De pluma ajena. Los españoles que no se animan. La historia de España según Pérez Reverte
La axiología política de Pérez Reverte
Breve reflexión sobre Una Historia de España, Alfaguara, 2019
Por el Dr. Héctor H. Hernández para Que no te la cuenten
Para un español como yo que no lo soy pero que sí bien que me lo adjudico por participación como argentino agradecido y orgulloso de mi sangre, la lectura del “A modo de prólogo” de este libro era una promesa de justicia humana con mis ancestros y con la recta sabiduría política.
Por de pronto, esas más de treinta opiniones iniciales prologatorias, casi todas alabantes de un pueblo superior, auguraban un desarrollo del porqué de la superioridad española en toda la historia del mundo. Desde ya, ante todo, por la virtud del coraje, que luce mayoritaria en los dichos testimonios y son un clásico, sintetizado en “la infantería española”, “nuestros tercios” y así más. Pero de esa treintena de citas no hay que olvidar algunas, por ejemplo la que aprendí de Pérez Reverte que enseñó el mismísimo Voltaire, que superan la idea del pueblo bestia que sólo mata y muere y que no le entran balas en la cabeza y que son una manga de brutos y todo lo que te imagines, que el autor nos da aquí y allá y de nuevo y otra vez como característica telúrica hispana que recorrería todos los siglos.

Por razones de higiene mental, aunque sobre todo por la necesidad de una perspectiva histórica política que nos permita analizar con visión más amplia las mordeduras e insidias de la pandemia actual, dejemos de lado momentáneamente los terrores prensa-dirigidos, las contraacusaciones sobre el origen y las rutas del bicho, las guerras bacteriológicas, las conspiraciones de brujas (que las hay nomás…), las megamanipulaciones, las delaciones promovidas por tanto demócrata suelto con urgencias de dictadura y la imposición de solidaridades obedientes a las directivas de gurúes salvadores del mundo.
Como todos sabemos por nuestro Catecismo elemental, existen en la Iglesia Católica, los Mandamientos de la Ley de Dios (los famosos “10 mandamientos”, dados a Moisés en tablas de piedra, para que no se nos “olviden”…)
El actual Catecismo de la Iglesia Católica dice en su número 2447 lo siguiente:





