la derecha y a la vez toda la curva se acható. Es decir, la probabilidad correspondiente al pico es menor que antes.
En general, en la actualidad, si una mujer llega a los 30 años sin hijos, tiene una probabilidad del 50% de no tener hijos jamás. Por supuesto, las leyes estadísticas valen para los grandes números, no para cada caso particular. Aun así, es importante que los jóvenes tomen conciencia de que si, por ejemplo, planean casarse a los 35 años y tener uno o más hijos antes de los 40, su plan tiene una alta probabilidad de verse frustrado, por muchas razones.
Una razón fundamental es que hoy no es tan fácil para una mujer encontrar una pareja adecuada a los 30-33 años como lo era antes a los 22-25 años, cuando casi todos los jóvenes (hombres y mujeres) estaban buscando pareja casi al mismo tiempo con miras a casarse y tener hijos. Dado el achatamiento de las curvas de vitalidad, los porcentajes de hombres y de mujeres que, en un momento dado, buscan una pareja con la que quieren tener hijos son hoy bastante menores que los de los antiguos picos. El encuentro de un hombre y una mujer en sintonía es menos probable.
Otra razón fundamental es la menor fertilidad, sobre todo femenina, al acercarse a los 40 años. Aun suponiendo que una joven de 25 años logre realizar su plan de encontrar un novio adecuado a los 30 y casarse a los 35, hay una probabilidad no despreciable de que no pueda tener hijos, por problemas de él, de ella o de ambos.
Conclusiones
La humanidad se está acercando, no a una estabilización de la población mundial, como podría haber ocurrido si los gobiernos no se hubieron dejado llevar por el miedo a la superpoblación, sino al comienzo de un gran colapso demográfico. Las políticas neomaltusianas han generado o exacerbado problemas graves, como el envejecimiento de la población e incluso la caída demográfica. El IHME estima que en 2100, en todo el mundo, 2.370 millones de personas tendrán más de 65 años, mientras que solo 1.700 millones tendrán menos de 20 años.
Por desgracia, se sigue insistiendo con las mismas recetas fallidas y nocivas. El IHME estima que, si se cumplen las Metas de Desarrollo Sostenible referidas a la educación y la anticoncepción, la población mundial podría caer hasta los 6.300 millones en 2100.
Muchos políticos no han captado aún la gravedad de la situación o bien apelan a soluciones falsas, como la inmigración masiva. Dado que el problema de la caída de la fertilidad afecta al mundo entero, las migraciones no representan ninguna solución. Solo ofrecen un alivio transitorio en los países de destino a costa de agravar el problema en los países de origen y de desviar la atención de la verdadera solución: el aumento de la natalidad.
Si se quiere evitar el colapso demográfico, con todas sus consecuencias negativas y dramáticas, es necesario apoyar a los jóvenes para que les sea menos difícil formar una familia, tener hijos, mantenerlos y educarlos siendo aún jóvenes. Ese camino es arduo, pero la alternativa es la desaparición de la sociedad. (FIN).
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5 comentarios
Todos los jóvenes católicos que conozco acaban teniendo hijos, más pronto que los no católicos. Y eso que la humanae vitae ha sido muy mal transmitida y algunos ni han oído hablar de los motivos graves (la mayoría por pensar que con usar "métodos naturales" ya está todo hecho, otros por la ley del péndulo por pretender que hay que tener hijos en cualquier circunstancia).
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DIG: Pero no es lo mismo que la TGF baje de 5 a 3 hijos por mujer que que baje de 3 a 1.
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