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14.01.26

El mito de la superpoblación (3)

El maltusianismo ha hecho un daño incalculable a la humanidad

Daniel Iglesias Grèzes

Introducción

Las dos primeras partes de este trabajo se pueden ver aquí y aquí.

Hasta aquí hemos visto cómo la ley de la población de Malthus dio origen al maltusianismo, una ideología pseudocientífica y antihumanista, y cómo esa ideología, que alentó tanto el movimiento eugenésico como el movimiento del control de la natalidad, fue aumentando gradualmente su influencia cultural y política, lo que se tradujo desde el último tercio del siglo XX en innumerables medidas gubernamentales en casi todo el mundo, orientadas a frenar el crecimiento demográfico. En esta tercera parte analizaré las consecuencias provocadas por esas medidas de inspiración maltusiana.

El efecto principal de las medidas de control poblacional ha sido el de acelerar y perturbar una transición demográfica que se habría producido de todos modos, pero de un modo mucho más natural y menos dañino.

Esto se puede apreciar por ejemplo en el caso de China. En lugar de una transición demográfica normal, seguida por una estabilización de la población, las torpes y violentas políticas de control poblacional del régimen comunista chino han producido un gran envejecimiento de la población y un desequilibrio cuantitativo importante entre ambos sexos, y han puesto en marcha un colapso demográfico de enorme proporción. China ya ha dejado de ser el país más poblado del mundo y su población desciende año tras año. La ONU pronostica que la población de China, que actualmente es de unos 1.400 millones de habitantes, caerá a unos 630 millones en 2100; es decir que en unos 70 años se reducirá a menos de la mitad.

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2.01.26

El mito de la superpoblación (2)

La difusión de una ideología muy errónea y dañina

Daniel Iglesias Grèzes

La primera parte de este trabajo se puede ver aquí.

Según el propio Charles Darwin, su inspiración principal para formular la teoría de la evolución biológica por selección natural fue la ley de la población de Malthus. Muy pronto, todavía en el siglo XIX, la teoría darwinista, basada en la supervivencia de las razas más aptas en la lucha por la vida, fue aplicada a la propia especie humana, dando origen a un “darwinismo social”, íntimamente conectado con el “racismo científico” (en verdad pseudocientífico) y la eugenesia.

A principios del siglo XX, el supuesto “racismo científico” sustentó en Alemania la ideología nacionalsocialista, que incluyó la eugenesia como uno de sus objetivos principales. El movimiento eugenésico buscó acelerar la selección natural dentro de la especie humana favoreciendo la reproducción de los seres humanos presuntamente más aptos y desestimulando o prohibiendo la de los presuntamente menos aptos. Los eugenistas evaluaban la supuesta mayor o menor aptitud de los seres humanos en función de diversos criterios, incluyendo criterios basados en la raza, la clase social o las capacidades o discapacidades de cada individuo. Procuraron aplicar a la especie humana técnicas de reproducción semejantes a las aplicadas a especies animales en la cría de ganado o de mascotas. El movimiento eugenésico, muy fuerte en los países anglosajones hasta 1940, sufrió un gran eclipse después de la Segunda Guerra Mundial, debido al desprestigio de la eugenesia por su asociación con el régimen nazi.

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23.12.25

El mito de la superpoblación (1)

El origen pseudocientífico de un antihumanismo

Daniel Iglesias Grèzes 

La ley de la población de Malthus

En 1798 el clérigo anglicano Thomas Malthus (1766-1834) publicó su célebre Ensayo sobre el principio de la población, donde planteó una de las ideas más nocivas de la historia de la ciencia: su ley de la población. Citaré un texto clave de dicha obra, destacando en itálica el enunciado de la ley referida:

“Digo que la potencia de la población es infinitamente mayor que la potencia de la tierra para producir la subsistencia humana. La población, cuando no está controlada, crece en progresión geométrica. La subsistencia solo crece en progresión aritmética. Un conocimiento superficial de los números mostrará la inmensidad de la primera potencia en comparación con la segunda. Por esa ley de nuestra naturaleza que hace que el alimento sea necesario para la vida humana, los efectos de estas dos potencias desiguales deben mantenerse iguales. Esto implica un control fuerte y constante sobre la población debido a la dificultad de la subsistencia. Esta dificultad debe recaer en algún lugar; y necesariamente debe ser sentida de modo severo por una gran parte de la humanidad1.”

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