(750) Comentario a la Nota doctrinal Mater Populi Fidelis. María Corredentora
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Esta Nota doctrinal reciente del Dicasterio de la Fe (7-10-25), firmada por el Cardenal Víctor Manuel Fernández, con la aprobación del papa León XIV, ha suscitado reacciones diversas, contrarias entre sí. Y esta diversidad de apreciaciones ha ocasionado confusión en no pocos cristianos. Algunas reacciones son gravemente falsas, como las difundidas por Alejandro Sosa Laprida, Miles Christi, El Vaticano arremete contra la Virgen María (09-11-2025).
La Asociación Mariana Internacional ha publicado un amplio documento en el que lamenta y critica la eliminación del título mariano de Corredentora en la citada Nota. En él afirma con numerosos argumentos la inconveniencia de esa eliminación, que «causará confusión y dolor a los fieles». Y muestra el impacto negativo producido ya en algunas realidades de la Iglesia.
Es, pues, conveniente aclarar esta “Nota doctrinal” pontificia con ciertas observaciones que, con la gracia de Dios, espero que podamos hacerlas acertadamente.
Veracidad doctrinal de la Nota
La Nota doctrinal Mater Populi fidelis expone rectamente La cooperación de María en la obra de la salvación (Nota nn. 4-15 ss), fundamentándola, como lo hace la Iglesia, en que María, por pura gracia de Dios, libremente, da el Sí de la Encarnación y el Sí de la Cruz. Ella es consciente, por las palabras del ángel Gabriel, de que ha sido llamada a engendrar, sin concurso de varón, a Jesús, que así ha de llamarse, porque viene al mundo «para salvarlo» como Redentor (Mt 1,21). Afirma, pues, la Nota claramente el sentido católico de esta misión excelsa de María, así como otras realidades de la fe por las que durante siglos ha sostenido el Magisterio de la Iglesia el grandioso título de «Corredentora».
Dice la Nota:
(9). «En los primeros siglos del cristianismo, los Santos Padres se interesaron principalmente por la maternidad divina de María (Theotokos), por su virginidad perpetua (Aeiparthenos), por su perfecta santidad, libre de pecado a lo largo de toda su vida (Panagia) y por su función de nueva Eva (11), concentrando en el misterio de la Encarnación la reflexión sobre la asociación de María a la Redención de Cristo. El «sí» de María ante el saludo del arcángel san Gabriel, para que el Verbo de Dios se hiciese carne en su vientre (cf. Lc 1,26-37), da al ser humano la posibilidad de ser divinizado. Por eso, san Agustín llama a la Virgen “cooperadora” en la Redención”, subrayando tanto la acción de María junto a Cristo como su subordinación a Él».
(17). Recuerda la Nota que «el título de Corredentora aparece en el siglo XV como corrección a la invocación de María como Redentora (abreviación de Madre del Redentor), que María venía recibiendo desde el siglo X». Y añade que (18) «Algunos Pontífices han utilizado este título [de Corredentora] sin detenerse demasiado en su explicación»… El Vaticano II evitó usar el término «por razones dogmáticas, pastorales y ecuménicas. San Juan Pablo II lo utilizó, al menos, en siete ocasiones».
(19). Posteriormente, algunos movimientos modernos, como Vox Populi Mariae Mediatrici, solicitaron «una definición del dogma de María como Corredentora o Mediadora de todas las gracias». Pero el cardenal Ratzinger, prefecto del Dicasterio de la Fe, no aceptó este «desarrollo dogmático», alegando falta de base en la Escritura y en la Tradición e inmadurez en su fundamentación teológica.
(21) El papa Francisco negó el uso del título en tres ocasiones, “alegando que María jamás quiso para sí tomar algo de su hijo. Jamás se presentó como co-redentora. No. Discípula” [39].
Añado yo a los documentos antiguos citados en la Nota sobre la cooperación de María en la obra de la Redención el testimonio de dos Padres muy antiguos, sumamente venerables, que aunque todavía no empleen el término de Corredentora, confiesan la fe que esa palabra expresa.
San Justino Mártir (+163). –«Cristo se hizo hombre por medio de la Virgen, para que la desobediencia causada por la serpiente recibiera su destrucción del mismo modo en que había tenido su origen. Porque Eva, siendo virgen e incorrupta, concibió la palabra de la serpiente y dio a luz desobediencia y muerte; pero la Virgen María, llena de fe y de gozo, concibió cuando el ángel Gabriel le anunció la buena nueva. (Diálogo con Trifón, 100). –«Cristo nació de una Virgen, para que por el mismo camino por el que comenzó la desobediencia, por ese mismo camino fuera destruida» (ib. 43). «Cristo nació de una Virgen, para que por el mismo camino por el que comenzó la desobediencia, por ese mismo camino fuera destruida.» maria
San Ireneo de Lyon (+200). –«Así como Eva, desobedeciendo, se hizo causa de muerte para sí misma y para todo el género humano, así también María, obedeciendo, se hizo causa de salvación para sí misma y para todo el género humano» (Adversus haereses III, 22,4). –«El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe» (Ib. III, 22, 4). –«Porque así como aquella [Eva] fue seducida para huir de Dios por la palabra de un ángel malo, así también esta [María] recibió la buena nueva por la palabra de un ángel bueno, para llevar a Dios en obediencia» (Demonstratio apostolica, 33).
Concluyendo. Todas las realidades espirituales enseñadas por la Nota acerca de la cooperación excelsa y única de la Virgen María en la obra de Redención realizada por Cristo, han sostenido durante siglos en María el título de Corredentora. Y si este título expresa unas realidades verdaderas de la fe, no se ve una razón suficiente para suprimirlo en el hecho de que haya sido malinterpretado por algunos cristianos y asociaciones al paso de los siglos. Por ejemplo, cuando y donde se haya atribuido a María una función redentora que se añade a la obrada por Jesús, que es el único Redentor, algo que no es correcto porque la obra de la Redención de Cristo es perfecta y nosotros, incluida Nuestra Señora, en ningún caso podemos añadir nada a esa obra por nosotros mismos, sino solo en el plano de la colaboración por la gracia recibida por Ella del mismo Redentor.
Tengamos en cuenta, sin embargo, que en estos casos, aunque se expresen verbalmente esos errores con alguna frecuencia, de hecho, será frecuente que lo erróneamente expresado sea dicho con sentido ortodoxo, el mismo que emplea San Pablo cuando dice: «completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). Bien sabe el Apóstol que Cristo es «el único Redentor», con infinito poder de salvación, y que quien colabora con Él, lo hace movido por su gracia. Y también lo sabía, cómo no, la Virgen María, la Llena de gracia, la Esclava del Señor.
Eliminación del término Corredentora referido a María
Parece contradictorio que la Iglesia hoy, en la Nota citada, reconozca por una parte que todas las connotaciones implicadas en el término «Corredentora» son verdaderas en la fe (4-16), y que por otro lado niegue hoy la conveniencia del uso multisecular de ese título, tanto en el Magisterio como en la devoción de los fieles.
En efecto, la Mater Populi considera inconveniente aplicar a María el término de Corredentora, y así lo declaró antes informalmente el Papa Francisco y ahora, firmando la Nota, León XIV, y anteriormente, el cardenal Ratzinger. Intentemos, pues, aclarar el sentido de esta aparente contradicción. Y comienzo por recordar los cuatro lugares fundamentales de la eliminación.
+ (18) Primero. «En 21 de febrero de 1996, el entonces Prefecto de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Joseph Ratzinger, ante la pregunta de si era aceptable la petición del movimiento Vox Populi Mariae Mediatrice para una definición del dogma de María como Corredentora o Mediadora de todas las gracias, respondió: Negativo». Alegando, entre otras razones, que [20] ello «alejaría demasiado de la Escritura y la Tradición»… Esta apreciación prudencial parece ser negada por la propia Nota Mater Populi, pues, como hemos visto, en muchas de sus partes, sobre todo en los números 4-16ss, da numerosas referencias de Escritura, Padres y Magisterio eclesial que afirman lo contrario.
+ (21) Segundo. «El Papa Francisco expresó, al menos tres veces, su posición claramente contraria al uso del título de Corredentora. “Ella no pidió para sí misma ser cuasi-redentora o una co-redentora: no. El Redentor es uno solo y este título no se duplica” [40]. Cristo “es el único Redentor: no hay co-redentores con Cristo” [41]… Cristo es el único Redentor “que presenta una satisfacción sobreabundante e infinita” [42].
Empleando una expresión del propio Papa Francisco, casi nos atreveríamos a llamar a estoTerrorismo verbal… Todos los títulos marianos y las verdades de la fe pueden ser, y son a veces, mal interpretadas por personas sin formación suficiente o malformadas con falsas doctrinas. Pero esto no lleva a eliminar formulaciones verbales de la fe, normalmente logradas por una larga tradición de Padres, Santos y Doctores, Sínodos y Concilios.
Que la Virgen María quiera «quitar para sí» ciertos títulos propios de Jesucristo es claramente falso. Esta argumentación que supone como posible ese error, ya a primera vista resulta tosca y sin valor. En las mismas palabras de Francisco que acabo de citar alude él mismo a «nuestra Señora». Y ya es error decir que María “quita”, pues no es Ella la que se da el título de Corredentora, sino la Iglesia. Y la Iglesia, obviamente, al decir de María Señora ¿acaso quita con ello a Jesús el título de «Señor»?… «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18)… ¿Es un peligroso abuso llamar Señora a la Madre de Cristo? La Iglesia llama a María “Madre del Buen Consejo”… Quita así el don de Consejo al Espíritu Santo, pues es uno de sus siete dones?… Et sic de caeteris. Y por otra parte…
Muchos son los títulos marianos que aplicando esa «lógica» teológica tendrían que ser eliminados. Por ejemplo, habría que considerar gran abuso dar a María el título de Porta coeli, porque usaría abusivamente un título que pertenece solo a Cristo, como Él mismo lo afirma: «Yo soy la puerta»: no hay otra (Jn 10,1-10)… Pero pensar así es gran error: sería suponer que hubiera «dos puertas» para ingresar en el cielo, la de Cristo y la de María. Y peor si se piensa, se diga o se sienta que la puerta de María es más ancha, más compasiva que la de Jesús, al ser ella Madre de quienes pretenden entrar. Estaríamos malpensando de la Iglesia, que durante tantos siglos, en las Letanías lauretanas, en el nombre de basílicas, monasterios, ciudades, Órdenes religiosas, y en tantas otras ocasiones, ha aludido dulcemente a María como «Puerta del cielo». Como también la ha llamado –sin ofender a Cristo quitándole algo– Reina de la paz, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores… ¿Será posible que la Humilde Esclava del Señor quiera «quitarle» éstos y otros títulos a Cristo?… Terrorismo verbal. ¿Quién puede suponer siquiera esa posibilidad al tratar del título de Corredentora?… Quod nimis probat, nihil probat: el que pretende probar demasiado, nada prueba.
+ (22) Tercero. «Teniendo en cuenta la necesidad de explicar el papel subordinado de María a Cristo en la obra de la Redención, es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María».
Se ha dicho que la Nota doctrinal Mater Populi elimina en María el título de Corredentora… Sin embargo, eliminaciones semejantes solo pueden darse en cuestiones doctrinales mal formuladas o mal entendidas, pero son imposibles en cuestiones disciplinares, pues por su propia naturaleza son prudenciales. Éstas, tomadas en la historia por el Papa, los Sínodos o los Concilios, vienen a determinar ciertos mandatos en favor del bien de los cristianos, y su determinación está afectada en parte por las circunstancias, siempre cambiantes al paso de los siglos. Una supuesta eliminación doctrinal del término Corredentora como la que se atribuye a la Nota sobre un título de María significaría de forma implícita una reprobación de lo realizado por numerosos Santos Padres, Papas, Sínodos, Concilios, Doctores la Iglesia, durante los siglos pasados: algo que es impensable y ofensivo a oídos piadosos. Téngase, pues, en cuenta que, aunque la Nota se diga doctrinal, su decisión debe entenderse como prudencial, algo que corrobora el lenguaje de la propia Nota, al hablar de “inoportuno”, que es un término propio de las cuestiones prudenciales.
Examinemos, pues, la cuestión en esos términos. Al suprimir el título de Corredentora a la Virgen María, la Nota corre el riesgo cierto de fomentar una devaluación notable de la Autoridad doctrinal y disciplinar de la Iglesia. Y podrá decirse: si la Autoridad pontificia elimina hoy el título de María Corredentora, mañana con la misma autoridad podrá retirar esa prohibición, dentro de un tiempo, cambiados los criterios rectores de una nueva Autoridad. Es, pues, previsible que con esa eliminación se va admitiendo la no fiabilidad de la Iglesia, incluso en cuestiones importantes. Y que esa falibilidad se irá reconociendo en otras cuestiones hoy prohibidas: anticoncepción, sacerdocio femenino, aborto, segundo matrimonio, etc. Se entiende, “no maduras” todavía para la aprobación.
+ Cuarto. Como ya hemos visto, dice la Nota que «es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María»… Y refuerza su juicio añadiendo este argumento: (23) «Cuando una expresión requiere muchas y constantes explicaciones, para evitar que se desvíe de un significado correcto… se vuelve inconveniente».
No convence ese principio. El título de María Corredentora no parece exigir mayores explicaciones. Viene a decir que la cooperación de María en la Redención obrada por Cristo es cualitativamente única, y mayor que cualquier otra en la historia de la Salvación, porque ella, aceptando libremente el designio de Dios que le ha sido revelado por el Ángel, es nada menos que la Madre del Redentor. Y eso lo entiende cualquiera. Sin mayores explicaciones: es Corredentora. ¿Qué tiene de excesiva esa palabra, dicha de la Madre de Jesús, la que “como esclava del Señor”, obedeciendo al designio de Dios, ha dado a la humanidad al único Redentor del mundo?…
Por otra parte, todas las verdades de la fe requieren explicaciones, y algunas necesitarían muchas y muy difíciles: la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma por la gracia, etc. Son tantas, que normalmente apenas se dan explicaciones de ellas al fiel creyente, ya que normalmente éste –con la gracia de Dios– las cree porque se fía de lo que le afirma la Iglesia, Madre y Maestra. Por eso nadie piensa en retirar términos tan elocuentes como el de Eucaristía, Inhabitación, etc. Se afirman y reafirman dentro de la Iglesia, «sacramento universal de salvación», y el fiel las cree. Y de ellas vive. «El justo vive de la fe» (Rom 1,17)… ¿Por qué habrá de eliminarse, como siempre inoportuno, el término de Corredentora, aplicado durante siglos a María ?… Es extraño.
Paso a otro comentario. Y es importante.
* * *
Se puede sospechar que la eliminación del título mariano de «Corredentora» tiene su motivo fundamental en un ecumenismo falso. ¿Qué necesidad había de realizar ese «cambio», como no se realice por un ecumenismo mal entendido?… Si se dice que la eliminación del título de Corredentora vino aconsejada porque era malentendido en no pocos católicos, el remedio verdadero sería mejorar en la teología, la catequesis y la predicación la verdadera fe que ese título implica y expresa; no en eliminar el título. Pero no. El propio Prefecto del Dicasterio de la Fe, Cardenal Víctor Manuel Fernández, declara en la primera página de la Nota (Presentación), que la Mater Populi fidelis «implica una profunda fidelidad a la identidad católica y, al mismo tiempo, un particular esfuerzo ecuménico». Ahí está quizá «la madre del cordero».
Sabido es que una buena parte del mundo protestante, desde su principio, acusó a la Iglesia Católica, entre otras causas, por su pretendida mariolatría. Y quizá ese «particular esfuerzo ecuménico» en la Mater Populi llevó a decidir: «Eliminemos el título mariano de Corredentora, y conseguiremos así dar un paso adelante en la unión de las Iglesias. Pero sigamos confesando la verdadera tradición de la fe católica en todo lo que la palabra Corredentora ha significado secularmente en la Iglesia».
Esta explicación que sugiero la entenderemos mejor si conocemos lo que el Cardenal Kurt Koch, Prefecto del Dicasterio para la promoción de la Unidad de los Cristianos, ha declarado recientemente, después de la visita del Papa León XIV al Líbano y Turquía:
Según Koch, “existen hoy en la Iglesia dos concepciones distintas para promover la unidad cristiana”. La primera, compartida por la Iglesia Católica y las Iglesias ortodoxas, busca “la unidad en la fe, en los sacramentos y en los ministerios, con el objetivo de la comunión plena”. La segunda visión, presente en algunas iglesias surgidas de la Reforma, propone que “todas las iglesias permanezcan como están actualmente y que se reconozcan mutuamente como iglesias… La suma de todas las denominaciones existentes sería entonces la única Iglesia del Señor. Esta es una concepción completamente diferente, que no es compatible con la visión católica”… Y añadió que «se encuentra en no pocas iglesias surgidas de las reformas», pero «lamentablemente también goza de una popularidad cada vez mayor entre los católicos». Hasta aquí una gran verdad de la actual situación del ecumenismo, afirmada por el Cardenal Koch.
Sigo yo. Desde el Vaticano II hasta hoy, la Iglesia Católica ha multiplicado sus relaciones con los que se han venido a llamar «los Hermanos Separados». Separados, claro, por el cisma y la herejía. Pero –no sé si me equivoco–: 1º) me parece que más se ha producido en este tiempo la protestantización de la Iglesia en algunos aspectos y regiones, que la catolización de las denominaciones protestantes. Y 2º) incluso se puede sospechar que el notable respeto y aprecio que la Católica viene manifestando en este tiempo por las comunidades cristianas separadas de Roma –de suyo bueno, pero frecuentemente exagerado–, habrá tenido como consecuencia que éstas acrecienten su autoestima y se reafirmen en su separación de Roma, como no sea en un plano afectivo y amistoso –caminar juntos–. Por esa vía, aparentemente positiva, es posible que nuestros Hermanos separados se mantengan más resistentes a los objetivos fundamentales del verdadero ecumenismo católico.
Confirmando la anterior suposición, pongo un ejemplo. Sabida es la fuerte repulsa contra el sacerdocio ministerial que los herederos de Lutero mantienen. Su maestro, al tratar del Orden en su escrito La cautividad babilónica de la iglesia, afirma que “el orden, como sacramento que constituye en clérigos a esta clase de gente, es verdadera, única, mera y totalmente una ficción inventada por personas que no tienen ni idea de lo que a la iglesia respecta, ni del sacerdocio, ni del ministerio de la palabra”, etc. Pues bien, no parece una sospecha sin fundamento atribuir en buena parte al “gran esfuerzo ecuménico” la devaluación profunda que el ecumenismo moderno haya influido en le disminución enorme del número de sacerdotes, particularmente en el Occidente. En el tiempo que he señalado, se ha ido eliminando cada vez más en la Iglesia el término «sacerdote», sustituyéndolo por el de «pastor», que es verdadero y católico, pero, si se utiliza en exclusiva, como hacen los protestantes, resulta gravemente deficiente. Se da el caso de que en algunas Diócesis, en sus campañas anuales para suscitar vocaciones sacerdotales, procuran reducir al mínimo o suprimir en su hojas y folletos de propaganda el vocabulario sacramental de Orden, del ministerio sacerdotal sagrado, de la Misa… Parece increíble…
La realidad es que en el diálogo ecuménico las concesiones en palabras, realizadas para contentar a los protestantes, han tenido malos efectos. Cuando se procura evitar en la catequesis, la predicación y las campañas vocacionales el necesario énfasis en el misterio del Orden sacerdotal, se minimiza lógicamente al mismo tiempo el número de vocaciones sacerdotales. De hecho, podemos señalar que en medio siglo, justamente cuando el vocabulario sacerdotal ha disminuido notablemente, también se ha reducido el número de sacerdotes en la Iglesia, y en un grado enorme y extensión de regiones, sin precedentes en la historia. Sobre todo de Occidente. Y con ello, el ecumenismo falso habrá visto un progreso en «la unión de las ‘iglesias’».
No desarrollo más esta cuestión, pues espero que los lectores entiendan que «los particulares esfuerzos ecuménicos» que quizá hayan llevado a la Mater Populi a eliminar el título mariano de Corredentora no acercan, sino que alejan a la Iglesia del ideal ecuménico verdadero, el ecumenismo promovido por el Concilio Vaticano II en su decreto Unitatis Redintegratio. Este documento conciliar, ya en su mismo título, promueve la verdadera unión ecuménica, es decir: la que reintegra las varias confesiones cristianas no-católicas en la única Iglesia, la católica, fundada por Cristo y sus apóstoles (Unitatis Redintegratio 1).
Vuelvo al tema central del artículo, acudiendo a las mismas palabras de la Mater Populi.
(13) «La cooperación de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación ha sido expuesta por el Magisterio de la Iglesia [la Nota cita aquí siete documentos de la Iglesia, entre encíclicas, Discursos y Cartas. La Asociación Mariana Internacional cita 14 documentos: entre ellos, 4 encíclicas]. Como dice el Concilio Vaticano II, “con razón, pues, creen los Santos Padres que Dios no utilizó a María como un instrumento puramente pasivo, sino que ella colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres” (Lumen Gentium 56). Esta asociación de la Virgen está presente tanto en la vida terrena de Jesucristo (concepción, nacimiento, muerte y resurrección) como en el tiempo de la Iglesia».
Y así lo afirma la Nota. Una de las varias palabras que durante muchos siglos han expresado en la Iglesia ese formidable misterio de María, en cuanto cooperadora íntima del Redentor, ha sido la de «Corredentora», que siempre ha mantenido en la enseñanza católica el verdadero sentido de la fe. La Iglesia nunca ha estimado que los títulos tradicionales de María hayan «quitado» algo a la plenitud gloriosa y única de nuestro Señor y Redentor Jesucristo.
La evitación de la terminología «sacerdotal», frecuente hoy en muchas Iglesias locales, sobre todo en Occidente, es signo y causa de la muy grande ausencia de vocaciones sacerdotales en tales Iglesias.
Valga el ejemplo para indicar que por la Mater Populi fidelis, al proscribir el término Corredentora, aunque expone rectamente en su documento «la cooperación de María en la obra de la salvación» (4-15 y ss), es posible que no estreche las relaciones ecuménicas en la única fe católica, pero sí que colabore a la disminución de la devoción a Santa María, en cuanto «Madre del Redentor».
Todas las palabras propias del cristianismo pueden ser malinterpretadas por quienes adolecen de una formación en la fe escasa o deficiente. Y esa circunstancia tan grave se da lógicamente en las Iglesias locales que padecen hoy una abrumadora mayoría de bautizados no practicantes. Son muchas en el Occidente descristianizado. Pero se puede pensar que el remedio a tan grave mal no está en suprimir palabras de gran tradición en la Iglesia Católica, desprestigiando así la fiabilidad de su Magisterio doctrinal y disciplinar, sino que está en mejorar la formación que reciben los fieles en catequesis, predicaciones y escritos.
Y paso a otra cuestión, que también es importante.
Es preciso distinguir en cualquier doctrina o disciplina de la Iglesia la veracidad de su contenido y, de otro lado, la oportunidad de su publicación. No siempre la negación de su oportunidad en alguna cuestión implica necesariamente una negación de sus contenidos doctrinales o disciplinares. Este caso lo vemos hoy en la prohibición del título mariano de Corredentora por parte de la Nota Mater Populi, pues ese mismo documento, cuando recuerda el uso de esa palabra en la Iglesia durante siglos, testimonia su veracidad. Pero elimina su uso. Y no es un caso único, sin precedentes.
Podemos recordar como ejemplo el caso de la Prohibición de leer la Biblia, cuando la Iglesia, en tiempos de la Contrarreforma, ordenó para proteger a los fieles por la disciplina pastoral de las herejías protestantes, que solían difundirse a través de falsas interpretaciones de la Biblia. En esas circunstancias, la Iglesia se vio en la necesidad de regular las traducciones y el acceso a las Escrituras, especialmente en las versiones vernáculas y sin notas, que favorecían el libre examen de los textos.
En aquellas circunstancias de confrontación entre católicos y protestantes, éstos alegaban que la Iglesia era enemiga de la Biblia, pues prohibía su lectura. Cuando en realidad la Iglesia siempre, en liturgia, catequesis, predicaciones y escritos, ha cultivado el conocimiento y veneración de las Sagradas Escrituras, entendiéndolas como Palabra de Dios. Mientras que los protestantes redujeron la Escritura a palabras humanas, pues por el libre examen, consideraron legítimas las interpretaciones personales de cada lector. Pues bien, algo semejante sucede hoy con los católicos que hoy combaten en mala forma a la Mater Populi fidelis por su eliminación del término Corredentora en textos oficiales, difundiendo falsamente que El Vaticano arremete contra la Virgen María.
Hoy puede ser retirado el uso del término Corredentora, si la Autoridad de la Iglesia así lo decide, considerando que su uso puede difundir o confirmar errores sobre la función de María en orden a la redención: p. ej., el caso de los que piensan o sienten que María, por ser mujer y madre, es más compasiva que el Redentor. Etc. Por eso, Autoridades apostólicas actuales, que conocen y reconocen la verdadera doctrina de esa Corredención en todas sus connotaciones (intercesión, participación máxima en la redención obrada por el único Salvador, maternal solicitud, etc.), pueden negar hoy la conveniencia de su uso, sin que por eso «arremetan» contra la fe la Iglesia.
Aclaración posterior a la Mater Populi
La Nota recibió muchas objeciones y preguntas. Y posteriormente el cardenal Fernández suavizó las tajantes expresiones prohibitivas del documento. En respuesta a periodistas, precisó que el título mariano de Corredentora ya no se usaría en la liturgia ni en documentos oficiales de la Iglesia, pero que podía seguir usándose en un nivel privado devocional.
Concluyendo
La Nota Mater Populi fidelis, contiene un mandato disciplinar, y por tanto prudencial. Un mandato que debe ser respetado por los hijos de la Iglesia, Mater et Magistra. Un mandato que con los años puede cambiar, como esta vez se ha cambiado. Con la misma autoridad.
Ya ahora mismo, la notable resistencia a la Nota doctrinal publicada por el Dicasterio de la Doctrina de la Fe [7-10-25], llevó a su cardenal Prefecto a suavizarla con unas declaraciones posteriores en una entrevista con periodistas. Transcribo del documento citado por la Asociación Mariana Internacional:
“Los teólogos acogen favorablemente una aclaración posterior del prefecto de la DDF, el arzobispo Víctor Fernández, quien declaró a la periodista Diane Montagna el 25 de noviembre que el título de Corredentora es “de ahora en adelante", “siempre inapropiado” para usarlo en “documentos oficiales del Magisterio", pero que puede seguir usándose “en discusiones, grupos de oración y devoción privada".
Final
San Bernardo (1090-1153), monje francés cisterciense, abad de Claraval, Doctor de la Iglesia, fue gran difusor y acrecentador de la devoción a la Virgen María. Y una de sus frases más conocidas es «De Maria nunquam satis». De la Santísima Virgen María, madre de Jesús, madre de Dios, nunca conoceremos, nunca tendremos palabras suficientes para expresar su santidad, su gloria, su fuerza santificadora, que por excelsa gracia única, le comunica siempre su Hijo divino, el Redentor, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
José María Iraburu, sacerdote
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