Padres vs. obispos en las escuelas católicas alemanas
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Es un tema muy serio porque sus hijos pueden ser irrecuperables y estamos hablando de iniciarles en las prácticas de pecado mortal ya desde la infancia.
Le recomiendo que matricule a sus hijos en colegios del Opus Dei, en estos colegios les enseñan a rezar desde muy pequeñitos. He buscado en IA y Hamburgo no tiene colegios del Opus Dei, Alemania tampoco. Lo siento, pero tiene que salir de Alemania. Usted ya ha hecho lo que ha podido y si no lo consigue "sea valiente y huya" (San José María).
Hay salidas: Si. Márchese de Alemania. Si pierde el trabajo piense que la salvación eterna de sus hijos y la suya propia vale más que un puesto de trabajo, que un piso... estamos hablando de pagar un precio, de perder cosas materiales lícitas como es el trabajo y la vivienda por la vida eterna. La elección está clara: el Cielo.
Hay situaciones en las que hay que pagar un precio: el endemoniado de Gerasa fue liberado por Jesús, pero a cambio, los dueños de los cerdos perdieron la piara, que era mucho dinero. Pero el endemoniado quedó libre. Elija usted para sus hijos, usted y su familia, ser liberados por Jesús y pague el precio de marcharse de Alemania, y si conoce familias en su misma situación, explíqueles esto.
El Evangelio no dice que el dueño de los cerdos haya recibido compensación, tampoco aclara si el endemoniado era ese dueño. Si el endemoniado rescatado y el propietario de la piara eran personas distintas, entonces no es injusto quitar algo a uno para socorrer a otro.
Por cierto, al Opus Dei le persiguen hasta dentro de la Santa Iglesia Católica Apostólica. Toda una señal de su fidelidad santa a Jesucristo Nuestro Señor, Dios y Hombre verdadero ("si a mí me persiguen, a vosotros os perseguirán igual" "si el mundo os odia, a mí me ha odiado primero"...).
Los colegios e institutos del Opus Dei son ejemplares, un reducto de educación como Dios manda, con crucifijos, imágenes del Señor y de la Virgen María Santísima en las aulas, con jornada iniciada con rezo diario y con celebración de la Natividad del Señor y de la Pascua como siempre se ha hecho. La influencia que ejercen sobre los pequeños es impagable, siembran la buena semilla y forjan a los mejores hombres y mujeres del futuro, a los más fuertes en la fe y con carácter (como el que imprime la lectura y meditación de Camino). Dios los proteja y los expanda por todo el mundo, incluso en Alemania, a pesar de las tremendas dificultades. A veces uno piensa que el Opus Dei debió haber aparecido siglos antes. En fin, Dios es infinitamente sabio y todo viene cuando tiene que venir.
Cuanto bien ha traído al mundo el siervo del Señor san Josemaría Escrivá de Balaguer y los suyos. Dios bendiga al Opus Dei, a todos sus hijos e hijas y que les premie con el Reino de Dios cuando terminen su misión en este mundo tan ingrato y tan alejado de Dios.
Por mucho que se aluda a Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), una isla de "ortodoxia" en Alemania (ortodoxia en la fe y la teología, que no en testimonio de la verdad ni en caridad), ni siquiera éste dejó de acusar la descristianización que siguió a la guerra y sus horrorosas consecuencias. No en vano, Ratzinger reconoce en sus memorias ser un desertor alemán y sólo evalúa la situación de Alemania en su juventud en función de su experiencia familiar, muy excepcional gracias a Dios, pero silencia la de sus compatriotas, incontables de ellos católicos como él, que no corrieron su misma suerte en cuanto a asesinatos, esclavitud y vejaciones, pues ni los que cayeron bajo dominio de los norteamericanos se libraron de todo tipo de vejaciones, especialmente las niñas, las mujeres y las monjas.
Con todo lo que se diga, no se supo discernir al enemigo (los escritos de Ratzinger le delatan a él mismo). Se coló el mosquito y se tragó camellos por manadas. Se pudo haber cambiado el curso de las cosas, pero no se atendió la llamada que debió atenderse (mensaje de Fátima). Y las consecuencias desde entonces han sido devastadoras para las almas. Y lo malo es que sigue sin rectificarse el rumbo.
Habría que consultar ese invento mundano de engaño de los concordatos de las naciones, porque lo que está ocurriendo tanto con el papa o sucesor de san Pedro en Roma, como con los cardenales, como con los arzobispos y los obispos, hoy enfrentados unos contra otros, es, cuando menos, totalmente anómalo. Hoy no parecen sucesores de los Apóstoles, sino más bien funcionarios puestos por los poderes públicos políticos.
¿Cómo es posible que se haya consentido la penetración de la política en la Santa Iglesia Católica Apostólica y no se haya reaccionado firmemente antes contra ella? Menuda negligencia, incluso de los que somos fieles laicos. Lo vamos a pagar muy pero que muy caro, y eso contando con la Misericordia de Dios. Tal mente parece que vivimos esos tiempos en que "si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie...". Vamos a sufrir lo que otras generaciones anteriores no han sufrido ni por asomo. Y lo tenemos bien ganado y merecido por consentir, tal vez por conveniencia mundana e interés, lo que nunca debimos consentir (Rm 1, 32, redacción de la Vulgata, no la suavización actual anestesiadora de fieles).
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