12.05.21

El enigma de los Templarios. P. Javier Olivera Ravasi, SE

Hace ya algunos años, con bombos y platillos, la propaganda progre aplaudía de pie la novela (y posterior película) “El Código Da Vinci”: un thriller policial que gira en torno a La última cena del gran Leonardo. Allí, el genio de Anchiano (ciudad natal de Da Vinci), habría pintado según esta fábula, no tanto la primera misa de la historia, sino el amor oculto entre Cristo y… María Magdalena.

Sí; así como lo leemos; y esto y no otra cosa, sería el famoso y mítico “Santo Grial"…

Para rematarla, es para ello que los Templarios habrían nacido: para guardar el secreto. 

En fin, todo un gran licuado de frutas que confirma a los laicistas enceguecidos y descoloca a los católicos incautos.

Para intentar poner un poco de luz sobre el tema, basándonos en textos serios, hemos querido presentar este breve curso sobre un tema tan apasionante como poco conocido: “El enigma de los Templarios” para,

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

 


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10.05.21

Marie-Louise Regrenil, “La húsar”

Una novicia rebelde

Marie-Louise Regrenil fue otra viril vendeana que dejó los hábitos para unirse como soldado al ejército contrarrevolucionario. Hija de un matrimonio de granjeros, Jacques Regrenil y Jeanne Papaillon, nació en Saint-Florence el 8 de diciembre de 1755, siendo la segunda de seis hijos.

Desde muy pequeña había manifestado deseos de consagrarse a Dios, y en cuanto pudo concretar su vocación, entró al convento de las Ursulinas de Luçon donde su hermana mayor ya era religiosa. Sin embargo, cuando estalló el levantamiento y se precipitó la persecución religiosa, la simple novicia, no habiendo hecho todavía ningún voto, pidió permiso para dejar la clausura…  mientras sus hermanas se exiliaban a otro convento más seguro.

La bella húsar

En marzo de 1793, se vio llegar al improvisado ejército vendeano, cerca de Quatre-Chemins-de-l’Oie, a un apuesto joven de gran distinción y bien armado: fusil, pistola y sable envainado. Algunos campesinos que conocían perfectamente su identidad y procedencia, prefirieron silenciar su origen con un cómplice guiño de ojos.  

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4.05.21

Marie Antoinette, “el caballero Adams”

Divorcio en puerta

En la gloriosa serie de heroínas de las guerras de La Vendée, otro caso no menor, fue el de Marie Antoinette Pétronille Adams, más conocida como el “caballero Adams”, donde se entremezcla la venganza y el desacuerdo conyugal junto a la fidelidad al rey y el amor a Dios.

Nacida en 1763 en un hogar humilde de Chantonnay, fue protegida por la noble familia Lespinay que le otorgó la dote para poder casarse con un comerciante de Puybelliard llamado Lainé. El matrimonio de Marie Antoinette marchó mal desde el principio, debido a las diferencias entre los cónyugues, que la Revolución acentuó y el levantamiento hizo patentes…

En efecto, cuando estalló la insurrección en marzo de 1793, la discordia fue completa y terminó rebalsando el vaso. Lainé se reafirmó “patriota republicano” y su esposa “católica monárquica”. Su marido, viendo los avances y éxitos vendeanos, temió pagar caro sus dichos públicos en favor de la Revolución, y abandonó el hogar alistándose en el ejército republicano de Roynard. Se sabe que participó en la toma de La Rochelle donde los azules quedaron como dueños y señores del lugar.

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2.05.21

Jeanne Robin, una amazona vendeana

Las amazonas de la Vendée

Los historiadores de la guerra vendeana no se ponen de acuerdo acerca del rol llevado por las mujeres durante la insurrección de 1793. Para algunos pocos, como Michelet y su escuela liberal, una multitud de amazonas habría participado encarnizadamente entre las filas de los insurgentes; para otros ninguna mujer tomó las armas, salvo una o dos excepciones. Y, como suele suceder, la verdad está entre las dos posiciones, pues como hemos visto, las vendeanas participaron activamente durante todo el levantamiento de diferentes formas, y hasta combatiendo con armas al enemigo. Estas últimas son las que nos interesa destacar ahora.

Se conocen al menos más de una decena de mujeres que pelearon como hombres contra los republicanos. “En ellas, el móvil de la venganza, se entremezcla con la lealtad a la monarquía. Pero una vez lanzadas al ciclón, una vez que ellas han abandonado el hogar, van mucho más lejos que los hombres. Su timidez natural se convierte en heroísmo, su dulzura se transforma en cólera implacable…”

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30.04.21

La “Luz sagrada”: un fuego que no quema en el Santo Sepulcro

Según leemos en Infocatólica, una vez más ha fallado el intento de unificar las fechas de la Pascua entre los ortodoxos rusos y la Iglesia Católica.

¿Cómo? Sí; como leemos. Sucede que, desde hace siglos, católicos apostólicos romanos festejamos la Pascua (y la Navidad) “antes” que ellos (este año de 2021, será el 2 de Mayo). Es que, el calendario litúrgico de la Iglesia Católica no siempre coincide con el calendario de las iglesias denominadas “ortodoxas”; y esto desde 1582, año en que se adoptó el calendario gregoriano contra el calendario juliano, vigente hasta por entonces.

Sin embargo, aún antes de ese cambio de agujas, e incluso luego del cisma de Oriente (1054) en Jerusalén sucedía algo que hoy se desconoce casi por completo en ámbitos católicos; y nos referimos a lo que, cada Sábado Santo según la liturgia “ortodoxa” pasa en el Santo Sepulcro. Como viene sucediendo desde hace siglos conforme lo atestiguan los papas de la antigüedad: “el milagro de la Luz”.

Hace muchos años, estudiando el tema de las Cruzadas, leíamos este pasaje que, en su momento, no entendimos. Se trataba del famosísimo discurso de Urbano II durante el Concilio de Clermont, al convocar a las Cruzadas (1095) quien decía:

“Poneos en marcha hacia el Santo Sepulcro; arrancad aquellas tierras del poder de la raza maldita y guardadlas para vosotros… Jerusalén… Allí murió Cristo por nosotros; allí fue enterrado. Y en el sepulcro continúa realizándose el milagro anual. Pues –os digo lo que bien sabéis– todos los años, durante la Pasión, las lámparas se encendían sin intervención humana en la oscura iglesia. Y ahora, solo unos cuantos han presenciado el milagro; las lámparas continúan encendiéndose milagrosamente

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