InfoCatólica / Que no te la cuenten / Categoría: Revolución francesa

30.11.20

Maurice D’Elbée, el general de la Providencia

Un extranjero naturalizado

De noble familia francesa instalada en la región alemana de Saxe, Maurice Joseph D’Elbée nació en Dresde, el 21 de marzo de 1752. Su padre, Maurice Gigost, Señor de la Gobinière, fue un reconocido general de infantería que terminó como consejero privado del rey de Polonia. Algo bastante común para la época, donde un número importante de nobles franceses servía en los principados alemanes de Prusia y Austria.

Al igual que su abuelo y su padre, el joven Maurice eligió la carrera militar, enrolándose a los 16 años en el ejército de Saxe donde sirvió varios años en el cuerpo de granaderos. En 1772, sus padres decidieron volver a Saumur, corazón de la Vendée, donde la familia tenía sus ancestrales raíces y naturalizar a su hijo como “francés”, lo que le permitió continuar en el regimiento de caballería ligera, hasta llegar a ser teniente a los 29 años. En el ejército recibió una formación especializada en la búsqueda, identificación y obstaculización de tropas enemigas, de la cual se servirá extraordinariamente para la guerra de guerrillas. Por su aptitud en combate y su disciplina militar intachable merecía el comando de una compañía, pero para ascender, Maurice debía consentir los caprichos lujuriosos de una condesa que comandaba realmente el regimiento… Como se negó diciendo que “prefería romper su espada antes que caer en bajezas con una mujer”, la despechada logró que los superiores le negaran el merecido puesto, hecho que determinó su dimisión en 1783.

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27.11.20

Jean-Nicolas Stofflet, el forastero vendeano

A pedido de algunos amigos y lectores continuaremos con las “Crónicas Vendeanas” que nos quedaron en el tintero. Por ahora, con los tres generales que faltaban: Nicolas Stofflet, Maurice D’Elbée y Louis Lescure. Creíamos que eran figuras menores pero nos equivocábamos… A decir verdad, uno no sabe cuál elegir pues cada uno tiene una faceta admirable y heroica que lo convierte en un “gigante” de la Patria y de la Iglesia.  

Para que no te la cuenten…

Hnas. Marie de la Sagesse y Mater Afflicta, S.J.M.


Un fiel servidor

En el centro de la Vendée militar, entre Cholet y Châtillon, se encuentra el castillo de Maulévrier con un importante obelisco en su patio interior, en el cual se leer: “A la memoria de Stofflet, nacido el 3 de febrero de 1753, en Barthélémont, General en jefe del ejército real del Bajo-Anjou, muerto en Angers, el 23 de febrero de 1796. Siempre fiel a Dios y al rey, murió obedeciendo”. En la cara opuesta está escrito: Este monumento fue erigido por Édouard Colbert, conde de Maulévrier, 1820”. El hombre a la gloria del cual se elevó el monolito no era simplemente el antiguo guarda bosque del castillo, sino algo más…

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29.10.20

El Ave Fénix de la Vendée: Reynald Secher

El despertar de un indiferente

Descendiente de una tradicional familia bretona y vendeana de 10 hermanos, Reynald Secher nació en 1955 en la pequeña comuna de La Chapelle-Basse-Mer (a 18 km. de Nantes) con el estigma de ser un ‘vendeano’, es decir, un vil traidor a los ‘beneficios’ de la Revolución Francesa. Por ello, cuando su profesor de historia de la Sorbona, el Dr. Jean Meyer, le propuso estudiar el levantamiento contrarrevolucionario, el joven estudiante, bajando la cabeza, respondió secamente: “No”. Luego, tomando aire, le explicó que, por razones intelectuales y familiares, prefería profundizar otro tema, ya que se sentía un poco ‘culpable’ por la traición a la República efectuada por sus ancestros. En efecto, para este principiante, la rebelión vendeana se reducía a repetir el relato oficial del momento: una guerra civil que había dividido a los franceses, con excesos de un lado y del otro. Además consideraba el tema como antiguas historias familiares, trapos viejos que se quemaban dentro y que nadie contaba fuera del círculo íntimo, pues, en su caso, implicaba abrir una vieja herida: parte de su familia había sido masacrada por los republicanos en la capilla de Les Lucs sur Boulogne. Punto final.

Pero el Dr. Meyer no se dio por vencido, y le propuso que, al menos como vendeano nato que era, le ayudase en la búsqueda de documentos y testimonios, pues, hasta ese entonces, no había estudios serios sobre la rebelión. ¡Y qué mejor, -le insistió el profesor- que comenzar por los legajos de tu propio pueblo La Chapelle-Basse-Mer!, por donde las columnas infernales habían pasado haciendo estragos. Sin poder negarse a colaborar en la búsqueda de la verdad histórica, el alumno aceptó el desafío sin mucho entusiasmo, aunque con la convicción interior que haría algo por sus antepasados.

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15.09.20

Crónicas de la Vendée (5-5). François Charette, "el rey de la Vendée"

Vive le Roy!

François Athanase Charette nació en Couffé, cerca de Nantes, el 21 de abril de 1763, en una noble familia de la región de Bretaña. Aunque su padre tenía el título de ‘Caballero y Señor de La Contrie’, no poseía gran fortuna y fue el tío quien se encargó de pagarle la educación. A los 16 años entró como aspirante a la marina real en Brest, a pesar de ser declarado por los médicos “inepto” para el mar y la guerra. Todos los días se lo veía correr a lo largo de precarias embarcaciones, con el fin de ejercitarse en las maniobras y vencer su débil constitución, y a fuerza de perseverancia, logró dominar el miedo al naufragio y mejorar su estado físico; dos años después ya era guardiamarina. Excepcionalmente fue promovido a teniente con 24 años: recorrió los océanos y mares, mostrando espíritu de mando, sangre fría y autoridad. En solo tres años ya había participado en once campañas desde el Caribe y el Mediterráneo hasta en las costas rusas del Mar del Norte, amén de participar en la guerra de la independencia americana, donde tuvo un rol destacado.  

En noviembre de 1790, viendo que el caos revolucionario desbordaba por doquier, pidió el retiro voluntario de la marina. Por esa misma época, en un baile de Nantes se enamoró de una quinceañera… hasta que apareció la madre de la jovencita reprochándole: “mi hija es demasiado joven para casarse con usted y yo no soy tan vieja para renunciar a eso”. Ni lerdo ni perezoso, se terminó casando con la viuda, Marie-Angélique Josnet, 15 años mayor que él; el matrimonio no duró mucho y solo tuvieron un hijo que murió a los tres meses de vida. Como la mayoría de los nobles, nuestro ‘Caballero François’ se exilió un tiempo en Alemania, pero enseguida volvió a la acción para participar entre los heroicos defensores de Las Tullerias como oficial del rey, exponiendo su vida por la monarquía. Al igual que Henri de La Rochejaquelein, logró escapar a tiempo de la masacre entremezclándose en las filas enemigas al llevar como trofeo la pierna de un guardia suizo que encontró por el camino y terminó refugiándose en su castillo de Fonteclose hasta nuevo aviso.

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9.09.20

Crónicas de la Vendée (4-5). Henri La Rochejaquelein, el Aquiles de la Vendée

El arcángel del Poitou

El conde de La Rochejaquelein, el célebre ‘Monsieur Henri, nació el 30 de Agosto de 1772, en el castillo medieval de la Durbelière, en Saint-Aubin-de-Baubigné, en el seno de una antigua familia del Poitou cuyos orígenes se remontaban a la época caballeresca. Fue el segundo de los siete hijos de Constanza de Caumont y Luis de La Rochejaquelin, Mariscal del Ejército del Rey y Coronel de un regimiento de caballería.

Henri La RochejaqueleinCuando en 1789 estalló la revolución, la familia se vio obligada a exiliarse en las Antillas francesas, donde tenía plantaciones, con excepción del joven Henri, que había elegido la escuela militar de Sorèze siguiendo los pasos de su padre. Con sólo 16 años se enroló en la guardia constitucional del rey, junto con su primo Luis María Lescure.

Desde la adolescencia era conocido como ‘el arcángel’, por su distinguido porte que atraía todas las miradas. Su cuñada[1], Victoire de Donnissan, marquesa de La Rochejaquelein, nos lo describe así: “era un joven alto, bastante tímido y que había vivido poco en el mundo; su maneras y su lenguaje lacónicos eran notables por su simplicidad y su natural, tenía una fisionomía muy dulce y noble: tez blanca, de abundante cabellera rubia y con ojos azules muy vivos y animados. A pesar de su aire tímido… se decía que tenía la mirada de un águila… se destacaba en todos los ejercicios físicos, especialmente al montar a caballo”.

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