Mírame para que te ame, llámame para que te mire

San Agustín de Hipona- Philippe de Champaigne (+1674)

En el Apéndice del Breviarium Romanum se contienen unas bellas y “piadosas peticiones” atribuidas a san Agustín. Aquí las ofrecemos, junto con una traducción más bien literal de las mismas, ordenada a comprender el rezo del texto latino, cuya fuerza es insuperable.

Únicamente queremos apenas detenernos previamente en lo que no podemos dejar de notar, a saber, la católica teología de la gracia del gran Doctor de la gracia: “Mírame a mí, para que te ame a Ti. Llámame a mí para que te vea a Ti y eternamente goce de Ti”. Como dirá luego otro gran agustiniano, santo Tomás de Aquino:  “Amor Dei est infundens et creans bonitatem in rebus” “el amor de Dios es el que crea e infunde la bondad en las cosas” (S. Th., I, q. 20, a. 2, c.). Y algunos siglos más tarde dirá otro gran agustiniano, san Juan de la Cruz: “Cuando Tú me mirabas, su gracia en mí tus ojos imprimían: por eso me adamabas, y en eso merecían los míos adorar lo que en Ti vían” (Cántico espiritual (B), 32). Es la “mirada de Dios” la que deja gracia y hermosura en el alma: “después que me miraste, gracia y hermosura en mí dejaste” (cf. ib., 33).

Piae petitiones Sancti Augustini

Dómine Iesu, nóverim me, nóverim te,

nec áliquid cúpiam nisi te.

Oderim me et amem te.

Omnia agam propter te.

Humíliem me, exáltem te.

Nihil cógitem nisi te.

Mortíficem me et vivam in te.

Quæcúmque evéniant accipiam a te.

Pérsequar me, sequar te,

sempérque optem sequi te.

Fúgiam me, confúgiam ad te,

ut mérear deféndi a te.

Tímeam mihi, tímeam te,

ut sim inter eléctos a te.

Diffídam mihi, fidam in te.

Obœdíre velim propter te.

Ad nihil affíciar nisi ad te,

et pauper sim propter te.

Áspice me, ut díligam te.

Voca me, ut vídeam te

et in ætérnum fruar te.

Amen.

Traducción: 

Señor Jesús, que me conozca a mí, que te conozca a ti,

y no desee otra cosa sino a Ti.

Que me odie a mí y te ame a Ti.

Todas las cosas haga por Ti.

Que me humille a mí, que te exalte a Ti.

Nada piense sino a Ti.

Que me mortifique a mí y viva en Ti.

Todo cuanto suceda lo acepte como venido de Ti.

Que me persiga a mí, que te siga a Ti,

y siempre desee seguirte a Ti.

Que huya de mí, que me refugie en Ti,

de modo que merezca ser defendido por Ti.

Que me tema a mí, que te tema a Ti,

de modo que me encuentre entre los elegidos por Ti.

Que desconfíe de mí, que confíe en Ti.

Que quiera obedecer a causa de Ti.

Que a nada me incline sino a Ti,

y sea pobre a causa de Ti.

Mírame a mí, para que te ame a Ti.

Llámame a mí, para que te vea a Ti

y eternamente goce de Ti.

Amén.

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